domingo, 27 de septiembre de 2015

Balaitús, el rey del abismo

AQUERAS MONTAÑAS
El Balaitús (3146 m)
Sábado, 26 de septiembre de 2015



            Mientras que las partes bajas de las montañas están entretenidas en sus mutaciones cromáticas varias, por las altas también va habiendo ya transformaciones, tímidas pero contundentes transformaciones, que se repliegan en sus cuarteles, y que no se nos muestran con toda su crudeza hasta que no estamos delante de ellas, encima de ellas, peligrosamente encima de ellas. La vuelta de agua de días pasados, la altitud y las temperaturas han hecho que sea de nieve, y las despejadas noches han helado su faz, que fundida con la roca han hecho arriesgado el tránsito por esa Gran Diagonal por la que ansiábamos llegar a la mayor cota de este monte, de este altivo y roto monte. Saber, querer y poder, atributos que corresponden a los dominios del pensamiento, del sentimiento y de la voluntad. Querer, hemos querido; saber, se le supone; y poder… ahí ha estado el quid de la questión.


            El bilingüe Balaitús, o menos conocido como Pico Moros, es el punto más alto de un gran macizo, tan grande es que presume de albergar los primeros tresmiles que te encuentras viniendo de poniente. Un macizo tosco, áspero, altivo, hostil, pero que como uno más de esta gran familia pirenaica hay que visitar, querer y acariciar. Hay que ganárselo. Y eso es lo que nos hemos propuesto nueve mayencos, nueve, que lo hemos sacado del programa de la Sección de Montaña para hacerlo vida, para palparlo, para sentirlo, para ponerlo a nuestros pies. Y así ha sido, pero no del todo. Vamos a verlo.
  
Llegando a los ibones ya asoma desafiante la silueta del objetivo
            Cinco y media de la mañana. Calles recién puestas y partimos de Jaca camino de la Sarra, desde donde damos comienzo, con el tercer ojo encendido, a esta larga y exigente salida. El camino que emprendemos es archi conocido. Pronto coqueteamos con las sombras, pocas luces, del bosque, y su magia. En poco más de una hora, habiendo dejado atrás el desvío para el Ministirio y el de los picos de Arriel, abandonamos también el GR 11 para, acompañados ya por buena luz de una mañana que promete, nos vamos metiendo de lleno en el embudo que desagua las esencias de los ibones de Arriel. Unos ibones que habitan en una extraordinaria cuenca, donde se van alimentando unos de otros, donde se van cuidando unos de otros, donde están pendientes unos de otros, y que van soltando sus precipitadas aguas en busca de la tierra llana, a través del Aguas Limpias primero y del Gállego después.


Desagüe del Arriel Superior
            Esta amplia cuenca está cerrada por emblemáticos macizos, como son los Arrieles, el Palas y Balaitús, con sus Frondiellas. El sendero juguetea con el curso de agua del ibón Inferior a la pequeña pleta que tiene a sus pies, pero es al pasar frente al desagüe del Superior cuando se deja ganar. Ese bronco desagüe desparrama sus aguas por doquier, debiendo buscar buenos pasos para burlarlo. Poco más de tres horas hasta aquí. Antes de comenzar otro tramo de dura subida, echamos un bocado, sin parar de admirar estos montes que imponen lo suyo, que te miran por encima del hombro, pero que conforme vas tomando altura se les van bajando ya los humos. Así es siempre, no se trata de vencer, sino de convencer, y sólo se hace con esfuerzo y paciencia. Es así para todos los seres.


Primer tramo de la Gran Diagonal
            En media hora corta más, superamos la pechugada para alcanzar el ibón Chelau, que no lo está en su lámina, aunque el color de sus aguas hace honor a su nombre. Otra escasa hora más para llegar al abrigo Michaud, una cabaña de piedras, con la ayuda del entorno, y donde da comienzo una ancha, empinada y rota canal, considerada como el primer tramo ya de la Gran Diagonal, por la que ya provistos de casco vamos subiendo con sumo cuidado por la caída de piedras.

