lunes, 10 de septiembre de 2012

Cresta Este cabecera del Osia

IXOS MONS
Pico del Cuello del Bozo (2.019 m)
Napazal (2.128 m)
Mesola (2.177 m)
Cucuruzuelo (1.990 m)
Domingo, 9 de septiembre de 2012



Estrenamos prueba. Me gusta estrenar. Presentaciones: Estamos ante la I Marcha Senderista Lizara, organizada por el Refugio de Lizara, en la cabecera del valle de Aragüés del Puerto, por Xaro concretamente, y un buen puñado de colaboradores con ganas de agradar, y lo consiguen. Partiendo del refugio, se trata de encaramarnos al cordal E del valle y tras hacer 4 altos de en torno a los dos mil metros, bajar a Jasa y Aragüés (dos únicas poblaciones del valle), y retornar al refugio ascendiendo progresivamente por deliciosos caminos de fondo de valle.

Bisaurín, con los primeros rayos de sol
Lizara, lejos y pronto, hay que madrugar, pero de camino, la menguante y perezosa luna nos acompaña, ella sí que sale cada día más tarde. Cercana y caprichosa luna, que todo desbaratas, pero fiel a caminantes, a hortelanos, a vinateros, madereros, navegantes… en fin, a todos los que confiamos en la naturaleza de tierra y cielo, donde te encuentras. También reflejo para los amantes. Un poco de todo ello tenemos, y de la locura, bendita locura, y seducción que de ti emana como buena fémina. A su alrededor, y por toda la bóveda celeste esas estrellas, esos soles lejanos, que como nosotros, al poco de arrancar la prueba, se quedan deslumbrados por el nuestro, que cercano ya al equinoccio, también va de mengua, se le va acortando el trabajo por esta parte del planeta.

Cabecera del valle de Napazal
Estas reflexiones, y alguna otra, nos van entreteniendo mientras salvamos, por el barranco de Articuso, los casi quinientos metros de desnivel hasta el collado del Bozo (2.019 m), a donde llegamos pasados de vueltas, en tres cuartos de hora, tras haber dado la salida sobre las siete. Y esto es algo que nos temíamos, porque el poner a Olga de cabeza de la marcha es lo que tiene, que si queremos seguirla, esto no va a ser una andada, sino un caco en toda regla. La prueba es que hacemos este tramo en menos de la mitad del tiempo de libro. Y pensar que hoy nos lo íbamos a tomar como un día de descanso… Resignación, y a no descuidarse. Le acompaña Felipe, otro paisano. Vaya pareja. A duras penas los alcanzamos al llegar al collado, y aquí ya vemos que hay otros dos participantes, que van a tirar endiabladamente, un señor de cierta edad, que ya nos dice que va a seguir corriendo (¡!!¿??), y Ángel, otro paisano, que dice que no corre, pero que anda deprisa. Efectivamente, deprisa, muy deprisa.


Valle de las Foyas de Aragüés
Bien. Como decimos, estamos en el collado del Bozo, que nos da vista a Napazal, la cabecera del Estarrún, que riega el valle de Aísa. Desde aquí contemplamos, entre otras cosas, el collado de la Magdalena, unido al que estamos por la GR-11.1, una variante de la GR-11, que acerca La Mina, en Oza, a Canfranc, en el valle del Aragón, y que pasa por debajo de este gran macizo que componen el Aspe, y las Llanas de la Garganta y del Bozo. Este macizo y el de Bernera, más al W, están quebrados por un solitario y recóndito valle llamado las Foyas de Aragüés, con paso al valle de los Sarrios y a la chorrota del Aspe. El sol, que viene a estrenar este nuevo día comienza a enredarse por entre las cumbres, confiriendo caprichosos juegos de luces y sombras en los valles.

Aquí da comienzo el recorrido por el cordal E de la cabecera del Osia, que junto a los valles de Ansó, Hecho, Aísa y Borau, conforman el Parque Natural de los Valles Occidentales, de reciente creación, y que viene a salvaguardar toda la extraordinaria riqueza natural de este territorio.

Cima del Napazal. Al fondo, Mesola
Seguimos con nuestra ruta. Desde aquí, con José Mª Gallego, el capo de Os Andarines d’Aragón, y coordinador del calendario anual de todas las andadas que los distintos clubes, incluso el de él, organizan a lo largo y ancho de toda la geografía aragonesa durante todo el año, y del que ya no nos vamos a separar hasta la llegada al refugio. Los dos, tratamos de seguir el ritmo de Olga y Felipe, que no es poco. Por delante, y a cada momento más lejos, los dos que se han escapado en el collado. Por detrás, y a cada momento también más lejos, el resto de participantes, en torno a unos treinta más. También llevamos, en ocasiones, al nº 1, dorsal que lleva otro participante y que va haciendo la goma con nosotros. O nosotros con él. No sé.

Por delante, pues, el pico del Cuello del Bozo (2.085 m), y Napazal (2.128 m), dos cumbres menores, con piso de tasca, y que nos dan paso al Mesola (2.177 m), cúpula calcárea cimera que se alza altiva como máximo exponente del cordal. Ocho y media de la mañana, a hora y media de haber salido del refugio. No está mal la cabalgada.

