lunes, 12 de mayo de 2014

Peña Canciás

IXOS MONS
Peña Canciás
Sábado, 10 de mayo de 2014



            Hoy vamos a asomarnos a una de esas atalayas privilegiadas de una sierra menor del Pirineo, la Peña Canciás, que a pesar de su humilde cota (1.928 m), puede presumir de una notable prominencia (493 m), y de unas excelentes vistas sobre el gran norte.  Separa municipios, el de Sabiñánigo y el de Fiscal; separa cuencas, la del Gállego y la del Ara; separa  comarcas, la del Alto Gállego y la del Sobrarbe; y separa orientaciones, la sur y la norte. Partiendo de Laguarta, en la Guarguera, subimos por la sur, y bajamos dando un larguísimo rodeo faldeando por sus caras este y norte, hasta Borrastre, próximo a Fiscal.

Casa de Villacampa, en Laguarta
            En el arranque de esta singular carretera de la Guarguera, a los pies del Monrepós, nos incorporamos con Sara y Javier, a la comitiva de los amigos de Esbarre, para hacer en autobús los últimos kilómetros hasta Laguarta, capital de este despoblado valle de la Guarguera, perteneciente al municipio de Sabiñánigo, y cuna del insigne Pedro Villacampa y Maza de Lizana, nacido en 1776 y héroe de los Sitios de Zaragoza, que llegó a ser Capitán General de los Reales Ejércitos y senador por la provincia de Huesca. Su casa natal está enfrente de la iglesia de San Salvador. Y por cierto, en el Arrabal de Zaragoza tiene su recuerdo en forma de calle, a una manzana de la de Jorge Ibort, otro destacado personaje de la resistencia rabalera.

Dos buenas mozas puyando
            De aquí partimos en una calurosa mañana, creemos que la última antes de una vuelta de tiempo anunciada a partir de la próxima jornada. Vamos buscando el arranque del PR-HU 9, un camino de viejo que une esta población con Borrastre, en el vecino valle de Broto, junto a Fiscal, su cabecera de municipio.

      El camino va subiendo por entre erizones por descarnados tramos poco atractivos. Nos emboscamos, y en hora y media ya damos vista a nuestro objetivo, identificando también montes de la cuenca de Sabiñánigo y Jaca. Seguimos, y en cosa de media hora más nos presentamos en el llamado collado de la sierra Gallardón (1.615 m), donde nos desviamos del PR para ir subiendo hacia la cresta que se despeña hacia el norte, donde está la cima, que alcanzamos, subiendo sin contemplaciones de zigzagueo, en hora y cuarto más. En total, como tres horas y media para llegar al vértice geodésico, que marca nuestro objetivo de hoy.

Cresta cimera
            El gran norte ya va anunciando ese cambio de tiempo que se va a producir en las próximas horas, pero mientras eso ocurre, tenemos el placer y la obligación de disfrutar del momento y del lugar, y que aprovechamos para pasar lista. Sí, están todos, los que conocemos y otros muchos más que se nos escapan. Momentos únicos los de poner en contacto nuestras miradas con ellos, a través de la luz que todo lo inunda.

De nuevo en el bosque
    Fotos y más contemplación. Tentempié, para que el estómago sepa que nos acordamos de él, y para abajo. Y lo hacemos por otra ruta más al oeste que la que hemos empleado para subir. Los primeros compases son por no muy amigable terreno, de conglomerados y piedras sueltas que merecen nuestra atención, porque les gusta juguetear bajo nuestras botas. Llegamos a terreno arbolado, y abrazados un buen tramo a un barranco vamos perdiendo altura a marchas forzadas hasta llegar de nuevo a los prados que anteceden a tomar el PR, donde echamos ya un bocado en condiciones, y descansamos un rato, antes de iniciar el largo descenso hasta Borrastre.

Enormes buxos
            Por bosque mixto, de mejor ver que pisar, nuestros pasos, nuestros cientos de pasos, nuestros miles de pasos, nos van encaminando durante dos largas horas hasta una pista, ya sobre el barranco de San Juste, donde nos encontramos con el desvío a esta localidad, y que desestimamos para seguir hacia Borrastre, que alcanzamos al cabo de otra media hora más, donde nos espera el autobús, que haciendo una parada técnica en Fiscal, por no decir cervecera, nos devuelve a nuestro vehículo a los pies del Monrepós, para volver de nuevo a Jaca.

            Una muy buena jornada de monte, en muy buena compañía también, en la que nos hemos deleitado con las mieles de este sinclinal al que llaman Canciás, y que asoma en verticales paredes hacia la vega de Fiscal, en plena cuenca del Ara, con unas vistas hacia el gran norte que muchos otros quisieran. Más de 19 kilómetros en casi ocho horas de actividad, de las que más de cinco han sido en movimiento, para subir 1.300 metros de desnivel acumulado, y bajar
1.640.




