sábado, 26 de marzo de 2016

Ferrata Sorrosal, la magia del agua

VÍAS FERRATAS
Sorrosal
Sábado, 26 de marzo de 2016


            Uno de los mayores placeres que se pueden sentir en el mundo natural, es el de ver el espectáculo del agua de una cascada precipitarse al vacío. El agua, esotéricamente vinculada con los sentimientos, ejerce un especial atractivo sobre el alma humana. La mente se evade a lugares insospechados, y el corazón repiquetea en nuestro interior como queriendo formar parte de la escena. Y más cuanta más agua baja, como hoy ha sido el caso. Anticlinales y sinclinales, retorcidos estratos que atestiguan tiempos convulsos, sólo remunerados con el acompasado rugir del agua entre ellos, que deja una estela de millones de gotas al aire, que combinadas con la luz del sol, nos deja ese iris en el ambiente que aporta más magia al momento.


Bienvenida antes de entrar en el barranco
            Hoy ha sido uno de esos días excepcionales en los que el gran caudal del barranco de Sorrosal, combinado con la pureza del aire, ha hecho motivo de verdadero disfrute. Y hoy, ha sido una de esas ocasiones en las que hemos podido constatar que lo menos preparado, lo más inesperado, suele salir lo mejor. De la invitación de una mano amiga, volvemos a esta vía ferrata porque le pillamos cariño cuando la hicimos por primera vez. Fue un verdadero flechazo, un amor a primera vista. Su espectacularidad juguetea con tus sentimientos haciendo más liviano el vertical ascenso en casi todo el tramo, ayudado por cadenas, escalas y clavijas, siempre asegurado por la sirga.

En plena progresión
            Verticalidad que se pone de manifiesto en las últimas escaleras antes de dejarte engullir en esa boca túnel que te transporta a otro lugar. Te saca del gran espacio para incorporarte a las mismas tripas del barranco, de un barranco estrecho, alegre, jugoso, que a través de la sola ayuda de tres sirgas cambiamos de margen, para continuar arrastrándonos verticalmente y desafiando la ley de la gravedad, en contra de la marcha del agua, hasta salir a un espacio distinto, sorprendente, en el que por un momento, breve momento, las aguas se calman para coger más fuerza en sus prisas por llegar a fundirse con el Ara que trae sus esencias del mismísimo corazón del Pirineo.

Disfrutando por las fajas
            La salida del estrecho, umbrío y húmedo barranco y la llegada a ese remanso de paz invita a detenernos para contemplar y meditar sobre todo ello. Pero hay que seguir, porque no hemos terminado. Una gruesa maroma nos invita a adentrarnos en un corto tramo de bojes, al cabo del cual de nuevo la verticalidad. Un breve paso por bosque mixto de pino y carrasca media para salir a unas amables fajas que horizontalmente recorremos sin perder de vista el inmenso patio que tenemos. Al ir apartándonos de la impresionante cascada, vamos tomando perspectiva sobre la misma y sobre el itinerario que hemos ido siguiendo para ganárnosla.


            Bien, todo se acaba, y esto también. De nuevo en terreno de bosque, tenemos la oportunidad de volver a asomarnos hacia el ancho barranco, que se hace uno con el valle. Ya sólo nos queda seguir el sendero para bajar al pueblo. Algo más de dos horas de auténtico disfrute vertical, abrazados a la cascada primero, y al barranco después, seguido del transcurrir por las fajas hasta alcanzar el bosque. Una jornada de auténtico lujo en un extraordinario lugar y en buena compañía.





martes, 22 de marzo de 2016

El Chino Chano con el 60º aniversario del CP Mayencos

RAQUETAS
Ibón de Estanés
Lunes, 21 de marzo de 2016



          Los lugares hacen a las criaturas. Pero también al contrario. Las criaturas hacen los lugares. Un simple juego de palabras para poner de manifiesto que las aparentemente inertes montañas y valles, no lo son si sabemos apreciar los elementos que las animan. Y esa es la magia, la capacidad de transformar las cosas, la capacidad de transformar los seres. La capacidad de sentirse parte de este entorno que tras las últimas nieves luce sus mejores galas. Montañas blancas, redondeadas. Entorno del ibón de Estanés, enclavado en el corazón del Parque Natural de los Valles Occidentales, en el término de Ansó. Sin duda un buen lugar, un buen itinerario para un nuevo capítulo de Chino Chano.