Forca, Agüerri, Bisaurín y Fetás
Desde aquí, la vista sobre todo el cordal norte es excepcional, sobre esas calizas sierras interiores del eje pirenaico, y paralelas a él, desde Collarada hasta Forca, pasando por Rigüelo, Lecherines, Aspe, Llanas de Garganta y Bozo, Bernera, Fetás, Bisaurín, Secús, Agüerris, Lenito. Todos quieren tener su protagonismo. Todos lo tienen. Nos queremos recrear como para evadirnos de lo que nos queda por delante, que es mucho todavía, y lo peor, la tremenda bajada que tenemos hasta Jasa, más de mil doscientos metros del ala. A por ellos.

El descenso al Cucuruzuelo se hace por empinadas laderas de esta sierra de la Estiba, dando cara a Napazal. Se alcanza ya esta última cota, de 1.990 metros, que nos invita a perder vertiginosamente altura, para ser engullidos por el fondo del valle, pasando primero por un avituallamiento, en la Fuen Nueva (1.770 m). Quizá este tramo sea el único un poco escaso de cintas de la prueba. El resto, muy bien. Aprovechamos las viandas, especialmente la sandía, ¡xD, cómo está de rica!

Aragüés del Puerto
Seguimos perdiendo altura por una ladera plagada de caminos bien señalizados. Loma de Cotín (1.360 m). Refugio de la Peñeta (1.260 m). Ya avistamos Aragüés y Jasa. El primero está más a mano, pero, claro, hay que ir a los dos, las almas gemelas del valle. Obligado es. Finalmente, el sendero nos deja en una pista, que al trote gorrinero nos lleva a Jasa (944 m), con una fuente en sus calles, que al estar conectada a la red, pierde nuestro interés, bueno, sólo el mío.

Bello rincón en Jasa
Preciosos rincones de una población que aún conserva ese ambiente pastoril montañés, hoy desdibujado por el sector terciario. Todavía en pie, la casa natal de Gil Berges (1834-1920), ministro durante la I República española. Si levantara la cabeza. Iglesia de la Asunción, con raíces en el S-XIII. Ermita de San Pedro, con su museo etnológico. A destacar, también, la enorme plaza, inusual en pueblos de montaña por su gran extensión. Aquí, en la plaza, los paisanos nos esperan con otro avituallamiento sólido (… y con sandía!!! Qué acierto). Buen puñado de frutos secos, regado con un buen trago de vino de Felipe, que camina con tres botas. No lo sabía. Anda que no saben estos de lo lugar. Diez y cuarto de la mañana. A tres horas y cuarto de la salida. ¿Cuánto nos quedará, tres horas largas? Veremos.

Aquí se toma el GR-15, esa senda paralela a la GR-11, eje pirenaico, pero a menor cota, para llegar a Aragüés del Puerto, a través de una deliciosa vereda entre campos, primero. Luego, puente sobre el Osia, y carretera. Y no tan deliciosa subida por una espectacular escalera de piedra para alcanzar los 970 metros de la población. No sé cuántos peldaños. O respiraba o contaba. No había opción.

Avituallamiento en Jasa
También aquí se esmeran los paisanos, ofreciendo mini bocatas de chicha. Único núcleo habitado del valle, junto con Jasa, con el que comparte no sólo mancomunidad sino características propias de localidades de montaña, con sus enormes casonas, algunas fortificadas, en pie desde el S-XVI. Iglesia de Nª Sª del Rosario, de la segunda mitad del S-XVII, edificada sobre la anterior del Salvador, que fue pasto de las llamas en un incendio que arrasó la localidad en 1601.

Pero bueno, dejemos el turismo a un lado, que nos queda todavía recorrer el valle por su fondo. Ya para empezar, lo menos agradable, asfalto, pero poco, porque dejando a nuestra derecha ese complejo de ocio de La Molina, en cinco minutos llegamos a la finca de los Jesuitas, que se queda a la izquierda. Vadear el río (en algunos momentos, río, sí), y tras subir una incómoda, pero corta trocha, meternos ya de lleno en un magnífico sendero de sotobosque que, alternando falsos llanos y fuertes pendientes, nos lleva a otro avituallamiento, justo a pie de la carretera que sube al refugio, un poco más arriba de la casa forestal de Labati. Creo que es el camino de Batestata el que hemos traído hasta aquí, que me corrijan si no. Desde el comienzo del mismo, el fuerte ritmo infringido por Olga y Felipe (más fuerte, digo) para neutralizar a Ángel, hace que me quede solo con mi tocayo, y si en algún momento aflojamos un poco, también con el nº 1.

Los Corralones
Avituallamiento, decimos, y también con sandía!!! Qué rica. Nos dicen que vamos muy bien de tiempo, y que a nuestra marcha nos quedan como tres cuartos de hora a los Corralones, y otro tanto hasta el refugio. Unos metros de asfalto en descenso, para cruzar un puente y tomar una medio pista a mano derecha. Pendiente, pedregosa, incómoda… Es que ya hace mucho calor, y se nota. Afortunadamente, se convierte en emboscado sendero, que nos lleva a los Corralones (1.300 m). Treinta y cinco minutos.