¿Habéis oído hablar del duende de la Guarguera? Pues se me ha colado en la cámara de fotos casi hasta el final, tiñendo de gris una jornada que no lo ha sido. De todos modos, ahí las tenéis:


El trac, en:

jueves, 8 de mayo de 2014

En torno a la Balle Berde

IXOS MONS
Sestrales
Jueves, 1 de mayo de 2014
Ruta del Canal
Viernes, 2 de mayo de 2014
Garganta de Escuaín
Sábado, 3 de mayo de 2014
Muro de Roda
Domingo, 4 de mayo de 2014



            La Balle Berde. Sí, pocos conocen así a este entorno. Es como se denomina en belsetán al Valle de Pineta, al menos a la mayoría de él, dejando esta última acepción únicamente a lo que llaman el "cul" del valle, el circo, allí donde se reconcilian las dos vertientes de este valle sin parangón, de este valle moldeado por los hielos glaciales y que nos ha dejado al descubierto la geología que hoy conocemos, que sustenta a esta extraordinaria vegetación que tanta frescura nos ofrece a los sentidos, y que junto con los valles de Añisclo y Ordesa, es una de las tres grandes grietas que el macizo del Perdido deja a sus pies. Teniendo como base el refugio de Ronatiza, también Pineta para entendernos, hemos pasado estos cuatro días dejándonos llevar por las bondades del clima de media ladera, ya que por las alturas estaba muy bruto, y nosotros no nos tratamos con esa gente.



JUEVES 1
Buen comienzo
            Por no ir de tiro al refugio, y perder medio día, hoy lo aprovechamos para directamente meternos en la montaña. Hoy estamos la máxima expresión del grupo, somos siete, junto con Javier, Cris, Joserra, Ástrid, Sara y Rafa. Nuestro objetivo, los Sestrales, y desde San Úrbez en Añisclo, que… vaya pechugada. Úrbez, Urbicio, Urbano, según las gafas dialécticas con las que se mire, también anda el hombre un poco a caballo entre la historia y ese aura de leyendas que siempre reviste a los personajes destacados en los oscuros y convulsos años de guerras santas, batallas, conquistas y reconquistas. No vamos a escribir cosas de él que ya están escritas, valga por ejemplo el enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Urbicio, donde nos da detalle de su vida y milagros. Lo que sí queremos destacar es que su nombre está asociado a sequías y rogativas, ya que es uno de los abogados a los que acudir para pedir agua para los campos y cosechas, para la tierra en definitiva, porque se dice de él que su sensibilidad llegaba al término de hablar con la naturaleza y sus elementos, con los animales domésticos e incluso los salvajes. ¿Y quiénes somos nosotros para ponerlo en duda?

Viejo puente de San Úrbez
            Al estar la carretera en un solo sentido de circulación, dejamos los vehículos en el mirador de la Tella, colgado sobre un río Aso que se abre paso a tajo bajo enormes paredones, y desde donde vemos al norte los restos de un Sercué que quiere salir del olvido, y su Mondoto encima, que ya estaba antes que él. Enfrente, el otro bastión de esta parte del congosto de Añisclo, nuestro objetivo de hoy, los Sestrales. Un breve tramo de carretera y enseguida nos metemos al sendero que nos baja hasta los rupestres dominios de este centenario santo afincado en las montañas. Un viejo puente se deja ver desde el nuevo, y no hay que hacer muchos esfuerzos imaginativos para visualizar la actividad popular efectuada durante siglos sobre él. Hoy es día de romería, pero hasta aquí no ha llegado todavía. Veremos a nuestra vuelta.

              Se  habla mucho de los tonos ocres y marrones que nos ofrece el otoño, pero mucho menos de los verdes de la primavera, y ahora es el momento de disfrutar de ellos. Es lo que hacemos mientras nos metemos por el GR 15, diseñado sobre el viejo camino a Bestué, en el valle de al lado, camino que unía los valles de Puértolas y éste de Ballibió.  Por entre hayas y robles, bojes y aliagas vamos tomando altura con el entusiasmo de los primeros momentos.

Respirando
          En una larga y empinada pedrera nos despistamos, tomando un camino más evidente que el real, y nos lleva a emboscarnos, y que nuestras ganas de tirar y no reblar hacen que lo hagamos más y más, hasta que finalmente desistimos, bajando no sin algún tropiezo, de nuevo hasta la pedrera, donde recordamos estaba la última señal de GR vista. Efectivamente, seguimos por bosque, pero por camino. Unas duras lazadas nos permiten ganar altura, y asomarnos ya a dar vista sobre el Añisclo bajo a nuestros pies, y toda la tierra de Aínsa por encima de él. Peña Montañesa se aúpa para mirarse en el embalse de Mediano.