Primeros compases
            De la umbría canal se sale a un espacio soleado, cómodo de subir a pesar de su inclinación. Y en poco ya se llega al segundo tramo de la Gran Diagonal, a la verdadera dificultad. Una estrecha e inclinada repisa que cuelga abiertamente sobre el abismo de la cuenca de los Arrieles. Nos la encontramos con la nieve de estos últimos días, una nieve dura, más bien helada, extremadamente resbaladiza, y por la que hay que ir avanzando buscando con mucha precisión los pequeños resaltes de piedra para apoyar tímidamente nuestros pasos. Querríamos levitar para eludir todo eso, pero ello nos es imposible.

Punto de retorno
            Estamos entremezclados con los componentes de otro grupo con el que hemos ido cruzándonos durante toda la ascensión. La información de dos miembros de otro grupo, sobre el estado de otros tramos más arriba en peor estado, hace que desistamos tanto nosotros como el otro grupo con el que compartíamos ascensión en la estrecha repisa. Al ir el último, comienzamos el descenso en primer lugar, y al llegar a otro de esos puntos críticos y estar provisto de un oportuno parabolt, aseguramos la maniobra con un mosquetón y colocamos una cuerda a modo de pasamanos, facilitando de algún modo el tránsito. Una hora hemos estado en este frío y húmedo lugar, algo que al salir de él agradecemos. Una vez liberados de los lugares comprometidos, ya a pleno sol, nos hacemos la foto de cima… al menos, a eso nos sabe. Se nos antoja que pasa justo por aquí la muga con el país vecino.

Bajando hacia los Arrieles
            Así es la montaña, y así hay que aceptarla. No hay más remedio. No hay que tenerle rencor por ello. Hay que asumir humildemente su superioridad, y cuando es que no… es que no. La prioridad siempre es la seguridad, y la verdadera cumbre se consigue llegando a casa. Con sumo cuidado, emprendemos el descenso por la ancha y umbría canal que nos conduce de nuevo al abrigo Michaud, para un poco más abajo detenernos para echar un bocado.



Ibón intermedio
            El regreso lo hacemos por un amplio barranco bajo la atenta mirada de la afilada muralla de Frondiellas. Bajamos a un plató para tomar un sendero de subida siguiendo la línea del roquedo, lo que nos da la oportunidad de ver un ibón intermedio que se nos ha ocultado en el ascenso. El camino que llevamos va a confluir con el que baja de las Frondiellas, y que nos conduce directamente al ibón Inferior de Arriel, donde tras echar otro trago, continuamos por la apacible calzada junto a la orilla. Entre el desagüe de éste y una pequeña pleta que hay debajo, se halla un pequeño espacio de donde parte un camino que se dirige al refugio de Respomuso. Aquí mismo, la presencia de un gran hito invita a posar para otra foto, con el Balaitús como telón de fondo.

            Las amplias vistas sobre el valle del Aguas Limpias señalan la salida de esta espléndida cuenca de los Arrieles. La bajada hasta el GR 11 se hace tediosa pero necesaria, para una vez en él, alcanzar ya la Sarra, punto de inicio de esta larga y dura incursión a una de las montañas más duras de la redolada. Cerca de 19 km han llenado esta jornada montañera, empleando 10h 30’ de tiempo total, del que 6h 30’ han sido en movimiento, para cubrir un desnivel acumulado de cerca de los 1.800 metros. Una jornada, decimos, pletórica en lo meteorológico, también en la compañía. Pletórico de montes circundantes. Pletórico. 







viernes, 25 de septiembre de 2015

Oza - Taxeras, el nexo

IXOS MONS
Oza - Taxeras
Jueves, 24 de septiembre de 2015



            Con el tránsito del Sol al signo de Libra despedimos al verano y damos la bienvenida al otoño. Los signos zodiacales tienen su correspondencia con los cuatro estados de la materia. Libra es un signo de aire, concretamente de aire de montaña, y es la mejor combinación, la mejor excusa para echarnos de nuevo al monte para impregnarnos de ese aire regenerado tras el paso por el equinoccio. En él se iguala la duración del día con la noche, que a partir de ahora va ganando terreno. Pero no sólo eso, también queríamos comprobar si lo pillábamos de sorpresa. Y sí, lo hemos pillado, nos hemos encontrado a un bosque ausente, entretenido en sus faenas de darle la vuelta al fondo de armario para cambiar sus ropajes. Éste me gusta, éste no me gusta… y prevemos que se va a quedar con lo de siempre, con lo más bello, con lo más inspirador.