Doscientos cuarenta metros de altura nos quedan por salvar hasta el refugio. Nos tememos que va a ser brutal. Acertamos. Un poco de asfalto al principio, y luego a meterse por la senda que va a la Cueva del Oso, y sigue hasta el refugio, al que llegamos en otros treinta y cinco minutos, con una rampa final de espanto.

Por fin, el refugio.
Una menos diez. En menos de seis horas, cuando pensábamos hacerla en siete; con dos y media desde Jasa, cuando pensábamos en tres largas. Una locura. Pero contentos, muy contentos por haber visitado lugares desconocidos y por haber compartido camino y experiencias con un ilustre de los caminos y de las experiencias, con el que nos hemos metido entre pecho y espalda más de 2.800 metros de desnivel acumulado, en los 27 kilómetros de recorrido. La reflexión que nos hacemos es que si en lugar de ser Marcha Senderista, hubiera sido Carrera de Montaña, no hubiéramos llegado mucho antes, ni mucho más cansados.

¿Olga y Felipe? Ya llevan casi media hora en el refugio. No han conseguido dar caza a Ángel, aunque por muy poco. Si es que no corren, dicen, sólo andan… Con estos paisanos no hay quien pueda. Desde luego.

Buen refrescón de bajos y alerones, y a comer esa magnífica paella que nos han preparado en el refugio. A mandíbula batiente, coincidimos con los machacas de la prueba. Ángel, Olga, Felipe. Qué lujo. A ver si se nos pega algo.

La paella que compensa el esfuerzo
El sofocante calor de las últimas horas ha formado nubes de evolución, que desde la vertical del Bisaurín, rey indiscutible de este reino, van dejando caer una lluvia de tronada ante la atónita mirada de un sol que, como siempre a estas horas, entra de sur, y que comparte esta extraña, pero preciosa atmósfera. Lluvia que tanta, tantísima falta hace a estos secos montes, y a todo lo que dan cobijo, a estos resecos cauces de superficie, y a los agotados acuíferos que alimentan las agostadas fuentes. A ver si este otoño es generoso. A ver. No queremos otra cosa.

Párrafo final para agradecer al refugio, a Xaro y a su cuadrilla de voluntarios la currada que se han pegado para tener todo a punto a lo largo del recorrido, por lo pendientes que han estado del participante en todo momento, por esos avituallamientos, esas cintas en los caminos, y por esa botella de vino y esa cuña de queso que hará que, cuando les demos buen paso, nos acordemos de los momentos vividos en este extraordinario valle. Se rumorea que al año que viene, el circuito irá por el otro cordal del valle. Si es así, volveremos. Si no, quizás también.


El reportaje completo de fotos, en:




Tour de Peña Oroel

IXOS MONS
Tour de Peña Oroel
Punta Bacials (1.674 m)
Sábado, 8 de septiembre de 2012



Salida un tanto atípica, por el lugar, el recorrido, y el horario. Pero todo es bueno con tal de no perder contacto con la tierra, con el aire, con el sol. En esta ocasión se trata de, partiendo del Parador de Oroel (1.190 m), subir hasta la Cruz (1.796 m), bajar por la ermita de la Virgen de la Cueva (1.450 m), hasta el final de la pista de Ordolés (1.380 m), subir a la punta Bacials (1.674 m), y tomar el camino directo hasta la curva 13 (1.460 m), para bajar de nuevo al Parador.

La Cruz de Oroel se queda lejos
Para ello tenemos sólo tres horas, y como hemos empezado tarde comenzamos a pensar que hay que abandonar la idea de llegarnos hasta la Cruz. La subida hasta las Neveras la hacemos a piñón, ya nos saludan los árboles por oroeladictos. Unos árboles, una vegetación que clama al cielo una vuelta de agua, porque está al límite.

No es fácil subir o bajar por este camino sin encontrarte a algún conocido. En esta ocasión son Ángel y Lola, que suben a la marcheta con unos amigos. En menos de tres cuartos de hora nos presentamos en las Neveras. En estas jornadas gobernadas de nuevo por el bochorno, las calimas de mediodía invaden todo el espacio visual más lejano, abrasando, más si cabe la ya castigada vegetación, el ya castigado paisaje.

Arranque del camino a Bacials
Tomada ya la decisión de no subir a la Cruz, media hora que ganamos. Tomamos ya la vertiente sur, cuya atmósfera no es mejor que la norte, y bajamos al trote, pasando por el cruce de la ermita, para llegar a la explanada que hay al final de la pista de Ordolés. Hora y cuarto desde el Parador, y a trescientos metros de desnivel por debajo del objetivo, de la punta Bacials.

Emprendemos la subida por un camino bien definido al principio, pero que al llegar a un barranco, seco, claro, con restos de abrevaderos y refugio de ganado, se convierte en espinosa penitencia. Los erizones han invadido todo, y no sólo es que no es fácil ver la traza del sendero, sino que es una tortura el andar entre ellos. Todos estos parajes están integrados, desde no hace mucho tiempo, en el Paisaje Natural Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, y tenemos la esperanza de que poco a poco vayan limpiando y sacando los caminos, porque una vez hecho, el mantenimiento es ese, el andar por ellos.

