Año XV. Entrega nº 1029
«La Cima Grande, y en particular su cara norte, no sería tan hermosa ni tan fascinadora si no formara parte de la trinidad de las Tre Cime. Si estuviera sola perdería mucho. Cualquiera de ellas -incluso la Grande- sin las otras, no sería más que un enorme y triste bloque. El triunfo de la vertiente norte de las Tre Cime es el de las líneas sencillas. Las verticales paredes norte emergen del pedregal horizontal…». Gaston Rébuffat (1921-1985).
Célebre alpinista y guía de montaña francés, Rébuffat, se destacó, entre otras cosas por formar parte de la expedición que culminó con la conquista del Annapurna (8091 m) en 1950, primer ocho mil en el que pondría el pie un ser humano. Serían Maurice Herzog (1919-2012 y Louis Lachenal (1921-1955) quienes lo conseguirían, estando Lionel Terray (1921-1965) de apoyo, junto con Rébuffat, quienes tendrían que ayudar a los que se encumbraron a la décima cota más alta del planeta, en un agónico descenso.
Ya en ámbito doméstico, Rébuffat, sin ser el primero en el ascenso de ninguna de las seis grandes montañas de los Alpes, por sus caras norte: Grandes Jorases, Eiger, Cervino, Piz Badile, Petit Dru y la que se menciona en la entradilla, la Cima Grande de Lavared, sí se destacó por serlo en completarlas.
«Las verticales paredes norte emergen del pedregal horizontal…», nos decía Rébuffat en el párrafo de cabecera, y es ese pedregal el que da origen al nombre de Lavaredo, ya que, en lengua ladina, significa «lugar pedregoso». Como muchas de las recónditas y agrestes montañas, arrastran desde la antigüedad sus leyendas, y en ésta se habla de un gigante llamado Lavaredo, envuelto en frustrados amoríos.
LA RUTA
Parte del refugio de Auronzo, pero para acceder a él, desde el aparcamiento de Misurina-Genzianella (1835 m) hay que tomar una lanzadera, so pena de ascender andando los 500 metros de desnivel, algo que nos puede llevar unas dos horas, más el descenso posterior.
Al ser una de las rutas más emblemáticas de Dolomitas, es un emplazamiento que se llena con facilidad, debiendo acudir cuanto antes para obtener sitio, y esperar el menor tiempo posible para conseguir plaza en alguno de los autobuses que hacen el trayecto que, dicho sea de paso, permiten su llenado hasta que no cabe nadie más de pie en el pasillo. En nuestro caso, desde que aparcamos el vehículo hasta que nos vimos en el bus, transcurrió una hora. Pero, sin duda, merece la pena madrugar.
En un cuarto de hora nos vemos ya bajo el refugio de Auronzo (2333 m), donde da comienzo la ruta, señalizada como 101, y que lo hace por ancha pista, por la que vamos transitando cientos de personas, una imagen que no opaca la de vernos bajo estos gigantes que la naturaleza ha querido poner para nuestro deleite.
Antes de abandonar el refugio podríamos decir que comenzó su construcción en 1912, promovido por el CAI, con el apoyo del municipio de Auronzo di Cadore. En 1915, listo para su inauguración como Rifugio Logeres, tuvo que aplazarse por la explosión de la Gran Guerra, a causa de la cual quedó destruido.
En 1925, el CAI lo reconstruyó, siendo inaugurado el 2 de mayo, y rebautizado como Rifugio Principe Umberto, heredero de la casa real italiana. A partir de 1946, con la declaración de la república, fue rebautizado como Rifugio Bruno Caldart, un joven guía de montaña que falleció al caer de la Cima Piccola en 1944. Volvió a destruirse a causa de un incendio en 1955. A los dos años, reconstruido, tomó el actual nombre de Auronzo.
Al paso por la ermita de Marie Auxiliatrice, se nos abre la posibilidad de acercarnos a un mirador, que no despreciamos, confirmando lo acertado de la elección, porque se abren unos espacios que invitan a sentir un profundo agradecimiento al formar parte de ellos.
