lunes, 24 de febrero de 2025

El Maz, al que también llaman Txamantxoia

Año XIV. Entrega nº 925




MONS CON NIEU
Maz (1941 m)
Domingo, 23 de febrero de 2025

            Érase que se era, que una expedición compuesta por seis miembros tiene por objetivo abrir una ruta invernal a una montaña que sólo había sido ascendida en verano. Tras hacer juntos la aproximación al campo base, lugar destinado a reponer fuerzas y establecer la estrategia para acometer el asalto final, uno de los miembros, ajeno a dichos cometidos, toma la iniciativa y se dispone al empeño decidido de ir subiendo montaña arriba ante el asombro del resto del grupo, que se queda descolocado ante tal irrefrenable impulso.



            Ante la parálisis en la que se ha visto sumido el grupo, no le queda más opción que tratar de seguirlo visualmente y esperar a su regreso, todo ello en la confianza de que no se le ocurra bajar por otras rutas, ya exploradas, por vertientes más amables. Aunque bien es cierto que, en el ínterin, durante la larga espera, se barajan otras opciones que, de momento, no se ponen en práctica.



            Al cabo del tiempo, el intrépido y audaz expedicionario, un veterano alpinista bregado en mil batallas, da muestras de vida en lo alto de la montaña, iniciando seguidamente su descenso, que calma la inquietud del grupo al ir siguiendo su trayectoria.



            Una vez reunido el grupo, y viendo que siguen abiertas las opciones de hacer cumbre, ora como grupo, ora como cordada de algunos miembros, se recurre a una de las consideradas en los largos momentos de espera, que es la de vadear la montaña por su cara norte, por una larga pala de nieve dura, con una peligrosa combinación entre pendiente y dureza de la capa que, tras una incursión, esa combinación incrementa la percepción de riesgo, lo que añadido a ignorar el estado del resto del itinerario, pone en alerta al grupo, volviendo sobre sus propios pasos.




            De nuevo en el campo base, y a punto de la inanición, se impone restablecer fuerzas y replantearse la expedición, considerando una nueva incursión a esta montaña en un futuro, que seguro nos dará una nueva oportunidad. Pero cuando lo que parecía ser la humilde asunción de la situación hay dos miembros del equipo que confían en sus fuerzas para acometer el ascenso, de modo que, renunciando a la inmediata reposición de alimentos, forman cordada para intentar el asalto a cumbre por improvisado itinerario, que se va valorando paso a paso hasta alcanzar el punto álgido de la montaña, cuya breve estancia es sumamente placentera, no sólo por la gesta en sí, sino por ver el resto del mundo a sus pies, con la mente puesta en los sufridos y pacientes miembros del grupo que, por segunda vez, esperan y esperan.



            Con sumo cuidado, inician el descenso al campo base, donde son recibidos por el grupo, que abandona el lugar en buena armonía, hasta el término de la expedición, dando así por concluida esta aventura un tanto alejada de la ortodoxia alpina pero que, aunque ha aupado sólo a la mitad del grupo a la cima de la montaña, es todo el grupo el que ha culminado con éxito la expedición.



            Este relato, extraído de la imaginación, e inspirado en la prolija literatura de montaña, podría asemejarse a cualquier otro que haya sucedido realmente en los albores de las conquistas de las más altas montañas del planeta. Es el que le ha evocado a un junta letras, como el que suscribe, salvando las distancias de espacio y tiempo y, por supuesto, con muchísima menos épica, a lo largo de la experiencia de una nueva incursión a ese espacio que tanto adoramos, como son las montañas y lo que representan.



            Estamos hablando de una montaña con nombre corto cuando se asoma a Aragón, y largo cuando lo hace a Navarra, aunque eso son cosas nuestras, porque ella vive feliz en su mundo, vive feliz sin tanto apego, vive feliz viendo cómo gentes de buena voluntad se acercan a ella… vive feliz.