Trepando por Sestrales
            Disfrutando del robledal, nuestros pasos van entre medio de paredones y abismos. Hora y cuarto desde la pedrera media hasta llegar al desvío. Abandonamos el GR 15, que se dirige a Bestué, y tomamos el ramal de la izquierda, para encañonarnos en una abierta chimenea por la que trepamos hasta una faja de cómodo discurrir, y por la que nos dirigimos ya hacia nuestro objetivo. Las altivas paredes del Fraile y los Sestrales tenemos enfrente, y únicamente nos invitan a reconsiderarlo mientras echamos algo al cuerpo.

Vida que se retuerce por
salir adelante
            Son casi las cuatro de la tarde, y es la hora de haber estado aquí pero ya de bajada, una vez hecho cima, de modo que es lo que hacemos, bajar y desandar lo andado ya de tiro hasta la ermita, 700 metros más abajo. Una ermita que luce sus mejores galas porque acoge a romeros, oferentes y visitantes en general… como nosotros, que con respeto entramos para palpar de primera mano esa devoción popular que aún se profesa en este lugar, a este santo que huía de los hombres para acercarse a la naturaleza. ¿Será por eso que vivió 100 años? Día de farteras, bebidas y guiñotes… ojalá, pero me temo que así no se llega a esa edad.

            El pequeño siempre rinde cuentas al grande. El Aso lo hace al Bellós en este punto, y para verlo más de cerca, nos bajamos para hacer el llamado circuito de san Úrbez. Un pequeño desvío, próximo ya al molino de Aso, nos permite acercarnos a unas pequeñas pozas que caprichosamente ha labrado, y lo sigue haciendo este pequeño río al que vierten todos los torrentes desde Fanlo, cabecera del valle y del municipio. Nuestros desnudos pies atraviesan esa piel del agua en pos de su interior, para sentir que el flujo sanguíneo acude hacia la nuestra. Momentos.

Nos aproximamos al río Aso
            Retomamos el sendero y la subida hacia el mirador de la Tella, donde nos despedimos de Javier. De tiro ya hacia Pineta, nos paramos en el mirador que hay sobre y enfrente de Añisclo, donde claramente se ven los diálogos entre Mondoto y Sestrales, diálogos que los han hecho quebradizos, ásperos, salvajes, sí, salvajemente bellos, como el río acentuado que los une por los pies. Más momentos. Cuando salimos de la abstracción nos convertimos en tiranizados por el reloj. Más de una hora todavía hasta el refugio, al que llegamos justo a la hora de cenar, no sin antes haber dejado un vehículo en la Venta de Salinas, para la recogida de mañana.

            Con liada y todo, han sido como 15 kilómetros, en 8h 20’ de actividad, de las que 5h han sido en movimiento, para solucionar los cerca de 1.600 metros de desnivel positivo acumulado, y otro tanto negativo.




VIERNES 2
Por los puertos sigue el marrón
            El tiempo por las alturas sigue estando bruto, intratable. Seguimos por zonas más amables. Hoy, sin Javier, nuestro objetivo es llegarnos hasta Tella por el PR-HU 137, la llamada Ruta del Canal, ya que discurre por unas fajas que albergan esta obra de la ingeniería de principios del siglo pasado que es la construcción del canal del Cinca, un camino artificial de agua que la lleva desde el embalse de Pineta, a 1.150 metros de altitud, hasta las proximidades de Tella, 14 kilómetros más abajo, pero sin perder apenas desnivel, formando parte todo del entramado hidroeléctrico de Lafortunada.

PR-HU 137
            Dejamos los vehículos en el Kanguro Truchero, a pie de presa del embalse de Pineta, cuyo cemento dejamos atrás para meternos ya de lleno en un bosque que nos acoge amigablemente. Este camino se puede tomar también desde Bielsa, cuyo indicador nos encontramos, y que no hacemos caso para no perder altura, lo que nos esclaviza a deambular por senderos más cerrados y menos transitados hasta retomar el correcto, un camino no sólo ciclable, sino anunciado como una de las rutas más bellas y salvajes que se pueden realizar en BTT.

Camino por la faja
            Faja colgada entre paredones y abismos, que alberga el canal y nuestro caminar a su vera o encima, según tramos. Piedra trabajada, piedra rebajada, incluso horadada para el buen hacer de la construcción de esta obra de ingeniería, como atestiguan varios paneles a lo largo del recorrido. Un descarnado barranco media hasta llegar al llamado mirador del Pratet de la Mascarina, como a un tercio de camino hasta Tella. El sendero se alterna entre bosques y abismos, pero casi siempre del brazo del canal. Se nos abre visualmente el valle de Chistau, regado por un Cinqueta que rinde al Cinca, y amparado por unas cumbres detalladas en otro panel, el del mirador del Caixigar, porque quejigos, robles, son los que nos ofrecen toda su longevidad.