De vuelta a la pista, nos lleva hasta el refugio de Lavaredo (2344 m), donde se puede degustar la hospitalidad local o, simplemente, echar un tentempié a la sombra, teniendo ocasión también de asomarnos a los abismos que tejen estas montañas.
Merece la pena detenerse un poco en lo concerniente a este refugio que, al contrario que otros gestionados por el Club Alpino Italiano (CAI), éste es de propiedad privada, siendo gestionado en la actualidad por Daniele Vecellio. Fue el sueño de un guía de montaña y pionero en rescates, apodado Mazzetta, y de nombre Francesco Corte Coló (1926-1958), quien lo construyó e inauguró en 1955, como reza en una placa conmemorativa.
Fantaseando con las figuras de Rébuffat, Corte o de tantos otros, a los que tanto admiramos, cabalgamos a lomos del sendero que sube hacia el espolón, hasta comprobar, de nuevo, que no les llegamos ni al polvo de sus botas. En esa corta avanzadilla nos sorprende una placa conmemorativa de la visita que en 1996 realizó el Papa Juan Pablo II, en la que está inscrita la leyenda «Non abbiate paura», que viene a decir «No tengáis miedo», lema central de su pontificado.
Antes de seguir con nuestro avance, constatamos que estamos en el Parque Natural de las Tres Cimas, que forma parte del Patrimonio Mundial, declarado por la Unesco en 2009, como reconocimiento al valor paisajístico y a la importancia geomorfológica y geológica.
Continuamos por la ancha pista, de la que tomamos un pequeño desvío para auparnos a un alto y comenzar a degustar visual, mental y sentimentalmente, los impresionantes paredones que desafían lo establecido, en la cara norte.
De vuelta a la ruta, para llegar al desvío que nos sube al refugio (2450 m), que lleva el nombre de Antonio Locatelli (1895-1936), que fue un célebre aviador y héroe de guerra, además de un destacado alpinista y miembro del CAI, al que pertenece el refugio, estando gestionado por la familia de Angelo Pintossi.
Con la vista puesta en las montañas y en los lagos del Piani a nuestros pies, aprovechamos para echar un bocado, con el profundo agradecimiento de siempre cuando siente uno el privilegio de formar parte de tan magno paisaje.
Visita a la ermita de San Bernardo, por aquello de que está ahí, y regreso al refugio para dar comienzo a un largo y pronunciado descenso, ya por el 105, que da paso a otro, también largo y pronunciado ascenso, que culmina, de momento, junto a otro refugio, el de Langalm (2283 m), de propiedad y gestión privada.
Junto a él, el Col de Forcellina (2232 m), con sus dos exiguos lagos a sus pies, nos da paso a continuar el ascenso hacia el Col de Mezzo (2315 m), desde donde un cómodo descenso nos facilita la llegada al aparcamiento de los autobuses, donde damos por terminada la ruta, habiendo combinado los senderos 101 y 105.
Nos dejamos llevar hasta donde tenemos nuestro vehículo, en cuyas cercanías aprovechamos para echar un bocado y asimilar las bellezas que hemos dejado atrás, pero que mantenemos en nuestra retina y en nuestro corazón.
Aproximación:
Selva di Cadore, Cortina d’Ampezzo, lago di Misurina, aparcamiento Misurina-Genzianella:
33 km 1 h 15 min. En bus al refugio Auronzo 10 min.
Ruta:
Distancia: 10,8 km
Duración: 5 h 20 min
Desnivel acum.: 510 m D+/- (Wikiloc: 410 m D+/-)
Altitud máxima: los 2460 msnm de la forcella del Col de Lavaredo.
BIBLIOGRAFÍA
Estrellas y borrascas. Seis paredes norte. Gaston Rébuffat. Editorial R.M. (1982)
RECURSOS DIGITALES
Parque Natural de las Tres Cimas de Lavaredo
Las fotos del autor, con sus comentarios, y el track
*La publicación de la ruta y el track constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.