Año XV. Entrega nº 991
“La suerte de estos ríos ya estaba echada; encauzados en valles estrechos, ahondados en el espesor de la potente masa de pudingas, ya no podían desviar su curso, y a medida que la cordillera seguía elevándose, ellos debieron profundizar su cauce en el substrato exhumado, aserrando los afloramientos rocosos que iban apareciendo. El trazado sobreimpuesto o epigénico de estos ríos es indiferente a la estructura que atraviesan, y su curso no guarda ninguna relación con ella”. Lluis Solé Sabarís (1908-1985).
El prefijo geo- significa “tierra”, y los sufijos -logo/-logía “tratado” y -grafo/-grafía “descripción”, los tres de origen griego. Es algo que nos da la “geología” y la “geografía”, dos ciencias muy especializadas, pero que tienen la misma raíz, el estudio y la descripción del terreno.
Es algo que entraba en los esquemas del doctor Solé, investigador y docente de ambas materias, y que nos ofrece descripciones como la que encabeza, que quizá se pueda escapar a las mentes de legos, como el que suscribe, pero que es más fácil de entender sobre ese terreno que quería describir, y que se refiere precisamente al escenario al que hemos acudido hoy con casi una treintena de asistentes al programa “Un punto más” (UPM), de Montañeros de Aragón, de Zaragoza, en su salida inaugural por tierras del ENP Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara.
El río Flumen, al que hacía referencia el Dr. Solé, trae las esencias de la sierra de Bonés, discurriendo su adolescencia por las sierras de Guara, para calmar sus ímpetus en el embalse de Montearagón, donde se lamina para entrar de facto en la Hoya de Huesca para, más tarde, alcanzar la madurez y hacerse monegrino, entregando sus aguas al río Alcanadre, tras haber recorrido 120 km.
A diferencia de rivus, que en latín significa “arroyo”, flumen/fluvius, representa un curso más importante de agua, de modo que cuando decimos “río Flumen” no deja de ser una redundancia y, en este caso, suponemos que será por su longitud porque, al menos, hasta que se calma en el embalse no deja de ser un riachuelo, o quizá fuera flumen cuando lo bautizaran los romanos.
No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que su juventud la ha sabido labrar desde mucho antes de conocer su identidad romanizada, a través de grandes peñascos de conglomerados, de grandes moles calizas, que vigilan su discurrir desde lo alto. Con el paso del tiempo horada más en los materiales blandos, con el paso del tiempo, en consecuencia, se encuentra vigilado desde más alto.
Nominado oficialmente en el IGN como Peña Mediodía, y su cima aneja a levante como Peña el Picón, lo cierto es que es la primera, la más visual, la que acapara toda la personalidad, la que concita la mayor parte de las miradas en detrimento de la segunda y, quizá por ello, es la que se conoce como Picón de Guara, y es a la que nos dirigimos después de haber visitado uno de los mallos* del Salto de Roldán, la peña Amán.
| Carlomagno y Roldán Imagen de Huesca la Magia |
Bueno, puestos en contexto, allá vamos. La ruta de hoy es una circular, pero con tres tramos comunes, debido a juntar dos objetivos en la misma. Entre los dos barrios de la localidad de San Julián de Banzo, en el municipio oscense de Loporzano, parte una carretera local a la derecha, que tomamos, para continuar por una pista a la derecha también, y llegar finalmente al aparcamiento conocido como Doncella, o de la peña Amán, de donde los rodantes pasan el relevo a las piernas.
Pronto, unas tablillas nos indican la dirección, común de momento, a peña Amán y Picón, que nos baja al barranco de la Bal d'Onsera, dejando a un lado un viejo abrigo pastoril bajo unas curiosas formaciones de nombre “taffoni”. Tomamos altura para llegar a disociar el camino, tomando el de la izquierda, dejando el de la derecha para el retorno. Las peñas de San Miguel y Amán ya se han percatado de nuestro movimiento, pero sólo vamos a tener el privilegio de visitar una de ellas.
En poco más de una hora alcanzamos el collado del Frontón de Buesa, donde arranca el desvío para bajar al río Flumen, con la posibilidad de subir a la peña de San Miguel. Antes hemos dejado a la derecha la incipiente entrada a un sendero no muy definido, que tomaremos a la vuelta como atajo para alcanzar el segundo objetivo de la jornada.
Conforme nos vamos acercando al mallo* van saliendo a nuestro encuentro esas afloraciones rocosas típicas del conglomerado, y que vamos superando sin mayor dificultad. La desafiante cima se nos va echando encima, y hacia ella nos vamos dirigiendo, recordando otras incursiones unos, y con las expectativas de encontrarse ante un nuevo reto los otros.
Son dos resaltes los que hay que superar. El primero se consigue fácilmente siguiendo el sendero junto a la misma pared, que se rodea para subir y posicionarnos encima, en una repisa en cuyo final nos aguardan las clavijas para acceder finalmente a lo más alto. En la jerga ferratera, este paso está considerado como K3, en la escala Hüsler, que las clasifica desde K1 (la más fácil), hasta K6; como grado de escalada no pasaría de un III-.