Campas próximas a Tella
            No sólo las personas, no sólo los ríos, también los caminos tienen su jerarquía, y son los pequeños los que rinden a los grandes. Llegamos a un cruce, donde el que manda es el GR 19, que cose y descose esta cuenca de la hermosa comarca del Sobrarbe. Lo seguimos un breve tramo, hasta llegar a otro cruce, donde lo dejamos con la promesa de tomarlo de vuelta. Continuamos de nuevo por el PR-HU 137, y lo hacemos ya hasta unas hermosas campas que huelen a Tella, y cuyas anchuras nos permiten ver el Portillo de Tella, ese paso que el cordal de las Tres Marías permite para ir a Bielsa por una variante del GR 19, el .1, por el que ya dejamos nuestros sudores, genios y manías en el Ultra del Sobrarbe.

Llegando a Tella, con su Portillo al fondo
            En cuatro horas y tres cuartos, incluida la emboscada innecesaria, hasta llegar al abrevadero donde nos indica la subida a Tella y la llegada a su dolmen. Optamos por esto último, y al amor de su milenaria historia nos echamos un bocado para asegurar fuerzas para el regreso. Un regreso que hacemos dándole la espalda a este enclave a casi 1.400 metros de altitud, dominando un agotado ya valle del Cinca. Un pueblo que ha resurgido de sus cenizas, siendo destino de visitas turísticas, ya que se encuentra en un lugar auténticamente privilegiado, y estando en el vórtice de leyendas de brujas y aquelarres, como se puede ver en la Casa de la Bruja, un centro de interpretación ubicado en la antigua casa de la maestra, y dedicado a la brujería, etnobotánica y en general a todos los aspectos relacionados con este apasionante tema.

GR 19, camino de Venta de Salinas
            Una lástima, pero estimamos que no hay tiempo para ello. Volvemos al abrevadero y tomamos el GR 19, que discurre por pista, hasta que dejamos que se lleve a esa variante que sube al portillo, y nos metemos por el sendero ya sin dejar el principal. Ha sido una promesa. Y en una hora de despiadado descenso por un sendero de bosque con retorcidos ejemplares de roble, nos presentamos en la carretera, un poco por encima de la entrada al valle de Chistau, donde encontramos el vehículo dejado ayer, en el que se van Rafa, Cris y Ástrid, no sin antes acercarnos a los nuestros, para ir al refugio, a donde acude Javier, que viene de mil batallas e himnos jaqueses. En el balance de hoy salen 22 km, con 6h 50’ de actividad, de las que 5h 20’ han sido en movimiento, para salvar 1.400 metros de desnivel positivo acumulados, y 1.800  negativos.





SÁBADO 3
Anamnesis en Revilla
            Ya nos gustaría empezar hoy de otro modo, pero no, el marrón sigue metido en la cabecera de Pineta, y nos dice que hasta mañana no se va. Jaime, el guarda, ya nos dijo ayer que hoy haría menos nubosidad y más viento. Lo ha clavado. Después de darle muchas vueltas, optamos por visitar las gargantas de Escuaín, otra de esas grietas, aunque menor, por las que se desangran estos macizos calizos del Perdido y compañía. Hoy estamos con Sara, Javier y Joserra, y allá vamos.

Caminos con encanto
            Una hora de coche para llegar a Revilla, donde una singular serie de bancos de piedra artificial hace un guiño a la historia para que no se olviden los nombres de las casas. Aquí comienza la historia de hoy, que termina siendo menos presuntuosa de lo previsto. Nos limitamos a adentrarnos por una faja del río Yaga para dejando por arriba los desvíos de Foratarruego y Puerto de Revilla, alcanzar el Puente de los Mallos, por el que cambiaremos de orilla, para bajar por la vertiente derecha hasta Escuaín, y luego a Revilla de nuevo.

           Bien pues, al turrón. El rey indiscutible de hoy es el Castillo Mayor, que altivo se impone a lo largo de todo el recorrido. Cruzamos el umbral del parque, y nos metemos ya de pleno derecho. Un solitario bosque, pero lleno de vida nos acompaña hasta llegar al puente de los Mallos, que une las dos orillas del Yaga a varias decenas de metros de altura, desde donde vemos bajar a su aire las aguas de Gurrundué, por el barranco del mismo nombre.