Cumbre de Punta Bacials
Finalmente llegamos a la punta Bacials (1.674 m), y buscamos luego el hito de MP (Monte Público) que se asoma al este, a la vertiente de Navasa. Bajamos por la antecima y tomamos el camino directo que nos deja en la curva trece, justamente en el momento en el que pasan bajando Ángel, Lola y compañía de nuevo. Continuamos el descenso por la ruta normal, y en tres horas nos presentamos de nuevo en el Parador, habiendo salvado unos 1.700 metros de desnivel acumulado.

Pues eso. Otro día más. Otro día menos. Seguimos vivos.


El reportaje completo de fotos, en:


Grosín, y algo más...

ENTRENOS
Monte Santa Eugenia
Grosín (1.423 m)
Guasillo - Asieso
Viernes, 7 de Septiembre de 2012



Se empieza a acariciar la opción de participar en la subida a Oturia, dentro de dos semanas, de modo que hay que seguir entrenando. Ha vuelto el calor a nuestras vidas, aunque no es lo de días pasados naturalmente, y las mañanas ya empiezan a ser frescas. Hoy elegimos los montes, próximos a Jaca también, pero de la margen derecha del río Aragón. Pero eso sí, sin una idea muy fija del recorrido, del que se pueden hacer varias combinaciones. Sobre la marcha.

Dejamos el vehículo en la Tiña de Barrio, nombre que recibe la generosa fuente de la central, próxima al puente Oliván, o de Grallas, al que llegamos ya al trotín trotando, comenzando subiendo por la pista de Marcuello. En una de las primeras revueltas a mano izquierda, creo que la primera, hay a la derecha un cartel forestal, de los de antes, de los de siempre, de los de la ardillita recordándonos que hay que extremar las precauciones para que la vida siga siendo eso, vida. Bueno, pues ahí mismo, junto a esa ardilla, por la que no pasan los años, sale un camino que emboscado nos lleva a un barranco, seco, reseco, y lo siguiente. Subimos por la otra margen y nos encontramos ya una senda que va paralela, y por encima de un camino más ancho. Debajo de él podemos ver a sus anchas los caballos que sirven de esparcimiento al personal que por aquí se acerca a disfrutar de su monta.

Abducidos por los cables de alta tensión, pero sin despegar del suelo, incluso se pasa por debajo mismo de la torre. Vaya yuyu!!!. En seguida, arranca una estrecha senda a nuestra izquierda que nos mete ya de nuevo en el bosque, y con paciencia, con mucha paciencia, a ir subiendo ya este monte de Santa Eugenia por su falda oriental, para solventar los más de 300 metros de desnivel, que se hacen a base de vueltas y revueltas, lo que llamamos lazadas. Sí, 61 interminables lazadas, 61, son las que hay que superar para llegar a encañonar el barranco de Serés, por su parte alta ya, claro, para llegar en breves al collado del paco Serés (1.163 m), y su confluencia de caminos.

Nuestros pies ya han pensado más que nuestra cabeza y se han anticipado a enfilarse pista arriba, hacia el Grosín. Veinte minutos más de cuesta hasta llegar a otro cruce de caminos, el que va a poniente, pudiendo optar luego por bajar al sur por el barranco de Castelillo al camino que viene de Caniás, ya en la Val Ancha, o por hacerlo hacia el norte en busca de la pista que va a Borau, en el valle del Lubierre; la que desde este cruce va al norte es la que  acaricia el lomo de la sierra de los Ángeles en dirección al collado de Borau. Entre estas dos pistas está nuestro objetivo, el monte Grosín (1.423 m), al que accedemos por el camino de la solana, y qué solana.

Son las once y veinte, y tras dos horas pateando estos montes, llegamos a la cima de este pico menor, pero que debió de tener su importancia estratégica, porque se dice que había un castillo, que con el de Rapitán jalonaban los dos flancos del río Aragón a su llegada a Jaca. De todo ello quedan los restos de su aljibe. A cuatro pasos de él, está el vértice geodésico, desde donde se pueden contemplar cada uno de los 360º de panorámica, incluido el eje pirenaico al norte, claro. Bueno, claro, no mucho, porque la calima nos está depredando la vista. Habrá que asumirlo, como esto es tan grande, hay sitio para todos. Hasta para las moscas, que pegan cada bocado que ni te cuento.

Bajamos por el camino que da al este, al valle principal, en busca de la pista de la sierra de los Ángeles, con idea de volver de nuevo al cruce de caminos y al collado del paco Serés, pero… siempre que pasamos por aquí, y van unas cuantas veces, vemos a nuestra izquierda el barranco de Pichacos, y siempre nos hacemos la misma pregunta: ¿habrá algún camino para bajar por él, hasta alcanzar ese pequeño embalse? Estamos seguros de que sí, de hecho lo intentamos por algo parecido a la entrada de un sendero, y bajamos unas decenas de metros, comprobando que es difícil seguir por él, la vegetación se lo ha comido. La verdad es que no nos cae muy bien, y como nosotros tampoco a él, pues para arriba de nuevo y a seguir por la pista.