En marcha hacia el gran plató
            El ibón de Estanés está en una encrucijada de caminos. A él se puede acceder por muchos lugares, hemos contado hasta seis, pero no nos sorprendería que hubiera más. Uno de esos itinerarios, quizá el más corto, es el que parte del aparcamiento de Sansanet, en la parte francesa del puerto de Somport, donde nos recibe un bosque un poco despistado, que después de haber movido hace ya algunas semanas debido al bonancible tiempo, estas últimas nevadas le han recordado que aunque hayamos pasado ya el equinoccio, todavía tiene que esperar para explotar. Pero ahí está todo paciente en espera de ese momento.

Silencio, se rueda
            Este camino hasta el ibón, discurre la mitad por territorio galo, que coincide con el bosque, y es donde se salva la mayor parte del desnivel. Al salir de él, una inmensidad nos espera, el campo visual se amplía con creces para abarcar todos los montes que lo circundan. Lugar ideal para comenzar a grabar. A pocas decenas de metros de la muga entramos a formar parte del GR 11, que en esta etapa une Oza con Candanchú, pero que un tramo pasa por territorio francés, y con el nuevo proyecto de Sendero Turístico de Aragón, estamos en darle una solución.

El Chino Chano con Mayencos
            En este singular entorno, bajo el Puntal del Tacho, se realiza el encuentro con el presentador del programa, y es donde se desliza el CP Mayencos con su 60º aniversario. En la distendida conversación se mezcla el club con las montañas, la seguridad con los senderos, las actividades pasadas con las futuras… y sobre todo con la memoria, honrando a los que nos han precedido y han hecho que el club llegue hasta donde ha llegado, a ser uno de los más veteranos e importantes de Aragón, teniendo entre sus filas grandes deportistas, algunos mundialmente reconocidos, de todas las disciplinas que en él tienen cabida.

        No os lo perdáis, próximamente en vuestras pantallas. Con el Chino Chano,  al que agradecemos que nos haya dejado asomarnos a su ventana, cumplimos un hito más en la difusión de éste nuestro gran aniversario, cumpliendo sesenta años de singladura, de cada vez más viva singladura acercando el deporte a las gentes de Jaca y visitantes, por estos incomparables escenarios pirenaicos.
  



domingo, 13 de marzo de 2016

Puy Moné, y su cordal

IXOS MONS
Puy Moné (1.302 m)
Domingo, 13 de marzo de 2016


        Al sur de la Sierra de Santo Domingo, y mediando entre ella unos barrancos en los que la vida silvestre vive muy cómodamente, aupada en terrenos de conglomerados, que delatan un pasado fluvial, se encuentra otra sierra más modesta, más humilde, más callada, pero con vocación de agradar, con vocación de gustar, con vocación de mostrarte todos sus encantos, los propios y los que ella también contempla desde su privilegiada atalaya. Abrazada por los dos Arbas, tras rebosar la reconquista las líneas pirenaicas, hace más de mil años ya, comenzando a extenderse cual mancha de aceite en pos de la tierra llana, aún le quedó algún escollo para llegar a ella. Tierras duras, agrestes, tierras de transición, que hoy se quieren reconciliar con el visitante para ofrecerle lo mejor de ella, sus pacos, sus solanas, pinares, hayedos, robledales, bojes, acebos... y unas vistas inmejorables sobre el Gran Norte. Hoy, con Antonio, del CM Fañanás, perfecto conocedor de estos montes y con vocación también de darlos a conocer, hemos hecho una bonita circular, desde Luesia hasta el Puy Moné, pateando todo su cordal.