            Hablamos del Maz, cuya cima güega* con Navarra, donde es conocido como Txamantxoia. Es el objetivo marcado para hoy, con tal fin nos dirigimos al Parque Natural de los Valles Occidentales, atravesando el valle de Ansó, hasta llegar a su último rincón civilizado, que es el refugio de Linza, en el Plano de la Casa. Unas decenas de metros antes de llegar al mismo, frente al aparcamiento, nos adentramos en el hayedo, los primeros pasos sin sendero, pero con una tablilla a la vista que ya nos indica nuestra ruta, señalizada con la traza bicolor del parque.




            El tránsito por el bosque de las desnudas hayas nos ofrece una lección más de ese Gran Libro de la Naturaleza Viviente, en uno de sus capítulos más instructivos, en el que nos da a entender la gran sabiduría del mundo natural en el uso eficiente de sus recursos: cuando no necesitan un elemento, se desprenden de él, pero lo hacen poco a poco, mostrándonos esa transformación cromática que se lleva a cabo en esos órganos que, lejos de ser ya improductivos, pasan a formar parte de otro ciclo natural en el suelo.





            Un suelo que constituye una cómoda alfombra y que ahora pisamos con gran respeto a lo largo de una hora, hasta abandonar este mágico hayedo, en el que se intercala algún enorme y robusto ejemplar de abeto, que le da el contrapunto de color.







            Salimos del bosque, y a lo que el sendero se va dirigiendo hacia la cara norte para iniciar el verdadero ascenso, vemos, como preveíamos, que el camino hiberna bajo una capa ya continua de nieve. A partir de aquí no vamos a replicar lo narrado en los primeros párrafos, a los que, si le quitamos épica… y mucha, nos da una idea certera de lo ocurrido en las siguientes dos horas y media.













Ezcaurri y Abizondo

Sierra de Alano

Bisaurín

Mesa de los Tres Reyes, Table, Mouscaté, Petrachema, Sobarcal, Mallo de Acherito, Chinebral de Gamueta...

Plano de la Casa, con el refugio de Linza

Mesa de los Tres Reyes






            De nuevo al bosque para bajar hasta los vehículos, dando así por terminada esta poco ortodoxa incursión a una montaña que hoy nos ha tratado de forma diferente a cada uno. Y esa ortodoxia se ve reflejada en los datos, porque hemos tardado 6 horas en hacer 5,6 km y 675 m D+/- de desnivel acumulado, alcanzando algunos, y por ende, el grupo, la altitud de los 1941 msnm del Maz.



GLOSARIO

Güega = Muga, frontera


Texto confeccionado consultando diversos recursos.

Web:

Parque Natural de los Valles Occidentales  

Refugio de Linza  

Mendikat 

Wikipedia  

Wikiloc  

Facebook 

RAE 

Fundeu 

IGN 

Hijo de la Tierra 




Las fotos, con sus comentarios

El track no se publica debido a las distintas opciones iniciadas y el haber hecho cumbre por un itinerario no aconsejable


Nota: La publicación de la ruta constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.














 

jueves, 20 de febrero de 2025

Refugio de Larry, por la Commune d'Urdos

 Año XIV. Entrega nº 924


MONS CON NIEU
Refugio de Larry (1746 m)
Domingo, 16 de febrero de 2025

            El aristócrata francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), no sería admitido en la escuela naval, cambiando el medio acuático por el aéreo, para hacerse piloto de aviación al hacer el servicio militar. Pero la faceta que nos interesa de él es la de escritor, de hecho, se haría famoso por su obra: Le petit prince (1943). El Principito, considerado el libro escrito en francés más leído y con más traducciones de la historia, unos 250 idiomas, entre ellos, el braille. De esa obra extraemos la cita que nos sirve hoy de entradilla: “On ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel est invisible pour les yeux”.


Antoine de Saint-Exupéry y el personaje de El Principito (Somos hermanos)

            Sí, estamos de acuerdo en ello, porque ese “Sólo vemos claramente con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, es lo que experimentamos cada vez que salimos a la montaña, o más certeramente dicho, cada vez que entramos en ellas, porque son las que nos acogen. Naturalmente que es la visión el instrumento físico utilizado, pero siempre filtrado por el corazón, siempre filtrado por nuestros sentimientos, esos resortes del alma que se remueven cada vez que estamos en ellas, que las sentimos cerca, que las sentimos dentro… que las sentimos.