Pero no nos rendimos. En el cruce hay un arranque de pista, muy vestida también, pero pista al fin y al cabo, por la loma norte del monte de Santa Eugenia, y probamos a ver si nos baja a Pichacos, pero pronto nos damos cuenta de que no, de que no pierde altura, es más, la gana, y se dirige hacia el propio monte. Cuál es nuestra sorpresa que al momento vemos a nuestra derecha, a pocos metros abajo, la pista por la que tendríamos que haber ido de no hacer tanto ensayo. Pues a ella, y collado del paco Serés, por fin. Vuelta al monte de Asieso, para llegar a Guasillo. La pista baja por entre el monte Asieso (1.227 m) y el Alero (1.129 m). Entre ambos hay un barranco, un ancho barranco que da cobijo a restos de construcciones ganaderas. ¡Cuánta vida!

Doce y media de la mañana. Un calor sofocante nos trae a Guasillo (930 m). Capucete en la fuente, y a seguir por el camino hasta Asieso (890 m). Aquí podemos optar por tirar para abajo, carretera y senda a la central, o hacerlo para arriba, a los depósitos y parte alta del tubo. Y claro, no vas ir hacia abajo, pudiendo ir hacia arriba. Pues eso. Poca es la distancia hasta los depósitos, pero la rampa es brutal. Se continúa por un ancho camino fruto de las obras de conducción de agua, y se llega a la parte alta del tubo de la central eléctrica.

Hasta aquí llega una pista, si continuamos por ella damos bastante vuelta, de modo que optamos por bajar por las escaleras junto al tubo de la central. En torno a 250 escaleras para hacer la mitad del tubo, que está recién pintado. Seguimos bajando por la rampa, y al poco se ve a la izquierda una pequeña explanada, con manchas de pintura verde, por lo que pensamos que los obreros han tenido que llegar hasta aquí, y que por ello será cómoda. La tomamos, y nos deja en un lugar muy próximo a la fuente de la Tiña de Barrio, donde tenemos el coche. ¡Qué alegría!, nos ha salido bien la jugada. Y llegamos, digo tras cuatro horas de haber salido de aquí, y con unos 1.300 metros de desnivel acumulado en un auténtico rompepiernas a lo largo de todo el recorrido.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Tres montes y un destino

ENTRENOS
Ipas (1.120 m) - Bergosa (1.118 m)
Claraco (1.000 m) - Ipas (1.120 m)
Rapitán (1.160 m)
Viernes, 31 de agosto de 2012



Otro día echando la mañana en el monte, al trotín trotando. Esta vez por sitios otras veces recorridos unos, y muy recorridos otros, pero nunca unidos en el mismo circuito.      

Saliendo de Jaca en dirección norte, hay tres montes que nos podemos encontrar a la izquierda hidrográfica del río Aragón (derecha visual). Son el Monte Rapitán, el de Claraco y el de Bergosa. Se trata de unirlos los tres haciendo algunos bucles por collados y fondos de valle.

Afortunadamente, ya se ha retirado esa ola infernal de calor que nos asolaba estos últimos días. Tenemos viento de norte, y fresco, lo que va a aliviar la ruta. Amanecemos en Jaca en torno a 12 grados. Ideal.

Subida al Centro Comercial, luego a Ipas, superando esa pendiente y áspera zona de margas. Primer avituallamiento líquido. Continuamos pista arriba.

– Buenos días.
– Buenos días.
– A sacar las ovejas al monte, no?
– Sí. Con esta mañana tan fresca no sudarás, no.  
– Bueno, ya llevamos un rato sudando, sí.
– Claro, corriendo…

Conversación con un pastor. Eso es lo que dice, lo que no sabemos es lo que piensa. Suponemos que algo parecido a: “miá pa qué tanto correr, habiendo tol día por delante…”. Y tendría razón, claro, si fuera así, pero cada uno “gasta” el día como le parece, ¿no?

Ruinas de la ermita de la Virgen de Ipas
Bueno, una fuerte subida, en la que el trotar es una mera ilusión, cuatro pasos haciéndolo, y cuarenta no. Se pasa por el barranco que aún deja al descubierto lo que queda de la ermita de la Virgen de Ipas, cuyo templo original, del llamado románico rural, data del S XI. Luego, llegada al collado, al que fluye por la izquierda de nuestra marcha la pista por la que deberemos salir al venir de Claraco, pero para eso todavía falta lo suyo.

Una hora desde casa. Seguimos. Estamos en las faldas de poniente del monte Albarún (1.551 m). Un tramo de descenso, en el que sí aprovechamos para correr sin parar. Se pasa una valla, y a los diez minutos del collado, y señalizado por un hito de piedras, sale una discreta senda a mano izquierda, que en otros veinte minutos más nos deja en Bergosa, con las piernas llenas de arañazos de las aliagas, que campan a sus anchas. Hay que estar atentos para pillarla, porque si se te pasa, la pista va ganando y ganando altura camino de otro collado que te aúpa, dando vista al norte, hacia el Albarún, que ya hubiera estado bien haberlo incluido hoy, pero nos han parecido ya muchas guindas para tan poco pastel. Igual lo intentamos otro día.