Fuente Isicar
           Luesia. Diez de la mañana. Siete grados. Mañana serena, fresca, despejada, valiente. Esto promete. Partimos andando desde la misma villa, para degustar del encanto de sus calles y casas, conformadas en torno a su milenario ya castillo. Salimos por la parte norte para encaramarnos ya de arranque por una senda que se aúpa a base de escalones, que gozan de los hielos matinales, por cierto. Una senda que no para de subir para mirar por encima del hombro al barranco de la Val. Vamos en pos de la ruta botánica, que se adentra por bosque de pino prestado, en el que empieza a dominar la carrasca, que tanta paz transmite.


Caminos de blanco satén
            En cuarenta minutos, llegamos a un claro en el que habita la fuente Isicar, que apenas lagrimea arremolinada entre elementos viejos y nuevos no en muy buena armonía. Entramos de nuevo en el bosque, por una senda que se deja querer, y que en poco ya comienza a albergar nieve. Otra media hora larga y dejamos el sendero para tomar otro a mano derecha, que nos introduce en el Fayar de Gozapano, donde la magia se viste de haya, y te envuelve y te envuelve, dándote pocas opciones más sobre el auténtico disfrute de andar entre ellas, así como de los gigantes acebos que conforman el llamado “esconjuradero de las brujas”.

El Pirineo aparece de golpe
            El sendero nos deja en la pista, que nos conduce al collado de las Neveras, un verdadero cruce de caminos, en el que nos detenemos porque hay varios puntos de atención. Plagado de indicadores, vemos que estamos en la Senda Correo, llamada así por su tránsito en la antigüedad desde Luesia hasta Biel. Nos encontramos también el GR 1, o Sendero Histórico, al que nos abrazamos, y al que le preguntamos, sin recibir respuesta, si va o viene de Biel a Petilla de Aragón. Y cuando terminamos de mirar en corto nos apercibimos de que estamos en un lugar dando vista ya a los montes pirenaicos, vestidos de novia por las últimas y recientes nevadas. La calima del ambiente nos presenta una imagen en el degradé de los muchos horizontes que se perfilan, destacando los unos sobre los otros. Aunque lo que destaca de veras es la Sierra de Santo Domingo, que pide a gritos su protagonismo visual.

Pirineo Occidental coronando las Peñas de Santo Domingo
            Aupados ya al cordal, pasamos por las Ripas Altas, cuyas faldas hacia el norte dejan al descubierto unos enormes y descarnados barrancos protagonizados por conglomerados, que dan una idea de las vueltas geológicas que ha dado el terreno. Sin quitarnos esos bellos paisajes de encima, y en un franco ascender, llegamos al Puy Fonguera, que con su topónimo vinculado a los hongos, alberga una mesa orientadora, y es porque la primera línea del Santo Domingo deja entrever a su poniente todo el Pirineo Occidental, particularmente desde el Ezkaurre, Peña Forca, Lenito, Peña Valencia, Agüerri, Bisaurín, Fetás, Bernera, Llenas de Bozo y Garganta, Aspe, Tortiellas y Collarada, habiendo dejado asomarse a lo más alto del Midi d’Ossau. Todo ello como puntillas blancas por encima de las Peñas del Santo Domingo, una auténtica sierra que entre sus dientes permeabiliza el paso norte-sur, como lo viene haciendo desde que el ser humano habita y transita por estos territorios.

Panel orientador en el Puy Fonguera
            Dejamos al GR 1 que vaya a sus quehaceres, y seguimos lomeando. Pasamos por el Puy del Cabo Bal, que con sus 1.312 metros es el punto más elevado de esta sierra, aunque al igual que el anterior, no tiene el carisma de la siguiente cima, la menor de las tres, pero indudablemente en la que se fijan todas las miradas, el Puy Moné, de 1.302 metros, que alberga una caseta saturada de antenas y placas solares a juego, y que en una loma contigua, alcanzamos tras bajar una pequeña vaguada y volver a subir hasta su cumbre.