Barranco de Carcil
          Echamos un bocado y seguimos por el bosque sin apenas desnivel, y tras cruzar el barranco de Carcil, llegamos al cargadero, un claro de tasca en el que se reúne el ganado para meterlo en el transporte. Junto a ello, un cartel del parque nos indica la dirección para San Vicenda, allende cuello Viceto. La vista que se nos ofrece del circo de Gurrundué es de lo más alpino, sin tenerle envidia a cualquiera de los grandes circos que se forman en este macizo. Desde aquí una pista que pensábamos más incómoda, nos va bajando poco a poco hasta Escuaín, que poco a poco se va recuperando del duro golpe de la despoblación. Visitamos el centro de acogida del parque, donde nos advierten de que no hay puente para pasar el río y no saben si el caudal de agua lo permite. Veremos. En una rápida visita, se nos da buena cuenta de la gran vida rupícola de los alrededores. Y hacia ella vamos precisamente, hacia los miradores, donde nos recreamos, como lo hace toda la avifauna que se solaza aprovechando las térmicas.

Cruzando el Yaga
            Vuelta al pueblo para, tras un breve tramo asfaltado, tomar el GR 15 que nos deja en el río habiendo descendido casi 300 metros de desnivel. Y sí, se puede pasar, aunque a punto está de que no. A partir de aquí, sólo subir y subir para recuperar esos mismos casi 300 metros que nos permitirán llegar a Revilla, tras casi dos kilómetros de carretera.

            Y con las mismas, de nuevo a Pineta. Hoy han sido 19 km, con 7h 45’ de actividad, de las que 4h 45’ han sido en movimiento, para salvar más de 1.230 metros de desnivel positivo acumulados, y lo mismo en descenso.





DOMINGO 4
Iglesia fortificada
            Último día, primero de buen tiempo. Mientras estos dos días atrás estábamos a 8º y con frío de norte, hoy con -2º no se nota tanto, la mañana está serena, e invita a ir a por ella. Seguimos los cuatro, pero José Ramón marcha a primera hora. Con Javier y Sara decidimos ir hacia Aínsa para visitar Muro de Roda, ese enclave medieval con su conjunto religioso militar situado en lo más alto de la sierra de Gerbe. Es un lugar realmente sorprendente, y su situación le confiere unas vistas auténticamente espectaculares. A levante, la Fueva, con su capital Tierrantona; a poniente, la cuenca del cinca, ocupada en gran parte por el embalse de Mediano. Pero lo mejor está al norte, con la Peña Montañesa en primer plano, Mondoto, Sestrales y Castillo Mayor en segundo, y al fondo la inconfundible silueta de las Tres Sorores y de las Tres Marías, con el tajo del collado de Añisclo entre ellas.

Interior del conjunto
            Ya se habla de este lugar a principio del siglo XI, cuando se construyó por orden de Sancho III el Mayor para reconquistar Sobrarbe y Ribagorza desde el entonces todavía condado de Aragón. De este ruinoso conjunto, lo que mejor se mantiene en pie es su muralla y la iglesia, que bajo la advocación de Santa María, es de una sola nave, con tres grandes ábsides. Su interior está plagado de pinturas alusivas algunas de ellas a la vida de Jesús, y tumbas en el suelo, al más estilo pinatense.

Miradas
          El recinto amurallado da cabida también a varias casas, algunas en ruinas, otras lo atestiguan tan sólo unos montones de piedras. En el centro de todo ello, el cementerio, cuya extensión parece desproporcionada con el conjunto. En el exterior, y antes de llegar, tenemos otro conjunto de edificios, mucho más pequeño, que lo compone la ermita prerrománica de San Bartolomé, el ayuntamiento y la cárcel.

            Como soñar es gratis, vemos en este lugar un extraordinario conjunto restaurado, donde cada casa es habitada por un artesano que ofrece sus productos a los visitantes que por aquí se acercan, y que son informados de la historia de este antiguo condado, en uno de los edificios habilitados para tal uso.





            En total, han sido 56 km, con casi 23 horas de actividad, de las que 15 han sido en movimiento, para salvar más de 4.700 metros de desnivel positivo acumulados, y más de 5.100 de descenso, sin contar el paseo del domingo. Y eso, y mucho más es lo que ha dado de sí estos cuatro días, en los que hemos descubierto rincones que merecían ser vistos y visitados, en los que hemos disfrutado del paisaje y de los amigos, y de los que nos van a quedar muy gratos recuerdos, que se traducirán en ganas de volver.


Piedra y espacio. Historia y paisaje. (Foto de Javier).
                   

martes, 6 de mayo de 2014

Sierra de Bonés

IXOS MONS
Sierra de Bonés
Miércoles, 30 de abril de 2014



            Montes grandes, montes pequeños, todos son montes, y dignos de ser visitados. El llamado pre Pirineo está habitado por esas sierras exteriores que median entre la cordillera madre y la tierra llana. Y a una de ellas nos dirigimos hoy, en concreto a una que hace de muralla norte a la cuenca de Arguis, a la llamada sierra de Bonés.