Mudos testigos en Bergosa
Bergosa (1.118 m), decimos, pueblo deshabitado desde 1966, con la mayor parte de casas hundidas, pero sus antiguos moradores han tenido el detalle de poner en la fachada, en un lugar muy próximo a la puerta, el nombre de la misma. Así, podemos ver, Isidoro, Abadía, y unas cuantas más. Desde 1998, sus antiguos vecinos, vuelven a celebrar el 29 de noviembre la festividad de San Saturnino. La iglesia se le ha apoderado al santo, y sólo ha conseguido mantener en pie, del conjunto original del S XII, las paredes, la torre y el ábside, que no es poco. Junto a este último, que como todos los románicos, mira al este, hay un pequeño corro de tierra que abraza los restos mortales de los cuerpos allí depositados; y en los muros campan algunos huecos que como ojos vacios y resecos, muestran el arrebato y traslado de otros restos humanos. No queda ni el lacrimal. En otros puntos del pueblo, se ve algún rincón arreglado, especialmente una pardina llamada el Fraginal de Iguácel, en las eras bajas, donde aprovechamos para retrotraernos a aquellos tiempos en los que hubiera gentes en sus quehaceres cotidianos, en los que saliera humo de las chimeneas, en los que se vieran mantillas los domingos, en los que hubiera niños llenando de alboroto las calles, en los que, en definitiva, hubiera vida.

Chaminera al viento del norte
Algo parecido pasa ahora, estorban, molestan las minorías, los corpúsculos aislados. Hay una tendencia brutal y despiadada a alinear, y a alienar también, las conciencias. No gustan los personalismos, no gustan las peculiaridades, no gusta el libre pensamiento, no gustan las cabras, con su individualidad, se prefieren ovejas, rebaño, uniformidad, estamos más controlados en un único redil. Estos pensamientos nos hielan el alma; y el viento del norte, el cuerpo. Hay que marchar.

Hay que marchar, decimos, y lo hacemos tomando el sendero que, dando vista al Campo de Jaca, nos deja en el canal de abastecimiento de agua de boca, y en cuatro patadas a Puente Torrijos, Camino de Santiago, que tomamos en dirección a Jaca. Dos horas y cuarto, y en diez minutos más tomamos la pista que nos sube a Claraco (1.000 m) a través de duras rampas de nuevo. Hoy en día, Claraco no es ni la sombra de lo que fue; bueno, no es ni sombra. Hoy en día sólo son montones de piedras, resecas piedras, que no tienen ni qué llorar, lo han llorado todo; parideras arruinadas de un enclave medieval, a la espera de su puesta en valor.

Ruinas de Claraco
Abandonamos este lugar, y sus piedras, para seguir por la loma, con unas fuertes pendientes, hacia el collado de Ipas, por el que ya habíamos pasado hace dos horas. Bajada hacia Ipas, hacia el barranco de Ipas, para encaramarnos al Monte Rapitán (1.160 m) por su loma este, también por un sendero muy pedregoso y cuesta arriba, muy cuesta arriba en algún tramo, pero que al llegar al carrascal, el camino se suaviza y nos ofrece un agradable trote, que se nos hace un poco largo, pues las ganas de terminar este circuito empiezan a pesar en las piernas.

Antenas de telefonía y monstruoso edificio de apartamentos, es lo que rodea la amplia explanada que sirvió de llegada el jueves pasado para una etapa de la Vuelta Ciclista a España, en la que ganó el Purito Rodríguez. Todo ello es lo que nos recibe. Fuerte Rapitán, y descenso por el camino que han habilitado, eludiendo de ese modo las lazadas de la carretera y su asfalto, claro.


            Y poco más. Hospital. Estación de RENFE y a casa. Otra mañana de caco, más ca que co, claro, en la que hemos invertido cuatro horas en hacer en torno a 26 km,  con unos 800 metros de desnivel positivo, 1.600 acumulados, en un continuo rompe piernas. Pero bien, disfrutando.






El reportaje completo de fotos, en:


martes, 28 de agosto de 2012

Peña Oroel

ENTRENOS
Peña Oroel (1.769 m)
Lunes, 27 de agosto de 2012


De nuevo en la Cruz, pero de una forma inédita, trotando desde casa. Bueno, trotando o como se pueda, claro.

Salimos poco antes de las 9 de la mañana, que está fresca, pero que le va a durar poco. Hemos optado por subir por Barós, de modo que Puente La Lana y carretera hasta el pueblo. Repostaje en la fuente enfrente de la parroquial de San Fructuoso, románica lombarda de finales del S XI.

El camino se ablanda para meternos ya en la senda que nos lleva hasta el paraje llamado de Las Fuentes de Barós, lugar de captación de agua potable. Aquí, hay una bifurcación, por la izquierda es más bosque, más bonito, pero se aleja del Parador; por la derecha es más empinado, menos bosque, no tan bonito, pero nos acerca al objetivo. Salimos a la pista, que continuándola por la izquierda termina en la carretera, pero que antes se cruza con el camino que sube de San Salvador, y que tomamos, hasta la carretera también, pero en un punto más cercano del Parador (1.186 m), a donde llegamos a los tres cuartos de hora de salir de casa.

Camino del bosque
Continuamos ya por la senda de ascenso a la Cruz. Apenas podemos correr, pero andamos todo lo deprisa que podemos, con la ayuda de los bastones. Otros tres cuartos de hora más para alcanzar el collado, o Las Neveras (1.667 m), que también se llama, y es porque existen unos enormes foratos hechos artificialmente para la conservación de la nieve, y tener ese hielo hasta que aguantara, todo ello en la antigüedad, claro, cuando no había frigoríficos, como mucho neveras.