La cantidad de gente que estamos, y el cuidado con el que hay que afrontar la trepada, especialmente para los menos expertos, hace que las maniobras, de las que están pendientes Pepe e Isaías, se dilaten como 15/20 minutos, al cabo de los cuales podemos decir que ya hemos llegado todos a la planicie de la cima, para sentir lo que ella siente, para contemplar lo que ella contempla, que no es poco, bueno, más bien, es todo, porque el panorama 360º es auténticamente apabullante.
Hacia el sur, la mirada se mece tranquilizadora, acompañando al río Flumen, hacia la Hoya de Huesca; hacia el norte, más escabroso, unas sierras que limitan la vista hacia esos Pirineos que hoy hemos abandonado para venir a los cuarteles de invierno, donde destaca el pico del Águila, nevado, el serpenteo del río, la sierra Belarra... Y en eje E-W, pues a poniente es el pico Gratal el que rasga el horizonte, con todo su patio norteño; y hacia levante, el resto de la Sierra de Guara, en la que destaca a media distancia ese segundo objetivo que parece inexpugnable, pero que, como todo ser vivo, tiene sus debilidades.
No podemos dejar de nombrar ese mallo* gemelo, la peña de San Miguel, que alberga en su cima los restos del conjunto religioso-militar de San Miguel, del siglo XI en sus orígenes, compuestos por lo que queda del castillo de Sen y del pequeño templo que lo acompaña. Está incluido en el listado de Bienes de Interés Cultural, del Patrimonio Cultural Aragonés. Escorado hacia el NE, a sus pies se encuentra otro mallo* secundario, de nombre pico del Fraile.
Pero dejemos ese bandeo visual porque, a pesar del buen día que hace, el viento que corre por aquí es frío, y hay que pensar en ir bajando, habida cuenta de lo que nos va a costar también. De modo que, tras la foto de familia de rigor, nos vamos aproximando para ir bajando más o menos en el mismo orden que hemos subido, lo que nos vuelve a costar otros 15/20 minutos, siendo más delicada la maniobra.
Reagrupados en el collado del Frontón de Buesa, continuamos repitiendo itinerario hasta el desvío que tomamos para iniciar la aproximación, por sendero precario, al siguiente objetivo. Al cabo de casi media hora llegamos a otro collado, el del Frontón Supialla, una atalaya sobre el barranco del Reguero del Águila, donde nos volvemos a agrupar y aprovechamos para echar un tentempié.
Proseguimos, y al poco convergemos con la ruta normal, que tomaremos de vuelta, iniciando desde aquí otro tramo bidireccional. Por mejor sendero ya, y a tramos por entre carrascas y otros sorteando los conglomerados, llegamos al filo de las dos de la tarde al pie de la cadena, un paso inexcusable para acceder a lo alto del Picón de Guara, que se alcanza gracias a una corta maroma. De nuevo, el paso de uno en uno ralentiza la marcha, pero siempre en aras de la seguridad.
Algún que otro resalte hay que superar para afrontar el tramo final que, aunque corto, es muy empinado y se atraganta un poco, pero el lamín de alcanzar la cumbre nos acompaña hasta la misma, que es una rallera* sobre el abismo que pausadamente, a lo largo de millones de años, ha sabido crear el río Flumen que, por cierto, hace de límite con el municipio de Nueno. Es verdaderamente impactante el asomarse y sentirse colgado sobre sus fauces a 700 metros, prácticamente en vertical.
En una anterior ocasión de llegarnos hasta aquí, prolongamos la visita a la cumbre secundaria, peña el Picón, en los mapas. Cinco horas y media desde el arranque bien se merece un momento de relax para alimentar el cuerpo y el alma. ¿Las vistas?, no difieren mucho de las de Amán, que lo vemos allá abajo, en compañía de sus congéneres. Lo que sí destaca es el Tozal de Guara tras el cercano Matapaños, bastante cargado de nieve.
Iniciamos el descenso, llegamos a la cadena, y a cruzarla con la misma precaución que antes. En hora y media desde la cima llegamos a cerrar la circular, para continuar por la ruta normal, encontrándonos otro pequeño obstáculo, nada comparado con lo ya pasado, para salir del barranco de la Cobeta, con la ayuda de una cuerda anudada para salvar el pequeño desnivel. Convergemos con la ruta de ida, y en poco ya, llegamos al punto de arranque de este espectacular circuito.
Una ruta variada, a la que le hemos dedicado 8 horas y 40 minutos, para recorrer una distancia de 12,5 km, salvando un desnivel acumulado de 1145 m D+/- (Wikiloc: 1010 m D+/-), alcanzando la altitud máxima en los 1418 msnm del Picón de Guara.
GLOSARIO
*Mallo: Pináculo rocoso formado por conglomerados
*Rallera: Cresta rocosa, generalmente caliza
BIBLIOGRAFÍA
La Sierra de Guara. Cayetano Enríquez de Salamanca. El autor (1982)
RECURSOS DIGITALES
Las fotos del autor, con sus comentarios, el álbum del club y el track
*Especial atención a las clavijas para acceder a la peña Amán y a la cadena para hacerlo al Picón.
*Recomendable uso de casco.
*La publicación de la ruta, así como del track, constituyen únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.