Sierra de Gratal, al fondo
            Tras unas breves labores de potente poda en casa del amigo Javier, con un grupo de compañeros suyos de monte, nos acercamos hasta la vieja carretera del Monrepós, donde se toma la entrada del S10 del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, un sendero que nos va a llevar a ese puerto que nos desvelará el secreto de estas montañas, y que no es otro ni más ni menos que el espejo donde se miran, esa cordillera pirenaica, tan altiva, tan magnética, tan indispensable.

Corona del Rey
            Sin apenas darnos cuenta vamos tomando altura, hasta el punto de dejar baja la sierra de enfrente, la que hace muga sur de la cuenca, la de Gratal, cuya prominencia pronto asoma, que aunque pensemos que sólo vive para la Hoya, si vas subiendo te encuentras visualmente con él. Cruzamos las ruinas de unas bordas, que atestiguan viejos oficios, viejas faenas, viejos tiempos, en los que el trabajo manual presidía las economías domésticas rurales.

Pirineos, siempre Pirineos
            En seguida, nuestros pasos van por el mismo perfil de unos inusuales acantilados sureños, que obliga a ir con sumo cuidado, dando vista ya al puerto, a lo amable de la tasca, donde encontramos los restos de viejas lindes de piedra en lugares en los que se tendrían que repartir el territorio. Hoy es el territorio el que elige a las personas. Un descenso por bosque de desentendidos pinos nos entrega a una pista, junto a la que hay una más cuidada finca digna de ser enmarcada en un lienzo de sensible pintor. Como también lo serían esos trazos de azules cielos salpicados con blancas nubes que se confunden con las nieves, de grises calizas y de verdes faldas de un Pirineo que se abre a nuestra vista.

Junto a la ermita de la Magdalena
            En dos horas de tranquilo deambular llegamos a la anunciada ermita de la Magdalena, por cuyos pies discurre un todavía incipiente río Flumen, que no deja de ser una redundancia, ya que el nombre propio es una voz del viejo latín que significa precisamente el nombre común, río. Estamos muy cerca de su nacimiento, es por tanto muy, muy joven, y poco nos puede contar todavía, pero aun con todo nos apostamos en una de sus orillas para echar un bocado y alimentarnos también de todo lo que nos pueda ofrecer.

El bosque nos espera
            La mañana está soleada, pero el aire es norte, fresco. No paramos mucho. Seguimos por la pista hasta que nos encontramos en un desvío un cartel anunciador que nos invita a ir a Mesón Nuevo o a volver a Arguis sin abandonar la sierra por la que andamos. Optamos por esto último, que nos tiene que hacer llegar de nuevo a los vehículos. Pero antes de eso, seguimos disfrutando de un delicioso sendero entre el bosque, con profusión de los siempre amables bojes, hasta llegar a dar vista al abanico sur, a través de una extraordinaria atalaya. A nuestra izquierda, al fondo, el Tozal de Guara, y en primer término la sierra del Águila; enfrente la de Gratal; a nuestros pies, la cuenca del Isuela, donde sus aguas se remansan en ese pantano único en su género en Aragón cuando se construyó, allá por 1704, con 0,9 Hm3, y ampliado en 1929 hasta tres veces su capacidad. En sus orillas, al amor de estas sierras, la población de Arguis, cuya voz ya se oía en el Cartulario de San Juan de la Peña, en 1070.

            Y poco más, entre aliagas y areniscas, viendo crecer el fondo del valle, nos vamos acercando hasta los vehículos. Una buena mañana entre amigos, y en el mejor escenario posible. Más de cuatro horas, que se hubieran podido quedar en algo más de la mitad, pero sin tanto disfrute, que lo hemos hecho a lo largo de más de 10 km, y con unos 560 metros de desnivel positivo acumulados, y lo mismo de descenso.



El reportaje completo de fotos, en:

martes, 29 de abril de 2014

Atarés - Atarés

IXOS MONS
Atarés - Atarés
Sábado, 26 de abril de 2014



            Otra mañana en la que no nos apetece participar en las batallas meteorológicas de la cabecera del valle, y nos vamos de nuevo a estos montes de San Juan de la Peña. En esta ocasión vamos a hacer el bucle de Atarés a los monasterios. Para ello nos acercamos a esta histórica población, de donde salió Juan, ese mítico eremita primer morador y germen de la vida monacal de lo que luego fue el cenobio pinatense. Seguimos un poco más por la pista, para evitarnos estos cientos de metros algo inútiles, y más pensando que podemos volver chupidos d’aigua.