Otro cuarto de hora más y llegamos a la Cruz de Oroel (1.769 m). Antes de ello nos cruzamos con Fernando Val, que baja. En la cima, tiempo justo para disfrutar de la vista y echar algo al cuerpo. Vemos claramente la pista que hemos tomado al salir de la senda después de Las Fuentes de Barós, y nos planteamos el seguir por ella en dirección contraria a ver a dónde va a parar, a ver, digo, si con suerte tiene salida por el norte. Veremos.

Once de la mañana. Salimos de cumbre, y ahora sí, trotando hacemos el descenso, en media hora al Parador, no sin antes haber alcanzado a Fernando. Descansamos un poco. Llega Fernando, resistimos la tentación de que nos lleve a Jaca en su flamante vehículo. Sí, la resistimos.

Parador de Oroel
Seguimos trotando por la carretera hasta el barranco de San Salvador, que tomamos hasta la pista, que emprendemos a la derecha para dejar de reojo el camino de Las Fuentes de Barós y seguir por ella. Pronto deja de ser cuesta abajo para tornarse cuesta arriba, y cuesta arriba. Va rodeando el monte, hasta que llega a la corona, en la que hay dos o tres mesas y bancos de piedras y un mirador, que apenas puede ejercer su función por lo vestido de la vegetación. También nos encontramos un montón, pero un montón de troncos, bien ordenados, de pino, fruto entendemos de una limpia forestal, pero que si se quedan aquí, poco adelantaremos en caso de incendio. Y lo que nos encontramos también, es lo que no queríamos, es decir, la vuelta al ruedo que da la pista. No hay más descenso que volver de nuevo sobre los propios pasos.

Vuelta de nuevo hasta el barranco de San Salvador, para bajar por él, con la esperanza de que la fuente siga regalando esa fresca agua que acostumbra. Sí, lo hace, en pequeña medida, pero lo hace, y se lo agradecemos, pero mucho. A partir de aquí, bueno por la senda hasta la pista aún se va bien, pero desde el comienzo de ésta, hasta Escolapios, es un verdadero martirio, de calor, de ambiente seco, y de cansancio, sin ganas de correr, pero haciéndolo, para que se acabe antes.

Una vez en Jaca, entramos a saludar a los amigos de Aragón Aventura, y a casa. Calculamos que en torno a 26 km, con cuatro horas de caco, incluyendo unos buenos descansos, y dos mil metros de desnivel acumulado, han hecho la mañana de hoy. Una mañana distinta, pero disfrutando igualmente. 



De este viaje no hay fotos. Las que aquí aparecen son de otra ocasión.

Ibones de Sabocos y Asnos

AQUERAS MONTAÑAS
Ibón de Sabocos (1.905 m)
Ibón de Asnos (2.060 m)
Sábado, 25 de agosto de 2012


Tanto tiempo sabiendo de ella, y tanto tiempo esperando. Pues ya estamos aquí, por fin ha llegado el pateo de La Ripera, y desde luego, no nos ha defraudado, como iremos viendo.

Tras una semana de tórrido calor, en la que ni el mercurio se creía a dónde estaba llegando, tanto de día como de noche, llega el fin de semana en el que nos da un respiro. Nos dirigimos al Valle de Tena, tan cercano y tan lejano, a lo que hay que poner remedio. La ruta de hoy sale desde la estación de Panticosa, y vamos a hacer una circular, encaramándonos por La Ripera hasta acariciar visualmente parte del murallón norte de la Sierra de Tendeñera, y subir al collado de Sabocos, para descender al ibón, y volver a la estación. Es el PR HU-95.

Peña Telera
Y eso hacemos. La mañana sale más espabilada, el viento, que ha rolado de norte, se ha llevado las calimas, y nos trae unas nubes que van pincelando el lienzo azul celeste. Junto al pie de la estación pasan dos ríos, el Caldarés, que ha unificado en el Balneario de Panticosa el fluir de tantos y tantos barrancos que traen las mieles de las altas montañas; y el Bolática, que nace de la unión del Laulot y de la Ripera, en la parte final de este último valle. Y antes de abrazarse, de rendirse, al Caldarés pasan en paralelo a los pies de la terminal de la telecabina de Panticosa, por cuyo costado salimos. Y lo hacemos ya por una empinada y pedregosa senda, que pronto nos permite ir tomando altura, e ir viendo la majestuosidad de la Sierra de La Partacua, con su mayor altura, Peña Telera (2.762 m).

Termina la piedra y continúa el camino por un piso más propio de bosque, más blando, más sereno, más amigable. En menos de media hora nos presentamos ante un puente, de La Zoche, le llaman, que busca una armonía con el entorno, y que no acaba de encontrar, pero que hace su papel de pasarnos a la margen izquierda del Bolática. Tras otra cuesta, el arbolado va dando paso a los pastizales de La Selva, otrora suministradores de frescos pastos y otros productos, pero que hoy, debido a la escasa ganadería extensiva, apenas sirven de lecho para cardos y rosales silvestres. Laderas a uno y otro lado del barranco dejan al descubierto antiguas morrenas de los grandes protagonistas de estos valles hace unos miles de años, de esos glaciares que llegaban hasta las mismas puertas de Sabiñánigo.