Desvío para el Val de Aragüés
            Compartimos cima con los airados cierzos que reinan por estas alturas. También con infinitos espacios abiertos a los cuatro costados. Breve parada para echar una fruta al cuerpo y tras las siempre interesantes indicaciones de Antonio, comenzamos el regreso pellizcando otra loma distinta a la de subida, para entrar en el Bal de Aragüés, y tras un tramo de más incómodo pisar, alcanzar el llamado Plano Alto, donde unas decenas de vacas nos ven pasar con la mayor de las indiferencias. Aquí tomamos la pista, que ya no abandonaremos, tras pasar por el campo de fútbol, hasta la entrada al pueblo, donde inhiesto nos aguarda ese robusto torreón del castillo que seguro ha vivido tiempos mejores.

            En total, 16,5 km, recorridos en un tiempo total de 4h 55’, del que 3h 50’ ha sido en movimiento, para ascender del orden de 875 m D+, en una mañana súper en la que nos hemos adentrado en las entrañas de estos montes, en buena compañía.
  




miércoles, 2 de marzo de 2016

Collado del Tío Francisco, en Algairén

IXOS MONS
Collado del Tío Francisco
(1.034 m), en Algairén
Miércoles, 2 de marzo de 2016


            Al norte del Sistema Ibérico, perteneciente a él, pero con entidad propia, se extiende la Sierra de Algairén. Podríamos decir que hace de nexo entre él y el llamado Somontano Ibérico, que entre otras tierras alberga esas tan codiciadas del Campo de Cariñena, donde el agua se convierte en vino, con el permiso del sol y de las piedras. Todo eso al sur, pero al norte se encuentra la localidad de Alpartir, a pocos kilómetros de La Almunia de Dª Godina, capital de la comarca de Valdejalón.

Señalización al comienzo
            Por Alpartir pasa el río del mismo nombre. Río que como Tiernas nace en esta sierra y desemboca en el Jalón. Por el Valle de Alpartir o de Tiernas nos adentramos desde la población, haciendo el primer tramo en vehículo. El camino está razonablemente bien transitable, aunque deja ver los destrozos de las últimas grandes avenidas en marzo pasado, que obligó a cambiar los itinerarios en el Día Nacional del Senderista FEDME, organizado por la FAM, quien delegó en Os Andarines d’Aragón, con la colaboración de la Asociación La Butrera.

          A unos 6 km llega a su término la pista, en el lugar llamado la Erilla. Hemos venido junto al barranco, y cruzado varias veces, y hemos sido testigos de la cantidad de terreno otrora cultivado y hoy abandonado, según nos cuenta Luis Berdejo, de la citada asociación, que hoy nos acompaña.


Primeros compases del sendero
            Tomamos el PR-Z 15, que une Alpartir con Cosuenda, y que recorreremos hasta el collado del Tío Francisco, que con sus 1.034 metros es su máxima expresión. Entre tanto llegamos, vamos disfrutando del entorno. Un entorno que invita a formar parte de él, porque recuerda el significado en árabe del término Al-Partir, “regalo”. Y verdaderamente lo es, y así está reconocido internacionalmente. Nos metemos por el Valle de Tiernas, que forma parte de un Espacio Natural Protegido bajo la categoría de LIC (Lugar de Interés Comunitario), integrado en la Red Natura 2000, que engloba los espacios naturales más singulares de Europa.