            En esta ocasión, vamos en busca de alimentar esos sentimientos a unas montañas al otro lado de la raya que algunos seres humanos han trazado, creyendo que son suyas esas montañas, pero no lo son, porque son suyas y muy suyas, como mucho de quien las cuida, de quien las contempla, de quien las admira, de quien las ama, en definitiva. Hoy cruzamos el puerto de Somport para continuar por la N-134 que vertebra el valle d’Aspe. A unos 2,8 km antes de llegar a Urdos, el primer pueblo en territorio francés, se toma una pista a mano derecha, que se recorre como unos 2,4 km para dejar los vehículos.



            Nos encontramos una numerosa cuadrilla de cazadores dispuestos a disfrutar, a su modo, de la montaña. Como nosotros, ellos tienen sus razones, pero cuando ves que las llevan colgadas al hombro, hay que replantearse la ruta, y es lo que hacemos. Nos cuentan por dónde van a ir y a qué hora van a terminar. La ruta que llevan, de comienzo, coincide con la nuestra, y a las dos terminan. La idea era hacer una circular en sentido levógiro, de modo que se decide hacerla al revés, pensando, además, que a esa hora aún no habremos llegado a donde estén ellos. 



            Pues dicho y hecho, la emprendemos pista arriba, para dejarla al cabo de una hora, y tomar una trocha a la izquierda, que se va empinando al tiempo que nos hace intimar con el hayedo. Se sale al praderío intuyendo la senda, porque ya vamos intercalando nuestros pasos por la nieve, que, poco a poco, va siendo ya ininterrumpido nuestro pisar por ella.











            Al pasar cerca de la cabane de Gouetsoule hay quien tiene curiosidad por visitarla. Mientras, el resto vamos siguiendo poco a poco, hasta reagruparnos en el collado homónimo que, con sus 1846 msnm es la mayor cota de la ruta. La nieve es dura, por lo que transitamos con comodidad. Sólo nos queda perder unos 100 metros de desnivel para llegar al recinto pastoril de Larry, que ya vamos teniendo a la vista.



Belonseiche, Benou y Arnousse


(Imagen de Carlos)

(Imagen de Carlos)


            Tan corto como potente este nombre de Larry, que da apellido a un circo que lo tiene todo, su montaña (Soum de Hourquette), su collado, su barranco, su refugio… todo de una familia que convive en armonía. Tres horas y media hasta aquí, lo que se presta para echar un bocado y hacer un descanso en una de las cabañas del recinto, acondicionada como refugio de montaña, junto a una buena fuente.




            El retorno lo hacemos abrazados a uno de los miembros de la familia, el barranco, que acompañamos por su derecha, a tramos de la mano, y otros más alejados, por el hayedo. Cruzamos el barranco de Yerre, con poco caudal, y nos encontramos que el camino principal se dirige al pueblo, por lo que hay que tomar el que baja a la izquierda, y que nos lleva ya al principal, al de Larry que, éste sí, éste baja con el suficiente como para hacernos descalzar o pasar por encima de las aguas, sin conseguirlo, claro.










            Por una plácida trocha, por la que íbamos a iniciar la ruta, en diez minutos llegamos ya al punto de partida, habiendo invertido 6 horas y 10 minutos para recorrer una distancia de 10,6 km, y salvar un desnivel de entorno a los 730 m (810 m D+/- Wikiloc), habiendo superado la cota de los 1846 msnm del col de Gouetsoule, en una mañana con buen ambiente en todos los sentidos.


(Imagen de Carlos)

Texto confeccionado consultando diversos recursos.

Web:

Somos hermanos 

Wikipedia  

Wikiloc   

Facebook 

RAE 

Fundeu 

IGN 

Geamap Francia 

Hijo de la Tierra 




Las fotos, con sus comentarios, y el track


Nota: Ruta de invierno, por lo que no se garantiza el haber seguido los senderos.
Nota: La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.