Antiguas bordas a pie de campo
            Dejamos el vehículo justo en el comienzo y final del bucle, que lo hacemos en sentido contra horario. Barranco del Horcal, que ya lo hemos conocido peor de lo que está ahora, que no está mal. Termina en una pista, que nos permite disfrutar a diestro y siniestro de unos campos de cereal de un verde fosforito, que da gusto verlos. Al fondo, el Cuculo, que ayer se nos resistió. Comienza a gotear, algo que evitamos con el viejo truco de ponerse el chubasquero… enseguida para.

Viejos oficios
            Siguiendo esta pista vamos hasta un puente, que si lo pasáramos estaríamos en la carretera que llega hasta Santa Cruz de la Serós, pero no lo hacemos y nos metemos hacia el sur, por la cabañera que nos deja en una urbanización, justo enfrente de la joyica de San Caprasio, en cuyos alrededores nos recreamos de su factura, datada en los años del románico lombardo, siglo XI, ya casi un milenio de ello. Un estilo que no abunda mucho por la Jacetania, más bien lo hace y con profusión por el Alto Gállego, por la zona denominada Serrablo, aunque antes todo unido como Biello Aragón.

Riachuelo del bco. Carbonera
            Tras el saludo y reconocimiento a esta cucada de ermita, lo hacemos a lo que queda del antiguo convento de Santa María, que albergaba a una comunidad de benedictinas, que terminaron en Jaca en 1555, donde aún se conserva. Tomamos el sendero que se empina hacia los conglomerados del monte. Vuelve a comenzar a llover. Volvemos a ponernos el chubasquero. Pero el truco ya se lo ha aprendido, y sigue, sigue lloviendo. Y es algo que aprovechamos para al llegar al cruce evitarnos subir a los monasterios y meternos por la izquierda, dirección ya de Atarés directamente.

Arranque desde Santa Cruz
             Por caminos de bosque, delicioso bosque, llegamos hasta la carretera. Se acabó lo bueno. Aprovechamos las trazas que marcamos el año pasado para evitar que el Ultra Trail de Cazadores de Galicia pasara por la carretera, por donde está actualmente marcado el GR 65.3.2, que es un ramal del Camino de Santiago que sale del principal en la Caseta del Municionero, junto al Gas, en la carretera de Jaca a Puente la Reina, visita los monasterios de San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós, y se vuelve a unir en Binacua.

           Tocamos tangencialmente en dos ocasiones la carretera y nos metemos definitivamente en el sendero que, primero por bosque y luego por descarnados tramos nos hace meternos por una inestable ladera para evitar un trozo donde el barranco Albor hace suyo al camino. En poco ya salimos a la pista, que nos deja en el final y comienzo del bucle, no sin antes contemplar cómo un puente puede estar paralelo al curso de un riachuelo. Pues sí, en lugar de perpendicular, paralelo. ¿Cuál de los dos se ha movido de su sitio? A saber. 

            Casi 14 kilómetros, en 4h 10’, de las que 3h 30’ en movimiento, con un desnivel acumulado positivo y negativo próximos a los 800 metros. Bueno, pues ya hemos echado la mañana.
  


El reportaje completo de fotos, en:

El trac, en:

Monte de San Salvador

IXOS MONS
Monte de San Salvador
Viernes, 25 de abril de 2014



            Días revueltos, estorbados. Después de mayear en marzo, marcea terminando abril. Pero no nos vamos a quedar en casa, que vamos a ir hacia ese mal tiempo para hacerlo compañero de viaje, y si es peor por los puertos, nos quedamos por las sierras despegadas de la cordillera, por esas sierras que cuando vienen mal dadas también se engalanan como ella, porque la toman como espejo, como modelo a imitar. Hoy nos vamos a la pareja Cuculo – San Salvador.

Sugerentes caminos
            Barranco de Carbonera, a poco más de 3 km de Santa Cruz de la Serós, en dirección a los monasterios pinatenses, nos encontramos un gran aljibe, desde donde arranca la senda, que inmediatamente se viste de bosque, como nosotros. Un bosque que le libera a la vista de emplearse en comprobar el enorme desnivel que se va subiendo, pero que a las piernas no las engaña. Enseguida se cruza un arroyo, que en su momento de gloria, se adueña del camino.

Verdes y más verdes
            Vamos subiendo por entre grandes paredes de conglomerados, y que la profusa vegetación reviste, aunque de vez en cuando nos va dejando huecos por los que nuestra mirada se recrea en la gran variedad de tonalidades verdes que tapizan las laderas de este macizo. Se alcanza el hayedo, que parece solitario. Parece, sólo parece. La empinada cuesta se retuerce imitando algunos de los grandes ejemplares y de sus ramas, que adquieren curiosas formas en busca de las alturas, en busca de la luz. Como nosotros hoy.