            El abandono de los cultivos a lo largo del río ha propiciado que la espesa vegetación vaya reclamando su espacio, haciendo muy difícil salirse del sendero Un sendero perfectamente definido, de cómodo pisar y que invita a no perder detalle visual de los alrededores. La profusión de pinos, carrascas, enebros, nogales, fresnos, serbales, arces, acebos, rusco, jara, hiedras, musgo y líquenes, verdaderos testigos de las buenas condiciones medioambientales mantenidas en este ecosistema, es realmente prodigiosa.


Peña Mala
            Pasamos junto a la casa de José Mª Benedí, en otro tiempo cuidada, y hoy en franco abandono. Valle del Amor, nombre que se le dio a un lugar concreto, que fue escenario de una comuna hippie hace unas décadas. Salimos del término de Alpartir para seguir por el de Tobed (Comunidad de Calatayud). Andamos abrazados al riachuelo, que nos muestra su cara más humilde, pero que cuando se desboca tiene su genio. Vamos dejando barrancos a uno y otro lado. Barrancos formados por las escorrentías de la montaña y por los peñascos que las forman. Uno de ellos, La Peña Mala, es una muela característica, y ya nos tiene en su radar. Bajo ella pasamos y atrás la dejamos, como también entradas a viejas minas que por aquí abundan.

Leñador y carbonero, oficios perdidos
            Fuente La Teja, a partir de la cual volvemos a entrar en el término de Alpartir, en el denominado Monte de Mosomero. Por el camino nos vamos encontrando pequeños murales anunciadores de fauna: cabra hispánica, corzo, jabalí, zorro, buitre, águila perdicera, búho y una rica variedad de avifauna de pequeño tamaño que hace las delicias del caminante. El sendero va burlando el ancho camino, estando tanto el uno como el otro en propiedad privada, pero al ser camino de viejo se está obligado a respetar el paso. Un paso que hacemos entre gran cantidad de enormes ejemplares de carrasca, empleada en otro tiempo para leña y carbón, según me cuenta Luis, cuyo padre tuvo por buen oficio el de leñero. Todavía se pueden ver esos espacios dedicados a las carboneras, en un monte que seguro estaba mucho más pelado que ahora, y en el que la vegetación va colonizando su espacio.

Casa Mosomero
            Casa de Mosomero, o de la Vda. de D. Pablo Gil, como aparece en algunos mapas. Hoy guarida de cazadores. Fuente de Valdejordán, lugar frecuentado para echar un bocado junto a sus frescas aguas. A partir de este lugar se comienza a ver el desnudo roble, y es algo que da tiempo a contemplar, porque el sendero comienza ya a empinarse, teniendo que aflojar la marcha. En poco más de media hora nos presentamos en el collado, que hace de muga municipal y comarcal, además de climática. Estamos en el llamado collado del Tío Francisco, a 1.034 metros de altitud, desde donde dejamos a este PR-Z 15 que marche a tierras más cálidas, a Cosuenda.


Las Neveras
            Hacia el SW, las Neveras. Hacia el NE el Cerro del Espino y la Sangarba, hacia donde nos dirigimos unos metros, hasta que el sendero nos deja en el camino, que pronto abandonamos. Nos tiramos de nuevo por un sendero, dirección norte, para bajar por otro itinerario, pero hacia el mismo fondo del valle de Tiernas. Grandes ejemplares de chinebro jalonan el sendero, y carrascas, tomillos, retamas, orégano también. En primavera esto promete.


            Este distinto sendero que tomamos a la vuelta nos deja en la casa de Mosomero, y a partir de aquí a desandar lo andado, hasta el vehículo, donde termina este extraordinario paseo que ha cubierto una mañana de monte por unos parajes cuya visita recomendamos fervientemente. En total, han salido 11,8 km, recorridos en 3h 20’ de tiempo total, del que 2h 45’ han sido en movimiento, para ascender un desnivel de en torno a 600 D+, en buena y didáctica compañía.
  



martes, 1 de marzo de 2016

Por tierras montisonenses

IXOS MONS
Cruceta d'Alins (826 m)
Valdelamella (654 m)
Terreu (476 m)
Lunes, 29 de febrero de 2016



            Continuamos con nuestro periplo en pos del conocimiento de otros territorios menos frecuentados, por no decir nada. En esta ocasión le toca a las tierras templarias de la redolada de Monzón. Con el amigo Santiago Solá, del Club Montisonense de Montaña, que agradecemos su esfuerzo, vamos a visitar unos montes cercanos, y a comprobar de primera mano cuánto de bien han hecho estas últimas aguas que han caído en esta campiña.