Altivo Castillo de Acher ,desde Oza
            En nuestros montes cercanos tenemos un escenario ideal para ser testigos de ese cambio paulatino de vestimenta, antes de la siguiente época, la de desnudez. Momentos místicos de la erótica natural que en pocos lugares como en el Parque Natural de los Valles Occidentales podemos apreciar. Dos de sus ejes vertebradores, dos de sus principales valles, el de Ansó y el de Hecho, labrados por los ríos Veral y Aragón Subordán, bajan orgullosos hasta sus respectivos finales en el Padre Aragón. Bajan orgullosos, decimos, de su pasado, de las tierras que riegan, de sus gentes, de las montañas que dejan atrás, y todo eso se nota cuando visitas sus cabeceras. Unas cabeceras que aunque cada una se ha sabido labrar su propio destino, también han sabido mantener varios nexos. Hermanas se sienten porque han sido paridas en hermanos montes.


Ya van asomando los grandes de lo lugar
            Uno de esos sitios donde es fácil dar gusto a las dos cuencas con nuestra visita es recorriendo por debajo la llamada Faja de Mazandú. Hoy, con Sara y José Luis, unimos la Selva de Oza con Taxeras, subiendo por el barranco de Estribiella, hasta su collado, y bajando por el de Mazandú, hasta Taxeras, extremo oriental del Valle de Zuriza. Desde la Casa de Forestales de Oza, el sendero parte ya con ganas, parte ya tiesote. Es una antigua trocha de madera, pero cómoda de subir, al margen de su desnivel. Un hito desmoronado, que no vemos, hace que no tomemos la entrada a la senda y sigamos la evidente trocha, metiéndonos en el mismo cauce del barranco, hasta que nuestro mosqueo nos hace dudar. Vuelta sobre nuestros pasos, reconstrucción del hito, y seguimos. Como media hora perdida… o ganada entre el bosque, según se mire.


Barranco de Estribiella
             Muchos y emblemáticos son los montes que nos rodean, y que pugnan por copar el protagonismo del espacio, pero hay uno de ellos que tiene muchos números para conseguirlo, y es el Castillo de Acher, que se afana en dejarse ver a la mínima oportunidad que le da el bosque. Ahí aparece, con su excepcional valle colgado entre las perlas de su corona. Vamos saliendo del bosque y el sendero nos da opción a asomarnos al barranco, que se torna vertical, y es su verticalidad la que atrae a aficionados de este discurrir por su cauce, de este rapelar junto a ese tropel del líquido elemento. Bellas concavidades, bellas marmitas rotas, conseguido todo ello por el paso del tiempo y la fuerza de sus aguas. El sendero se empina a la par que el barranco, y nos sube a un lugar de reposo, de verde reposo, vigilado muy de cerca por las vertiginosas paredes norte de la Peña Forca y sus vecinas a uno y otro lado.

Oza, que vamos dejando atrás
            Después de esta hora y media empinada, nuestro paso por la tasca sirve de descanso para los pies y el fuelle, hasta dar comienzo a la subida al collado, que coincide con el desvío hacia esa Gran Dama que es la Forca. Tomamos el de la derecha. Ante nosotros se abren dos salidas, la del barranco, mucho más agreste, y la de más al norte, más a la derecha, que nos subirá al collado en base a zigzagueos constantes por un no muy bien definido camino, pero que no ofrece ninguna pérdida, porque este primer collado está a la vista. Los últimos compases se empinan un poco más, y la presencia de esquistos, hacen que en algún paso haya que afinar la atención.

Mazandú, bajando a Taxeras
            Esto nos aúpa a otro pequeño valle colgado, que tenemos que recorrer para llegar, ahora sí, al verdadero collado de Estribiella, al punto más alto de la jornada, a nuestra cima de hoy, en otra hora y media más. Total, tres horas desde el arranque, que bien se puede hacer en dos y media, como mucho. Hay un tópico muy manido, pero por ello no menos cierto, y que dice que cuando una puerta se cierra otra se abre. Exactamente eso ocurre en los collados, las bellas vistas que vas teniendo a tus espaldas, y cuya perspectiva vas ganando con esfuerzo, tienes que renunciar a ellas en favor de las que te encuentras de frente. En nuestro caso, estamos en el nacimiento del barranco de Mazandú, que tras regar esta partida, va a engrosar el de Petraficha en Taxeras, y con él, y muchos otros, hasta juntarse con el Petrechema en Zuriza, dando forma al Veral.

Barranco de Mazandú
            Estamos en uno de esos lugares que decíamos al principio de nexo entre estos dos grandes valles de Zuriza y Oza. Estamos bajo el humilde, por no decir humillado pico de Estribiella, y decimos lo de humillado porque no le debe ser fácil convivir eternamente con el altivo Rincón de Alano, en el extremo oriental de esta Sierra de Alanos, que cierra al sur Taxeras y Zuriza. Una sierra, y nunca mejor aplicado el apelativo, porque cada uno de sus picos, de sus afilados picos, son una punta de esa sierra caliza que, bueno, ahí está, para admiración de todo el que pase bajo sus pies. Todas estas reflexiones surgen mientras damos buena cuenta de un bocado que nos permitirá continuar nuestra marcha.

Supervivencia
            Tenemos a la vista los corrales de Mazandú, hasta los que llega una pista que termina un poco más arriba. A ella llegamos al cabo de casi una hora desde el collado, descontando la comida. En ese tiempo de marcha, primero hemos acompañado de cerca al barranco, y luego, el camino te sube al lomo que viene de la cumbre del Estribiella, para ya por buen pisar ir bajando de nuevo al barranco de Mazandú, para cruzarlo, y tras coquetear con las entradas y salidas de varios de los pequeños barrancos que bajan de la gran muralla, llegar finalmente a la pista. Una pista de amplias lazadas que puedes ir burlando por sendero.


Cambio de ropajes
             Nuestros pasos nos llevan al circuito de la Senda de Camille, en su etapa más larga, la de Linza a Gabardito. Dejamos el desvío que sube al Achar del Alano, y seguimos bajando. Muy próximo a este punto, rendimos homenaje a un gran ser, posiblemente atacado por un rayo, y que ha sabido resurgir de sus cenizas, con un llamativo penacho de ramas todavía vestidas de verde. Vamos encontrando más y más hayas, algunas de las cuales han estado más listas en eso del cambio de ropaje del armario y comienzan ya a lucir sus mejores galas otoñales. Señales del parque nos meten por sendas de bosque que, despistando a la pista, suena redundante, ¿no?, nos dejan ya en el parquin de Taxeras, donde amablemente ha subido Carlos a recogernos.

            Una jornada espléndida en lo meteorológico y en buena compañía. Hemos tardado 5 horas de tiempo total, del que 2h 50’ ha sido en movimiento, para recorrer los 9,3 km, haciendo un desnivel acumulado de 925 m D+ y 775 D-. Habrá que volver a ver cómo van esos seres con lo del armario. Sí, habrá que volver.
  





lunes, 21 de septiembre de 2015

Peña Oroel, por Vía Mayencos

IXOS MONS
Peña Oroel (1.769 m)
por Vía Mayencos
Sábado, 19 de septiembre de 2015



          La Cruz. La cruz, como toda expresión geométrica, está cargada de simbolismo, no en vano la tenemos en el imaginario colectivo. Por qué está en la cumbre de muchos montes? Para exteriorizar nuestra cultura, nuestras tradiciones, inducidas? Para recordar nuestras conquistas? O quizá para reforzarnos ante nuestras debilidades… Como símbolo formó parte de la vida y muerte de uno de los Grandes Maestros de la humanidad. Cada uno sabrá los sentimientos que le producen. Pero historias aparte, hoy nos fijaremos en uno de los aspectos, posiblemente menos manoseados: sus líneas. Sí, porque su sencillez no puede velar su significado, que es muy profundo, pero eso lo dejaremos para otro momento. Hoy nos limitaremos a decir que para acceder a ella, para acceder a la montaña, a su cumbre, básicamente hay dos formas, la horizontal y la vertical.


Primeros escarceos por el bosque
            La horizontal es la clásica, la “llana”, la “fácil”, la popular, la senderista, la que emplea la inmensa mayor parte de la comunidad montañera. Sin embargo, la vertical ya merece más respeto, es más técnica, más directa, supuestamente más corta, pero no más fácil, no más rápida, requiere más preparación… está llena de dificultades. Hoy, el hombre y la cruz, el hombre y su cruz, se han enfrentado a ese reto de la ascensión vertical. Con Josemari y la inestimable colaboración de Jesús, hemos acariciado cada una de las inestables piedras que nos hemos encontrado al paso por ese gran conglomerado de la cara norte de la Peña Oroel. Hemos transitado por sus estrechas cornisas. Hemos navegado por sus fajas. Nos hemos empotrado en sus húmedas y frías chimeneas. Hemos crecido con sus espolones. Nos hemos dirigido por esa delgada línea que separa la pared del abismo, formando parte de ambos. Todo por llegar a la cruz, a nuestra cruz.

Contacto con la pared
            Estamos ante uno de esos días en los que tienes que llegar pronto a casa, y qué mejor que pasarlo en un lugar cercano. Y si es querido, mejor. La Peña Oroel conjuga ambos propósitos, y la abordamos por la Vía Mayencos, que discurre por su cara norte, por su aparente imposible cara norte, pero que cuando te metes en ella, vas viendo que te va ofreciendo sus recursos. Se arranca desde el Parador, tomando el sendero normal hasta los restos de un viejo aljibe, donde lo dejaremos para tomar otro, menos pateado, a la derecha. El sendero va metiéndote por el bosque, con los consiguientes ejemplares de árboles que no han soportado las cargas de las últimas nieves y los airados cierzos posteriores, que andan cruzados y pueden despistar un poco de la tímida traza.

Fajas de la cara norte
            Veinte minutos y nos encontramos una amplia barranquera llena de bolos, que atravesamos. Seguimos por fuertes pendientes hasta dar con la primera presencia de pared, de conglomerado, que va a ser nuestra compañera de viaje. Aunque hasta ahora había algún tramo de fuerte desnivel, el ambiente era más amigable, sin duda, el paso por el bosque te oculta lo que a su término va a poner de manifiesto, y son los espacios abiertos hacia el Parador, de donde sales, hacia el Campo de Jaca que vas dejando abajo, y de todo el enorme patio que se va ya dibujando con la Balancha y las sierras pirenaicas. La llegada definitiva al muro es la señal inequívoca de que hay que comenzar a ponerse los elementos de seguridad. Salimos ya al exterior, la cosa ya impone más. Ya se nos muestra con toda crudeza el enorme paredón que tenemos que ir recorriendo dirección W, para ir ganando las fajas por estrechas cornisas.

Jesús asegurando
            En media hora más llegamos al pie de la chimenea (III), que subimos sin problemas, a pesar de lo mojado de la roca, con las artes de Jesús. Unos viejos clavos, pero en perfecto uso, sirven de anclaje para el aseguramiento. En la parte superior de la misma, un árbol también se presta para un amarre. Continuamos hacia el W siguiendo hitos y señales rojas, además de ir encontrando más clavos en lugares comprometidos, especialmente con nieve o hielo. Otro tramo de bosque, y a la salida enseguida nos topamos visualmente con la cruz allá en lo alto. Nos vamos poniendo bajo su vertical para ir subiendo por el espolón hasta alcanzarla, que lo hacemos al cabo de casi tres horas.


            Mañana despejada en lo más alto de Oroel. Sí, mañana despejada, ventosa y fría. Este flujo de norte mantiene muy bien definidas las siluetas de los montes pirenaicos, de todos, de los que reconocemos y de los que no. Breve bocado y para abajo, ya por el camino normal, hasta el Parador. Buena y vertical mañana, con 5,8 km, y 4h 20’ de  tiempo total, del que en torno a 3h ha sido en movimiento, para salvar un desnivel acumulado de 620 m. Objetivo cumplido, y el de llegar a tiempo a casa, también.
  


Las fotos, en: https://picasaweb.google.com/chematapia/PenaOroelPorViaMayencos
La imagen de cabecera está tomada del blog pirineodeluis.




domingo, 13 de septiembre de 2015

Peyreget, el pequeño de los Ossau

AQUERAS MONTAÑAS
Peyreget, el pequeño de los Ossau. 
Sábado, 12 de septiembre de 2015


            Septiembre, mes de despedidas y de encuentros. Despedidas de los rigores del verano, y encuentro con el tiempo que de la mano trae. Un tiempo que de vuelta al cole, viene con los deberes debajo del brazo, viene a revalidar año tras año su martingala, viene con los fenómenos atmosféricos propios de su sexo y condición. DANA es como llaman los expertos ahora a ese brusco meteoro que conjuga diversas presiones y temperaturas en distintas capas de la atmósfera. 


            La dama de las mil tormentas juega a su antojo con ellas, juega a su antojo con quien va a cortejarla. Se sabe alta, esbelta, pinturera, más que su gemela Anayet, con más puntas, con más cabeza, donde reposan los sueños de los que tienen pendiente su conquista. La Gran Dama del Pirineo, o eso se cree, se sabe rodear de mal orache para protegerse de tanta y tanta mirada intimidatoria. Desata su pasión envuelta en fumarolas, como añorando termo tiempos pasados, vulcano tiempos pasados. Hoy, ignorando el calendario de actividades de la Sección de Montaña del CP Mayencos, apenas ha levantado los párpados para echar una mirada de soslayo, pero no te guardamos rencor por ello, Gran Dama, sabemos esperar, sabemos tener paciencia, como tú. Sabemos que bajo esa indolente apariencia, todavía late un tierno corazón que se conmueve ante la presencia de quien quiera cortejarte. Hoy, hemos estado ahí.


Allá que vamos
            Sí, hoy era el día señalado para ir a tu encuentro, y lo hemos hecho. Ocho mayencos, esta vez acercándonos ya a la paridad, hemos desafiado el mal orcahe, y a pesar de haberte dado por perdida desde el principio, hemos querido ir a ver si de cerca nos decías lo mismo que de lejos. Y sí, lo has hecho, has sido fiel a ti misma y te has escondido tras los velos del tiempo, ofreciéndonos tu peor cara. Nosotros, hemos cumplido. Nosotros, hemos madrugado para ello.

Mundo Pombie
        Ocho de la mañana. Aparcamiento d’Anéou. Apenas 4 coches. Ambiente otoñal. Llueve. No hemos venido hasta aquí para ver llover, no. En todo caso para sentir llover. Nos pertrechamos con ropas de agua, tampoco mucho, la temperatura es alta, y bajamos al plató para dar comienzo a esta nueva ruta. A ver lo que da de sí. Un muy amplio circo ocupado por un par de rebaños de ovejas que no tienen prisa por mover. Nos arrimamos al comienzo de las zetas y las dibujamos como ellas son. En tres cuartos de hora nos presentamos en el collado de Pombie, y en otro cuarto más en el refugio.

Lo que se deja ver
            La indiferencia de la Gran Dama es patente. Nos metemos en el refugio, a ver si se le pasa. No, no se le pasa. Nadie en el refugio, sólo su guarda. Nadie en la montaña, sólo su guarda. Plan B. Tancaro ha de ser que su hermano menor, el Peyreget, se muestre igual de intratable. Lo intentamos. Tomamos el sendero que culebrea por entre las pequeñas cuencas que albergan tímidos lagos, y llegamos al col de Peyreget, que une este monte con el Petit Midi. Los huracanados vientos que trae la tempestad que tenemos encima rodean sin piedad este monte próximo objetivo nuestro, lo abrazan, y se juntan airadamente, muy airadamente, en este collado. El fuerte viento que nos ha aupado hasta aquí, nos lo encontramos de frente en el collado. Se vuelve loco por cumplir su misión. No se lo reprochamos. Los truenos hace rato que reclaman su espacio, y no se lo vamos a negar, cada uno a lo suyo. Tomamos el sendero hacia el sur, sendero que nos va a ir subiendo a la cima entre nieblas y rachas infernales de viento, en poco menos de media hora.

Circo d'Anéou
          Cima. Apenas cuatro fotos y para abajo por una corta arista que nos deja en la ladera que por sendero de piedras primero y herboso después nos va bajando hacia ese circo d’Anéou que algún destello entre nieblas y nieblas nos deja ver. Col de l’Iou, y brusco giro hacia el este para, ya por mejor sendero, y sin perder altura, dirigirnos hacia el collado de Pombie, desde donde bajamos hasta el plató de inicio. Lloviendo pero secos, así venimos, el fuerte viento no cesa. Algo más de 11 km, en 4h 20’ de tiempo total, del que 3h 10’ ha sido en movimiento, para hacer un desnivel acumulado en torno a los mil metros. Una mañana, como todas, sin par. Y en agradable y mayenca compañía.






martes, 8 de septiembre de 2015

El Tozal de Guara, el vigía de la Hoya de Huesca

IXOS MONS
El Tozal de Guara (2.078 m)
Domingo, 6 de septiembre de 2015


          Valles recónditos, tierras calladas que se resisten a cerrar los ojos. Pueblos abandonados. Casas espaldadas. Lugares de cuentos y leyendas. Lugares donde el reloj va más despacio, debido a su agotado corazón. Lugares donde puedes identificarte con el pequeño arroyo, con el tupido bosque, con una fauna y flora que luchan por salir adelante. Lugares donde el aire es más puro. Lugares. Lugares muy cercanos a la capital de esta comarca de la Hoya de Huesca, pero separados por este gran macizo de despistados montes que han sido su barrera natural.


Barranco de La Pillera
            Una sierra, esta de Guara, que paralela al eje pirenaico se refleja en él, lo emula, quiere parecerse a él, y alabamos su esfuerzo. Conforma, podríamos decir, uno de los primeros valles con clara vocación montañesa, como lo demuestran los restos de construcciones agrícolas y ganaderas, los restos de sus casas, la hacienda en definitiva, de aquellas gentes que en tiempos no muy lejanos poblaron el territorio. Un territorio un tanto olvidado para aquellos que nos gustan las montañas, que nos gusta subir y bajar sus cotas en busca de placeres visuales y amplias sensaciones de libertad. Y somos nosotros los primeros en entonar el mea culpa, ya que pocas son las veces que hemos visitado sus montes. Hoy, hemos querido resarcirnos ascendiendo a su máxima altura, el Tozal de Guara, que con sus 2.078 metros de altitud, se muestra altivo sobre la Hoya de Huesca al sur y sobre este valle de Nocito al norte.

Bellos rincones
            Con Sara y Javier, salimos de Nocito, en pleno Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, para subir a este monte, que ya le teníamos ganas, dando una bonita circular llena de bellos rincones. Una circular muy completa con relación a los distintos entornos por los que discurre. Una exigente circular, tanto en distancia, como en desnivel. Para ello salimos de un punto muy próximo al pueblo, una vez pasado el campin, por el Camino Natural de la Hoya de Huesca, dirección a Santolaria, por poco tiempo, puesto que al toparnos con el barranco de La Pillera, nos metemos ya de lleno en él, cruzándolo en varias ocasiones. Nos abrazamos, nos distanciamos, nos juntamos, nos separamos. Poco caudal, aguas mansas que se dejan pasar con la ayuda de piedras bien colocadas. Un juego entre el hombre y el entorno, esa simbiosis que no deja de asombrarnos.

La vida siempre se abre paso
            Así, algo más de media hora, hasta que tomamos a la derecha un sendero que ya nos indica que el coqueteo con el arroyo se ha terminado, ahora hay que hacerlo con el desnivel. Sendero bien trazado que vamos recorriendo con gran respeto a esos seres que pueblan el bosque, un bosque mixto que rezuma humedad por todos sus poros, y que nos acoge con agrado. Estamos en el barranco de La Espátula. El sol se va entrelazando entre las ramas, como queriendo participar de nuestro tránsito. Hora y media larga. Un primer claro, el llamado collado de Chemelosas, nos da una tregua visual y nos permite alargar nuestras miradas hacia donde se nos van siempre, hacia el Gran Norte. Seguimos.

Collado de Petreñales
            Y lo hacemos de nuevo por el bosque, hasta alcanzar al cabo de media hora el otro collado, el de Petreñales, nudo gordiano de esta subida con la que viene de la Tejería por el barranco de Los Valles, y también con nuestra subida y la del Corcurezo, que a través de la cresta de la Ronera, nos llevaría al Fragineto. Pero eso lo dejamos para otros trota montes que hacia allí se dirigen. Nosotros, echamos un bocado y seguimos a lo nuestro. Más bosque. Fuente, seca fuente de Chinebro, y Raso de los Hongos, muy explícitos ambos nombres. La línea de bosque está en torno a la cota 1.600 metros, un bosque que ya dejamos atrás, para al cabo de media hora tomar el desvío del Abadejo para evitar el de la Pedrera.

Progresando por la piedra
            Estamos ya de lleno en el reino mineral, y todo es subir y subir. En algunos pasos, pocos, pero haberlos hay los, hay que echar las manos. Los bojes parece que quieran colonizar las alturas. La Hoya de Huesca se va abriendo a nuestros pies, en un infinito mezclado con las calimas de la tierra baja. Unas extrañas nieblas se van apoderando de las alturas, llegando a brindar con nuestra cima de hoy. ¿Qué celebrarán? Nosotros a lo nuestro. El sendero, todo por piedras, se desdibuja en ocasiones, dando origen a varios alternativos. De cualquier modo llegamos ya a una cornisa que nos da vista a todo el valle de Nocito en primer término, a otras sierras exteriores, como San Juan de la Peña, Oroel, Oturia, Canciás… en segundo, y a la gran cordillera como telón de fondo, que hoy luce espectacular, porque estas nieblas que vienen de sur, no pasan de aquí.

Llegando a cima
            Cuatro horas clavadas desde el inicio, y la cima se rinde a nuestros pies. Le decimos que se levante, y lo hace con dos símbolos, el de la cruz de tierras conquistadas, y el civil del vértice geodésico. La cruz está subida a un gran montículo de piedras dando vista a los cuatro vientos, y albergando el buzón de cumbre, en el que encontramos una agenda con las impresiones de los que hasta aquí llegan, donde incluimos la nuestra, apoyados en una curiosa plataforma que hace de escritorio. El vértice geodésico, parece que necesita un repasico.



As crabetas
            Dejamos esas neblinas sureñas a su aire y comenzamos el descenso por la loma este, que da a dos aguas. Compartimos momento y espacio con una buena cabaña de cabras, de cuyos cuellos no cuelga esquila alguna, por lo que pensamos que son o las asilvestradas que cuentan que hay por esos pagos, o las reintroducidas de los puertos de Beceite. De cualquier forma, un rebaño de puede que más de 100 ejemplares que no se inmutan ante nuestra presencia. Con la vista puesta ya en ese norte que a cada paso se nos hace más alto, dejamos el sendero lomero y nos tiramos ya decididamente hacia abajo.

Refugio forestal de Los Fenales
            Una hora desde la cumbre hasta dar con la pista de Used, que tomamos hacia nuestra izquierda, topándonos enseguida con el refugio forestal de Los Fenales, donde repostamos agua. Tres cuartos de hora más de pista y la dejamos para tomar un sendero a nuestra izquierda, que nos va a ir bajando ya a Nocito en otra hora y media más. Un pueblo, este de Nocito, recuperado de las garras del olvido, que no se parece nada a ese que visitamos hace tres décadas. Casi siete horas y media hasta aquí. Parada y fonda. A la salida no perdemos ojo con esas casonas restauradas, con ese puente medieval de dos arcos de medio punto, que se remangan para dejar pasar a un incipiente Guatizalema, que según reza en algún mural informativo, le viene el nombre de “Guad ixalam”, que significa “río tranquilo”, y que hace honor a su nombre. Un breve paseo, y al punto de partida.

            Una sorprendente ruta circular esta que nos hemos marcado hoy, con dos puntos clave, Nocito, y la cumbre del Tozal de Guara. Entre ambos todo un mundo de cambiantes ambientes en donde hemos podido dar rienda suelta a nuestros sentidos. En total, casi 8 horas de tiempo total, de las que 6 han sido en movimiento, para recorrer 21,2 km, con un desnivel acumulado entorno a los 1.600 metros de D+ y D-. Una jornada montañera muy bien empleada.