Retorcidas formas de
atormentadas vidas
            Se alcanza una vieja pista, y en menos de una hora desde el arranque, el collado de Eretas. Teníamos confianza de que el fuerte viento reinante, se llevara las nieblas en las que está sumergido el Cuculo, pero no es así, de modo que nos tendrá que disculpar, pero para otro rato será. Tomamos dirección sur para dirigirnos hacia San Salvador, espolón oeste del macizo de San Juan de la Peña. Sigue el bosque. El pino royo convive con las hayas, pero tiene las de perder.

           Menos de media hora media para llegar a la pista, y en cuatro pasos más, a la cima de este monte, donde se halla la ermita de San Salvador, azotada por los cuatro vientos… y alguno más. Hacemos una pequeña tregua en su interior, y regresamos sobre nuestros pasos por la pista hasta la salida del bosque, donde la abandonamos para proseguir por el sendero que acariciando la loma nos ofrece extraordinarias vistas a diestro y siniestro, a derecha e izquierda. Por el norte, la Balancha y la cordillera pirenaica; y por el sur, la Galliguera, las sierras exteriores de Guara, Riglos, Rueba…, que dan paso a la Hoya de Huesca.

Caminos por descifrar
            El sendero nos deja en la pista, ya asfaltada, pero al poco nos topamos con un tímido hito que nos hace un guiño. Le seguimos el juego, y entre erizones, zarzas y adivinanzas, vamos viendo cómo no sólo llegamos a la altura del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, sino que lo sobrepasamos. Ante la opción de volver sobre nuestros torcidos pasos, decidimos continuar con su jueguecito, a ver qué nos depara, aunque a cada momento tenemos claro que nos dirigimos hacia el mirador de Santa Teresa. Efectivamente, aquí estamos, ante las ruinas de esta vieja ermita satélite de los monasterios, cuyos dos muros paralelos se encuentran entre un vallado protector, que poco protege. Las pocas piedras que quedan en pie se asoman a los vacíos, a los espacios profundos de la solana, como cuando despedían a aquellas gentes que desde aquí continuaban con la reconquista del territorio.

Ruinas de la ermita de Sta. Teresa
            A partir de aquí, el camino se domestica bastante, llevándonos ya, en dirección contraria a la que traíamos, hasta esa enorme pradera de San Indalecio, donde se encuentra el monasterio nuevo, el centro de interpretación del Espacio Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, y un más que extenso espacio verde que hace las delicias de caminantes, ciclistas y visitantes en general.

          Por un viejo camino ganado a los conglomerados, bajamos al monasterio viejo, donde nos recreamos en hacer alguna fotografía. Y poco más, cuatro kilómetros de carretera median hasta el arranque de esta jornada en el barranco de Carbonera. Algo más de 13 han sido los kilómetros recorridos en 4h 40’, de los que 3h 30’ han sido en actividad, con más de 900 metros de desnivel acumulado positivo, y los mismos de descenso. Todo ello en una mañana con la que hemos hecho las paces en lo meteorológico, mostrándonos al final el objetivo no cumplido, pero así podemos volver otro día.





El reportaje completo de fotos, en:

El trac, en:

La Collarada cuatribarrada

A TUCAS ALBARS
La Collarada (2.886 m)
Miércoles, 23 de abril de 2014



            Tras algún intento fallido, y como no nos gusta dejar las cosas pendientes mucho tiempo, cuatro fueron los mayencos que en el señalado día de San Jorge, patrono de Aragón, auparon su imaginaria cuatribarrada a lo más alto de la comarca de La Jacetania, a lo más alto de la tierra donde comenzó la reconquista, donde comenzó la conquista de las libertades, de los fueros, donde se asentó la cultura y el arte. Ástrid, Josemari, Javier y José Ramón escribieron esta página en su particular conquista con esquís sobre el territorio vertical.

Y esto es lo que nos dijeron al volver:

Peleándose la canal cimera

            El pasado 23 de abril, un pequeño pero decidido grupo de la Sección de Montaña de Mayencos han dedicado tan insigne día de la Comunidad, Festividad de San Jorge, a conquistar el pico más alto de la Jacetania, Collarada (2.886 m).

            Aunque el objetivo era realizar la ascensión con esquís de travesía, por falta de nieve se tuvo que realizar a pie el trayecto desde el Refugio de la Espata hasta el Refugio de la Trapa.


          La mañana amaneció despejada, excepto en cumbre, en donde una niebla persistente impidió disfrutar de uno de los paisajes más espectaculares del Valle del Aragón. La ascensión fue eminentemente sobre esquís, en una nieve bien compactada, pero dócil y con buen agarre para las focas, gracias a los centímetros últimos caídos en los dos días anteriores. En el corredor de acceso al pico hubo que calzar crampones, dejando los esquís listos para un descenso de auténtico disfrute hasta el paso de los Pastores, que conecta con el Refugio de la Trapa.  



Texto de Ástrid
Fotos de los componentes