Fuente renacentista, en Fonz
            Partimos de la localidad de Fonz, cuyo nombre ya nos sugiere algo. Fuente, fuentes, aguas, y no es de extrañar, porque está al pie de unas sierras calizas que filtran las aguas de las generosas lluvias y que por algún sitio tienen que salir… Y no es que salgan por el pueblo, no, es que el pueblo, fue fundado donde ellas se encontraban. Y es algo que atestiguan los yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro y del Bronce. Mucha historia, y en ocasiones convulsa, la que tiene esta localidad, y que con orgullo lleva. Es algo de lo que te puedes impregnar en un sereno paseo por sus calles, contemplando sus casas palaciegas y sus fuentes renacentistas.

Arrancamos por el GR 18
            Pero vamos a lo nuestro. Los GRs son senderos de Gran Recorrido que vertebran el territorio. En concreto el GR 18 es el de La Ribagorza, pero cuyo extremo sur está enclavado en esta localidad, en la actualidad del Cinca Medio, aunque históricamente vinculada a su vecina norteña. Por él salimos, y pronto comenzamos a formar parte de este rico “…paisaje compuesto por diversos ecosistemas, que van desde campos de secano donde se cultiva el cereal, almendros y olivos, hasta la abundancia de vegetación y masas boscosas, compuestas por pinos, carrasca y boj…”, según reza en un panel informativo a la salida del pueblo, y que no tardamos en comprobar personalmente.

Verde campiña
            Dejamos atrás el desvío para el Balcón del Cinca, y posteriormente el del Volcán, que nos aguarda a nuestro regreso. Poco a poco, nos dejamos engullir por el paisaje del solitario valle de Palau, habitado por viejas pardinas, algún campo cultivado, balsas, y tranquilidad, mucha tranquilidad, tanta que entre ella andamos. A destacar la Torre Balero, y la Basa Fechina, en cuyas proximidades arranca el GR 23, que recorre La Litera. Nosotros seguimos fieles a nuestro GR 18, que comienza a empinarse en busca de la Cruceta d’Alins, a cuyo collado llegamos habiendo subido como 150 metros de desnivel, por un sendero muy bien trazado y marcado.

Sierra de La Carrodilla, con el Santuario
            Una vez aupados a esta cota, se abre a nuestra vista la Sierra de La Carrodilla, en todo su esplendor, sierra presidida por el Santuario de la Virgen del mismo nombre. Por esta extraordinaria atalaya ya pasamos de regreso del Buñero, máximo exponente de la citada sierra. A poniente tenemos este monte de la Cruceta, al que hemos de subir, y por el que nos peleamos, sin salir indemnes en la refriega, con las ramas de mil y un arbustos que a falta del ramoneo del ganado, campa a sus anchas cerrando cualquier atisbo de sendero. Sea como fuere, conseguimos llegar a lo que parece su máxima altura, lo que nos permite un paseo visual por los 360º, y más porque no hay.

Valdelamella y Volcán
            Volvemos sobre nuestros pasos y arañazos, la coscoja no perdona. Collado, y bajamos al punto de partida de esta subida, donde recordamos, arranca el GR 23 dirección Alins. Torre Balero, y antes de llegar de nuevo a Fonz, tomamos el desvío indicado para la Mina Flores, Volcán y Ojo de la Fuente, que seguro tienen su atractivo, pero que por falta de tiempo hemos de dejar para otra ocasión. La Mina Flores, según reza en un pequeño cartel, es una “Galería abovedada de origen árabe, anterior al siglo XII, atribuida al moro Flores. En 1848, aprovechando el túnel excavado, el municipio proyectó trasvasar el agua de un valle a otro, hasta el pueblo… El manantial de donde se quería obtener el agua, es el mismo que abastece a Fonz, y es el llamado Ojo de la Fuente…”. Seguimos nuestra ruta, y en poco más nos cruzamos con el Valdelamella, formado entre el monte que a falta de nombre en los mapas así bautizamos, y cuyo topónimo proviene de la gran profusión de almendros que seguro hubo por aquí en la antigüedad; y el Volcán, llamado así este último por la aparición ocasional de alguna fumarola producida por el contraste de temperaturas.

Un lujo de entorno
             Nos disponemos pues a subir al Valdelamella, una prominencia de menos de 70 metros, pero cargados también de naturaleza viva. Buscando trazas de sendero, que no siempre conseguimos encontrar, finalmente alcanzamos su máxima altura, que dejamos marcada con un generoso hito. Este monte, más al sur que el anterior, nos da vista ya al somontano de este Fonz, que también se deja ver. En su base, campos de cereal, de todas formas y tamaños nos ofrecen una refrescante vista de fosforito y esperanzado verdor.

Bajada por el mismo sitio, o eso pretendemos, y a través de Valdelamella regresamos a Fonz, donde terminamos este primer circuito tras 17,9 km, a los que le hemos dedicado 4h 50’ de tiempo total, del que 4h ha sido en movimiento, con un desnivel acumulado de 820 m.



Comienzo del Terreu
            Cambiamos de escenario. Nos dirigimos a poniente de la comarca. Salimos de Monzón por la A-130 y al poco tomamos la A-1223 dirección Berbegal. En el km 5 nos desviamos a la izquierda para ir a Monesma, y siguiendo por la carretera, cada vez más deteriorada, llegamos hasta las vías del tren. No las cruzamos y seguimos paralelos a ellas, hasta el puente que pasamos por encima, y en 2 km más llegamos a una entrada a la izquierda, donde podemos dejar los vehículos. En total, 18 km desde Monzón.

Atalaya norte del Terreu
          Estamos al pie de Terreu, un altozano que ha recogido las gravas de un Cinca que ha sabido cavar su territorio. Un altozano pasto de los cierzos más airados, que linda con el Somontano de Barbastro, con quien comparte paisaje. Un altozano con el que vamos a concluir nuestras andanzas por estas tierras. A través de una ancha vaguada, que acoge blandos materiales erosionados por las aguas y el tiempo, pinos, muérdagos y matorrales aromáticos, vamos subiendo hasta alcanzar la cornisa norte, que nos da vista a la enorme depresión del Cinca.

Cumbre del Terreu
            Siguiendo por el camino pronto divisamos el vértice geodésico, al que llegamos ya sin sendero aparente. Está aupado sobre una zapata de cemento de varios metros de altura, lo que le da juego para divisar el lejano horizonte a los cuatro costados. Curiosamente  está acompañado por un gran montón de ordenadas piedras, de planta cuadrada, que va soportando los rigores del tiempo. Nos gustaría completar el circuito con la visita a la Muela de Terreu, en el extremo sur, pero será en otra ocasión. De modo que damos por concluida la visita, tras un breve recorrido de 5,2 km, con 1h 10’ de tiempo total, del que 1h ha sido en movimiento, para ascender 145 metros.


            En total han sido 23,1 km, con 6h de tiempo total, del que 5h han sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 965 metros, en una jornada entre vientos y soles, pinos y coscojas, romeros y tomillos, sobre terrenos calizos que juegan con las aguas, y con un lujo de compañía. Para repetir. Sí.
  




El track de la Cruceta y Valdelamella, en: http://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12434094