Valle de La Ripera
Algo más de una hora llevamos andando, cuando el discurrir lógico del camino nos lleva a otro puente que de cruzarlo nos dejaría en la pista de La Ripera, pero no lo tomamos, porque todavía tenemos más sendero para disfrutar. Ya llegaremos, ya, a la pista, algo que hacemos a los veinte minutos, a través de una pequeña palanca. Ya hemos virado bruscamente hacia el sur, lo que nos da vista al esplendor de La Ripera, un valle alpino total, con esos paredones de la cara norte de la Sierra de Tendeñera, que son francamente cautivadores, se te vienen encima, conforme te vas acercando te vas sintiendo más y más pequeño ante tanta y tanta belleza que te cautiva, y que te obliga a ser muy digno de recibirla. No sé si lo conseguiremos.

Hasta aquí hemos llegado compartiendo nuestros pensamientos y sentimientos con el entorno. A partir de ahora, también con una solitaria montañera, Celia, cuyo propósito es llegar al final de este recóndito valle y volverse, y que se ve contagiada por el ambiente, por el momento, y decide terminar la circular.

Son felices
Ganado vacuno, mucho ganado vacuno, que nos ve pasar como ve pasar al tren, donde lo hay, claro, y que pastan a sus anchas por estos lugares, sin tener mucha conciencia del privilegio del que disfrutan. Seguimos subiendo por el valle, acercándonos más y más a las inmensas y verticales paredes. Extasiándonos en ello, y apenas sin darnos cuenta, la pista va languideciendo y se va convirtiendo en sendero que, girando hacia el oeste va enfilando el ascenso ya hacia el collado de El Verde, que da paso a un pequeño paraje del mismo nombre, y que de ese color le queda sólo eso, el nombre, porque no es ajeno a lo agostado que en general está todo el monte.

Vista desde el Collado de Sabocos
Este lugar es de transición, porque pronto alcanzamos el collado de Sabocos (2.083 m), el punto más alto de la travesía de hoy, al menos de momento. Ya damos vista al Valle de Tena. Al poco de bajar ya se va abriendo ante nosotros el Ibón de Sabocos (1.905 m), al que nos llegamos, y comprobamos que podemos decir con mayúsculas lo de ibón, porque no está represado, sus aguas salen pacíficas configurando el barranco de A Trabenosa. A sus pies hay un refugio, que en caso de emergencia puede venir muy bien.

Punta Faceras
Seguimos nuestra andadura, y ya nos topamos con el terminal de un telesilla, con todo lo que ello conlleva. Pero no debemos quejarnos, ya sabíamos que estamos en su terreno, aunque se puede decir que antes ha invadido el de todos. Un panel interpretativo nos dice que hemos rodeado la Punta Faceras (2.141 m). Al incorporarnos a la pista que sube desde Panticosa, vemos el desvío hacia el Ibón de Asnos (2.060 m), que está fuera de nuestra ruta, pero que no dudamos en incluirlo. Quien no lo duda tampoco es Celia, quien opta por lo contrario, bajando ya hacia la estación.

Subimos pues hasta el ibón, también libre de aprovechamientos hidroeléctricos. Hay dos chicos y una chica, que han subido en bicicleta, vaya pechugada, pero el descenso será mejor que el del caminante; sin duda. En dirección oeste se ve un collado, y una senda que lo alcanza. Se trata de Cuello Bazuelo (2.110 m), y claro, no podemos consentir el no asomarnos. Y lo hacemos, nos llegamos hasta él, y lo hacemos. Unas marmotas van anunciando nuestra llegada. Damos vista al Valle de Tena, a la altura de La Partacua. El cielo se torna amenazante, incluso nos demuestra con un pequeño goteo lo que es capaz de hacer de ahora en adelante, pero afortunadamente se queda en eso.

Vista desde Cuello Bazuelo
Teníamos la esperanza de que pudiéramos descender por ese barranco sin alejarnos demasiado de Panticosa, pero nos tememos que iríamos a dar a parar a Hoz de Jaca, por lo que desandamos el camino hasta el ibón, y con mucha resignación, ¿he dicho mucha?, comenzamos el descenso por la pista, rodeado de remontes, y lo hacemos tratando de esquivar los extremos de las lazadas, atajando por los caminos ya establecidos. Llegamos, y pasamos, por el terminal de Petrosos II, y seguimos nuestro descenso por la derecha, alcanzando el bosque y siguiendo por él, sobre un camino preparado para descenso en BTT, para descenso suicida en BTT, decimos. Las Argualas siguen en las nubes.

Finalmente, llegamos de nuevo al punto de partida. Cerca de 6 horas, para hacer los 23/24 km del recorrido más el añadido, y con más de 2.000 metros de desnivel acumulado, son el resultado de la actividad de hoy, por lugares inéditos para uno, y que teníamos ganas de que dejaran de serlo. De hecho ya no lo son. Como siempre, gracias a todos y a todo. 

Ibón de Asnos

El reportaje completo de fotos, en: