lunes, 29 de septiembre de 2014

XXVI Medio Maratón de Castiello de Jaca

CARRERAS MONTAÑA
XXVI Medio Maratón Castiello
Domingo, 28 de septiembre de 2014



           Nunca hay que aparcar del todo las viejas aficiones, porque cualquier momento es bueno para que aparezca una nueva oportunidad para desempolvarlas. Y así ha sido. Hace cuatro años, que por una u otra causa no participábamos en esta prueba de casa, y no podíamos permitir ensanchar por más tiempo esa brecha. Coincidiendo con las fiestas patronales de Castiello de Jaca, en honor a su patrón San Miguel Arcángel, se celebra este medio maratón en su 26ª edición, que no es poco. Una carrera con solera no sólo en la comarca, sino en todo Aragón. Una carrera, decimos, no fácil de catalogar, porque no es llana, tampoco tiene grandes desniveles. No es de asfalto, pero tiene asfalto. No es rural, también es urbana. No es muy propia para hacer marca, pero en sus 21.095 metros tiene de todo… hasta amistad y buen trato.

Voluntarios
            Hasta hace unos años, discurría por la carretera hasta Jaca, regresando a Castiello y alargando por la Garcipollera hasta completar la distancia. Desde que las nuevas leyes de seguridad vial impiden la circulación por la carretera general, la echamos por caminos, y para evitar entrar en masa en él, lo hacemos al revés, quitándonos de encima lo primero estos 7 kilómetros de asfalto. Un tramo éste que no hacen los marchadores, quedándose su distancia reducida a 14 km en ésta su tercera edición.


 
La Garcipollera nos abre paso
            Al turrón. En una mañana dispuesta a aguarnos la fiesta, pero nosotros no, como una hora antes del inicio ya se empiezan a arremolinar los participantes en busca de su dorsal. Algo pasadas las diez y media de la mañana se da la salida en masa, con ciento veintiséis corredores, y cuarenta y siete marchadores detrás. Los primeros comenzamos subiendo por este recóndito valle, de olvidados pueblos, hasta casi alcanzar Bescós, el primero de ellos, para habiendo pasado ya el km 5, volver a Castiello y meternos de lleno, ahora sí, por el Camino de Santiago en dirección a Jaca, que es por donde han ido directamente los marchadores.

Cabeza de carrera
            Una vez en este camino, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, primero se pasa por ese soto ribereño, alterado por las avenidas de hace dos años, cuando el río Aragón no pudo con todo lo que se le venía encima y se llevó todo lo que creía suyo. Un nuevo puente de madera cruza un exiguo río Ijuez, que esparce las esencias de Santa María de Iguácel por todo este expoliado valle. Puente Torrijos, cruce de la carretera general abrazados al río por debajo de la carretera y a enfilar ya hacia Jaca. Km 10 y paso por el avituallamiento del Charlé, donde encontramos caras conocidas. Continuamos, y lo hacemos hasta el repecho para subir a la corona de Jaca, que alcanzamos bajo el Árbol de la Salud, en el extremo este de la Cantera, que la recorremos en su totalidad para volver por la calle Pico Collarada, donde tenemos otro avituallamiento, muy cerca ya del km 15.

Avituallamiento del Charlé
                   Salimos de la urbe y nos lanzamos bajando por el Camino de Santiago. Y a desandar todo hasta Castiello. Charlé con su avituallamiento. Puente Torrijos. Río Ijuez. Puente sobre el río Aragón, con su km 21… y ya la meta, a la que van llegando marchadores y andarines, y a la que han llegado ya casi todos los corredores.

         Hidratación, recuperación, ducha… y más hidratación. La mañana se ha ido sujetando, y nos permite hacer al aire libre la entrega de trofeos, un año más de la artesana factoría de Puente Torrijos y de la Joyería Muños de Jaca. Las clasificaciones están disponibles en la web del club


            La carpa multiusos acoge a más de doscientos comensales, que tras una buena comida ofrecida por el Mesón de Castiello, asistimos al habitual sorteo de regalos, con lo que se da por concluida una jornada más de esta entrañable fiesta del atletismo… y van ya veintiséis, en un excelente ambiente y con una buena organización.

FELICES FIESTAS a Castiello de Jaca, y FELICIDADES a tod@s los Migueles y Miguelas.



Las fotos, en:

martes, 23 de septiembre de 2014

Libra evolutivo

LIBRA evolutivo
23.sep.14 02:29
23.oct.14 11:57
(hola solar)



            Ya hemos terminado el verano astrológico. Comienza nuestro tránsito por Libra, primer signo de otoño. Como venimos haciendo, tras definir con sendas frases sus arquetipos involutivo y evolutivo, pasamos a dar unas pinceladas de lo más destacado atendiendo al nivel de evolución del individuo.


            El Arquetipo Involutivo es: “hágase la elección”, por la que el individuo encarna para desarrollar el discernimiento, que le permitirá “separar el grano de la paja”, siendo los contrastes de la vida los que le llevarán a obtener el recto sentido de lo justo y equilibrado, haciendo que descentralice el egocentrismo y cultive la comprensión, la tolerancia y el amor. El Arquetipo Evolutivo es: “elijo el camino que lleva entre las dos grandes líneas de fuerza”, por el que después de pasar por la experiencia de los pares de opuestos de la personalidad, decide iniciar la búsqueda del Sí Mismo Espiritual, su Dimensión Trascendente, iniciando el camino del discipulado.

            El Tipo Inferior de Libra carece de individualidad, del sentido de “yoidad”, también de autonomía personal, de voluntad, y de energía dinámica para la acción, por lo que vive en una continua indecisión y duda, postergando las decisiones importantes, adquiriendo complejo de inferioridad, o de debilidad. No soporta la violencia, la competitividad, la agresividad. Se abandona a la indolencia y a la tristeza. Se construye paraísos artificiales para huir de la realidad, que le crea ansiedad. Timorato, inestable, no soporta la soledad, por lo que busca centrar su afectividad en alguien que le aporte seguridad. Débil de carácter, dócil y maleable a las influencias que le rodean, es capaz de adaptarse totalmente a las ideas de otra persona para no perder la relación. Superficial, frívolo, perezoso, caprichoso, antojadizo, inclinado al placer y al disfrute sensorial de la vida. Ansía el embriagarse con la voluptuosidad, la sensualidad, la lujuria, el erotismo.

            El Tipo Medio de Libra, a través de las duras experiencias de la vida, ya ha aprendido que ser separatista y egoísta va en contra de la evolución personal y grupal. Comienza a desarrollar el Amor por los demás con una disposición bondadosa y afectiva, con comprensión y dulzura. Adquiere empatía, tolerancia, complacencia y ecuanimidad. Aprende a trabajar en equipo, se vuelve cooperativo y asociativo. Ponderado, pacífico, con buenas relaciones con todos, reconciliador, diplomático, con argumentos. De carácter sociable y comunicativo (signo de aire), pero también sabe escuchar. Se gana el corazón de los demás. Hospitalario, buen anfitrión, le estimula el compartir. Refinado, romántico e idealista, priorizando los valores del ser sobre los del tener. No comprende lo absurdo y cruel del sistema competitivo de la sociedad, ni que para progresar haya que hacer daño a los demás. Gran buscador de la armonía, que entiende a dos niveles: el mental, apoyado por su capacidad de discernir, busca la verdad y el equilibrio, y en consecuencia, la justicia; ponderado y reflexivo, observando el resultado de sus decisiones, para corregir en lo que considere que ha errado. El emocional, teniendo en el sentido afectivo de la armonía la búsqueda del amor por todas las cosas, inclinado a la concordia, la reconciliación y el pacifismo.

            El Tipo Superior de Libra, alcanzado cuando su tolerancia y pacifismo se transforman en una humana y cálida compasión hacia los sufrientes, adquiriendo esa conciencia de la armonía a través del resultado de la alquimia de las transmutaciones emocionales. La búsqueda de la armonía y de la belleza se transforma en el cultivo del amor como la máxima expresión del intercambio sociable con los demás, demostrando buena voluntad y rectas relaciones humanas, propiciando propósitos constructivos que favorezcan la evolución grupal. La facultad analítica equilibradora de la mente se prolonga en la intuición, en la nítida visión del Plan, lleno de belleza, justicia y bondad, que con la fuerza de su idealismo querrá plasmar en la realidad cotidiana del mundo. De gran sensibilidad artística, adquiere el don de crear belleza en las artes plásticas y de expresar en su vida y en sus obras la armonía que porta y a la que aspira a través de su idealismo

            Bien amig@s. Así son ell@s y así hay que quererl@s. Muchas felicidades a l@s Libra y que este tránsito os sea propicio a tod@s vosotr@s.


                 
                El orto del sol al comienzo y final de Libra, es (hora solar):
23 de septiembre           amanece 06:03
23 de octubre                 anochece 17:23


                Las lunas de este mes de Libra, son (hora solar):
·         Nueva, en Libra                           Miércoles, 24 de septiembre, a las 06:15
·         Creciente, en Capricornio            Miércoles, 1 de octubre, a las 19:34
·         Llena, en Aries                             Miércoles, 8 de octubre, a las 10:52
·         Menguante, en Cáncer                Miércoles, 15 de octubre, a las 19:13

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Fuente del texto: Apuntes extractados de Antroponomía y Vitacultura
Imágenes: Extraídas de diversas web



Cilindro de Marboré... hasta el granizo

AQUERAS MONTAÑAS
El Cilindro de Marboré (3.328 m)
Domingo, 21 de septiembre de 2014



            En nuestro trato con la montaña no nos gusta hablar de enfrentamiento ni de competencia, sino de colaboración. Si pensamos en la montaña como algo a lo que enfrentarnos, como algo a lo que vencer, sí, probablemente lo hagamos, pero si no reparamos en que eso ocurre si ella quiere, estaremos perdiendo una oportunidad de mostrar nuestra humildad ante ella y sus poderes. Grandes poderes. En ocasiones, mortales poderes. Con la misma humildad que sentimos su indispensable colaboración, para ponerla bajo nuestros pies en la mayoría de ocasiones, tenemos que tomar la decisión de saber renunciar cuando no está por la labor. Cuando elije la complicidad del mal tiempo en lugar de la nuestra, hay que saber abandonar y no forzar ninguna situación. Nadie vence cuando se consigue, y nadie vence cuando no. Tampoco nadie sale derrotado, de ahí la importancia de ese momento, de ese preciso momento, de ese punto de inflexión en el que ves que la cosa se pone fea y no se consigue arrancarle una sonrisa a esa montaña, sonrisa cómplice, sonrisa imprescindible para auparnos a ella.

El día no engaña
            Cuando la montaña dice no. De todos modos, si bien es cierto que no hemos llegado hasta la cúspide de la bóveda catedralicia, sí lo hemos hecho hasta el arranque de esa cúpula. No hemos llegado hasta la cabeza, pero sí hasta el hombro. Con Sara, Ástrid, Javier, José Antonio, Milagros, Marisa, y la ayuda técnica de Ignacio, en una nueva salida de la Sección de Montaña del CP Mayencos, hemos llegado hasta ese hombro, incluso hasta superar esa primera dificultad que es la chimenea, donde un empeoramiento drástico de tiempo, nos hace tomar la decisión de no continuar y de comenzar ya el descenso.

En los primeros compases
          Esa es la conclusión. A continuación los detalles. Ante la imposibilidad de pernoctar en Góriz, nos presentamos en Nerín a las siete de la mañana, con el consiguiente madrugón. Horacio tiene el bus estropeado, y hace los viajes con un microbús, en el que todos no cabemos, de modo que tenemos que esperar a que baje a por nosotros. Nos dan las ocho de la mañana salvando sobre ruedas los 900 metros de desnivel hasta ese lugar próximo a los miradores donde nos deja. La cosa pinta mal. Una enorme masa de negros nubarrones tiene abducidas a las Tres Sorores extendiéndose por el mundo Marboré, dejando libre la Punta de las Olas y el cordal este del collado de Añisclo, la Suca y las tres Zucas, no dejando pasar el sol, que intentarlo lo intenta, viendo sus reflejos allá por donde se va cuando se ve empujado por la noche. Es una estampa muy poco habitual, la de ver su luz que se abre paso por encima de las nubes y alumbra el oeste a través de unos claros que son nuestra esperanza de hoy.

Pico de las Escaleras
y Torre de Góriz
            Nuestro caminar por el mismo contorno del parque nos permite una mirada de altura, mirada serena, por ese fondo de valle, por ese nacimiento del Arazas a partir de la Cola de Caballo que quieta en su lugar va dando apresurado paso a esas aguas que habiéndose generado a partir de nubarrones como los que nos amparan, bien huyen hoy de estos. Al contrario que nosotros, que vamos a por ellos. Veremos.

Progresando entre fajas
            Nos dirigimos al mundo Arrablo, porque así se llama también la Punta Custodia, cuyas faldas nos dan paso para posicionarnos ya frente a ese collado de Arrablo, o Superior de Góriz, debajo de la Torre de Góriz, o también Morrón de Arrablo. Hora y media hasta aquí. Y del mundo Arrablo, al mundo Góriz, para acortar por encima del refugio, salvando ya un cierto desnivel y metiéndonos en el circo, esa enorme cubeta glacial que en la retirada de esos eternos hielos ha dejado al descubierto grandes extensiones habitadas por fantasmagóricas ciudades de piedra.

Momento cadenas
            Seguimos teniendo el marrón encima, y las pocas aberturas que nos ofrece el vaivén de las nubes nos esperanza, pero no deja de ser un espejismo, el temporal se va consolidando con el día. En veinte minutos nos presentamos ante un corto tramo de pared en el que hay que echar las manos. Pues se echan. Y en tres cuartos de hora más llegamos a una pequeña travesía horizontal, en la que una cadena nos ayuda a cruzarla. Seguimos. Más subida, más platós, hasta que llega el definitivo. Tras superar el último murallón nos encontramos ya en la cubeta donde vive el Lago Helado del Perdido, a casi tres mil metros, que hace de pivote entre las subidas al Perdido y al Cilindro de Marboré. Estamos en el mismísimo seno de las Tres Sorores, entre dos de ellas, quedando el Soum de Ramond, o Pico Añisclo, alineado por el este con el Perdido. Un pico éste último que goza de ver por debajo de sí a todos los demás, estando en el centro de un larguísimo cordal que va desde los Gabietos, que se asoman a Bujaruelo/Gavarnie, hasta las Tres Zucas o Tres Marías, que lo hacen a Pineta y a las faldas que rinden a San Vicenda.

Al mal tiempo buena cara
            Mediodía de reloj. Una oportuna ventana se abre para dejarnos ver esa desafiante pedrera que es la subida hasta el collado que forma el macizo principal del Cilindro, con su Pitón SW (3.194 m), y lo sigue haciendo durante toda su penosa subida, permitiéndonos unas vistas excepcionales sobre Monte Perdido (3.355 m) y el Lago Helado a sus pies. Estamos en el collado, a 3.180 metros, y la ventana sigue, dándonos vista también hacia el mundo Marboré, que por momentos también se muestra aliviado en su respiración. Mientras nos vamos colocando arnés y casco, Ignacio monta el tinglado para superar la chimenea de la derecha (II+), por la que nos disponemos a ir subiendo de dos en dos.




Preparándonos para la faena
            El  tiempo no está bueno, pero se quiere hacer peor, y sin terminar de subir todos, nos muestra su cara menos amable. Repentinamente se cierra de nuevo y los negros nubarrones, que no pueden ya más del peso que llevan, comienzan a soltar unos finos granos de granizo que, acompañado por una brusca bajada de temperatura, desaconsejan seguir camino de la cima. Y aquí estamos, a escasos 120 metros de desnivel, y a media hora de conseguirla, teniendo que renunciar a ella, echando marcha atrás para bajar la chimenea y perder altura por la glera a grandes pasos entre la granizada y los pensamientos de cesión ante la intemperie. No viene mal no haberse quitado el casco.

Progresando por la chimenea
            Hora y media larga tras haber pasado por el Lago Helado, hétenos de nuevo aquí para pillarlo tangencialmente y seguir descendiendo tan deprisa como somos capaces, coincidiendo con algún otro grupo que también huye del marrón. De nuevo dando más vida a esa ciudad de piedra anclada en todo el itinerario hasta la salida del circo, que marca ese gran hito. Giro brusco a nuestra izquierda, y seguimos desandando lo andado en la mañana, dejando el refugio de Góriz a la derecha, junto a su barranco, pasando por debajo de la Punta Escaleras, Torre de Góriz, collado de Arrablo, Punta Custodia… una travesía en la que descarga sobre nosotros agua a jarros, que apenas nos deja disfrutar de nuestro dominio visual sobre ese fondo del Valle de Ordesa, y que algo antes de llegar hasta el punto de partida de esta jornada, nos da una tregua, que nos permite despedirnos de esos grandes macizos que se han quitado la boina para saludarnos.

De bajada
            A la espera de Horacio, echamos un bocado terminando de secarnos. Cinco y cuarto, aquí llega. Vuelta a recorrer en rodante esos 12 km que nos separan de Nerín y cada mochuelo a su olivo. Además de ellos, los que hemos andado nosotros, finalmente han sido 25,6 km, recorridos en 8h 45’, de las que 6h 15’ han sido en movimiento. Los 1.025 metros de desnivel máximo han dado como resultado 1.355 acumulados positivos, y los mismos de descenso. Una jornada con claroscuros, más oscuros que claros, sí, ciertamente, pero en la que hemos sabido disfrutar también de la montaña y de su otra cara, teniendo que mostrarnos satisfechos para que nos permita volver. Gracias a todos y a todo.



Las fotos, en:
El track, en:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7853729

sábado, 20 de septiembre de 2014

Ordesa a vista de Fája-ro

AQUERAS MONTAÑAS
Faja Racón (1.800 m)
Faja Canarellos (1.700/1.600 m)
Cola de Caballo (1.760 m)
Faja de Pelay (1.765/1.920 m)
Jueves, 18 de septiembre de 2014



            Pareciera que hoy estemos viendo, estemos viviendo, un mundo al revés. Sí, porque si generalmente el objetivo de todo montañero, al contrario del de los espeleólogos, es hacer cumbre, sin desdeñar, naturalmente, lo que se encuentra por el camino, nuestro objetivo de hoy más se parece al de este otro gremio hermano que se dedica a escudriñar las entrañas de la tierra. Hoy hemos visitado el mismísimo útero del Valle de Ordesa, donde permanentemente rompe aguas, desparramando su líquido amniótico en todo este espectacular entorno, dando así vida a uno de los valles más espectaculares del Pirineo, donde el tiempo se ha aliado con los elementos para esculpir esta maravilla de la naturaleza que hoy se nos ofrece en todo su esplendor.

Comenzamos en Casa Oliván
            Y la forma de acceder a esa nuestra “cumbre” hoy, ha sido bajando, y para dejarla hemos vuelto a subir. En realidad, la jornada de hoy ha sido producto del plan B sobre el planeado hace tiempo, cuando no nos había visitado todavía esta sucesión de borrascas tormentosas que vuelven a refrescar el terreno, árido de unos días de calores fuera de tiempo. Y como la idea era hacer una travesía por sitios más altos que por donde las osadas nieblas se pasean, pasamos de que nos engullan y cambiamos el rollo. A la cabeza le cuesta asumirlo, pero más a los pies, que se enrabietan y nos llevan y nos traen a Soaso por sendas de altura. Subimos por Carriata para incorporarnos a la Faja Racón, y en Cotatuero enlazar con la de Canarellos, visitar Soaso y sus melenas de agua, y volver por la de Pelay. Como ha pensado alguien para el título, Ordesa a vista de Fája-ro. Comenzamos.

Tozal del Mallo
            Pues eso, que entre idas y venidas, movidas de coche y de neuronas, se nos hacen las diez de la mañana en la Pradera de Ordesa. La cuestión es aprovechar la jornada, después de haberle dado la vuelta a la tortilla. Y la que era sólo de llegarnos hasta Góriz, se ha convertido en un verdadero periplo por las alturas del valle. Con Olga, Sara, Pilar y Javier, comenzamos acercándonos andando hasta la Casa Oliván, para seguidamente dejarnos llevar de la mano de tantos y tantos seres no sólo de madera, seres esbeltos, altos, en busca de la luz, retorcidos algunos evidenciando momentos duros de su vida, y que nos dejan entrever ese altivo, gigante, guardián de la puerta del valle, como es el Tozal del Mallo, pero que con paciencia conseguiremos hacer nuestra esa mirada por encima del hombro que nos confiere. Desconfía, y es natural, de todos los que nos adentramos en sus dominios. Desconfía de que pudiéramos llegar a profanar estos lugares. Procuraremos no hacerlo, pisando, pasando con todo el respeto del que seamos capaces. Tras los guiños que nos van haciendo las ramas de los árboles, conseguimos salir ya del bosque, un bosque que nos ha acogido húmedo. Muy húmedo, que ha hecho atraer hacia sí ese mismo elemento de cada uno de nuestros poros. Ya a cielo abierto, el Circo de Carriata se nos muestra sin ambages, y en poco más, a una hora escasa del arranque alcanzamos la entrada a la Faja Racón, entrada que tomamos.



Paredes del Gallinero
            Esta faja es la hermana pequeña de la de las Flores, y recorre unos cuantos de cientos de metros más abajo estos enormes paredones del gallinero, pasando a pie de roca, de ese Libro Abierto denominado por los escaladores, escasos escaladores ya de vías clásicas. Admirados por la verticalidad, incluso desplome, de estas paredes, y por las vistas que vamos adquiriendo sobre el fondo del valle, en otra hora recorremos la cintura de este macizo, cintura que nos lleva a adentrarnos en Cotatuero, regado por otra cascada, que no se desparrama, pero que sí entra a cuchillo a formar este tajo de eternas alturas. Nos incorporamos al sendero que lo circula, descendiendo hasta un abrigo de troncos, junto al que tenemos un paso metálico que nos permite meternos de lleno ya en la otra faja del día, la de Canarellos. Un lugar éste muy agradable. Río, puente… siempre nos dan su bienvenida. Símbolos en los que algún día profundizaremos.

La magia del bosque
            Bien. Faja de Canarellos, que comienza subiendo y subiendo. Y lo hace hasta alcanzar la base del roquedo, para después volverse a vestir de bosque. También nosotros. Ésta nos cuesta un poco más. Hora y cuarto para recorrerla, obligándonos a contornear la pared, pasando por esas grietas que permiten al agua seguir su camino vertical. Unas agradables zetas nos devuelven al itinerario normal de Soaso, todavía en el bosque, aunque no por mucho tiempo. La salida nos depara otro aliciente, las Gradas de Soaso, que es como la naturaleza soluciona este desnivel. También lo hace con nuestro camino, que sube y sube hasta alcanzar ya la larga llanura del circo que nos llevará hasta su final, hasta su fondo, hasta el mismísimo útero al que nos referíamos antes, y que es el paritorio permanente del río Arazas, que propicia esa Cola de Caballo que dependiendo de las estaciones nos ofrece mayor o menor espectáculo, pero espectáculo al fin y al cabo.

Sarrio en Soaso
            Mucho personal por aquí, que no impiden que nos recojamos en un lugar próximo a ella para echar un bocado y agradecer tanta belleza. Fotos y más fotos. Cruzamos el puente, y dejando a nuestra izquierda la subida por las clavijas, por un laberinto de estrechos senderos vamos en busca del que definitivamente se toma para subir a la Faja de Pelay, la tercera de la jornada. Pero antes, en nuestro corto discurrir junto al río, somos testigos de algo completamente inédito, al menos para nosotros. Un pequeño y solitario sarrio deambula muy cerca de nosotros, y al echar mano de nuestros pertrechos para fotografiarlo, se arranca hacia nosotros. En sus ambarinos ojos no sólo nos reflejamos nosotros, lo hace todo el valle, son saltones, enormes, de mirar infinito, posiblemente enfermos de queratoconjuntivitis pensamos, o de cualquier retrovirus que los aqueja. Grandes, pero tristes ojos, quizá vacíos, quizá privados de su función. Como dice la canción, sin San Jorge, para qué sirve el dragón.


Salimos del bosque
            Faja de Pelay, otro sendero colgado sobre el alero de los tejados de Ordesa. Sendero, que en su comienzo da por advertido en un cartel de su peligrosidad, no recomendando iniciarla a partir de las tres de la tarde. Consejo que no cumplimos, pero sólo por veinticinco minutos. Lentamente, pero sin piedad, vamos subiendo para ir tomando altura y situarnos cerca, muy cerca, también de la base del roquedo de la Sierra de las Cutas. La subida se torna llaneo, y para más belleza todavía, por entre bosque, atravesando unos rincones verdaderamente extraordinarios. Solos. Esos rincones y nosotros. Estos paredones cierran el valle por el sur, haciendo de muga natural con Vallibió, y también están repletos de hendiduras verticales formadas por el tiempo y el agua, que va buscando siempre su nivel.

La Sierra de las Cutas domina el espacio
            Las grandes alturas siguen cuchicheando entre ellas, amparadas por las espesas nieblas y esas borrascas tormentosas que hemos tratado de evitar, y que de momento vamos consiguiendo. Algo más de media hora nos queda de fajeo cuando el corazón comienza a latir más y más fuerte, nos vamos acercando a encarar ese perfecto encajonamiento que es Cotatuero, con sus verticales paredes, con su larga y esbelta cascada, pero también con una corona que no es propia, pero que desde aquí lo parece. Las espesas nieblas que nos ocultaban sus secretos, ceden ante nuestros deseos, ante nuestras miradas, y con unos ejercicios de ligeras piruetas se van descorriendo los velos, dejándonos al descubierto las joyas de esa corona, tantas veces descritas. Pero no son todas las que vemos a la vez. Comenzamos con el Pico Blanco, el Taillón, el Dedo, la Falsa Brecha, la arista occidental del Bacillac, que conforme vamos avanzando se nos muestra entero. Y mientras vamos perdiendo vista por el oeste, la vamos ganando por el este, entrando en escena la Brecha de Rolando, el Casco y demás componentes de la familia Marboré. Tanta belleza junta es imposible, el encajonamiento de las altas paredes de Cotatuero y el devenir de las nieblas se encargan de dosificarlas. Mejor así.



Mirador de Calcilarruego
            Un extraordinario panorama que seguimos contemplando ya en el término de la faja. Estamos en el mirador de Calcilarruego, a casi dos mil metros de altitud, y a unos setecientos en vertical sobre la Pradera de Ordesa, donde ha empezado esta historia, y donde debe terminar. Los espacios abiertos siempre nos han fascinado, y las alturas también. Aquí se juntan los dos componentes de este sin par conjunto. Es tanto lo que nos aporta que no desearíamos bajar, pero hay que hacerlo, y no por una cómoda senda precisamente, sino por una salvaje sucesión de zetas que ponen a prueba nuestras bisagras y nuestra paciencia. Casi una hora de esa nuestra paciencia, para llegar ya al fondo del valle, donde se nos brinda otro puente para pasar otro río, u otro tramo del mismo río de esta vida. Dos patadas más y la pradera.

            Al final han salido 25,5 km, en 8h 45’, de las que 7h han sido en movimiento. Poco tiempo de respiro nos han dejado estos chicos hoy. Unos 700 metros de desnivel máximo, las continuas subidas y bajadas los han convertido en más de 1.800 positivos acumulados, y los mismos de descenso, en una jornada para la que habiendo pensado no hacer mucho, no ha estado mal. No. Una jornada decimos en la que nos hemos fundido con el paisaje, en buena compañía.





Las fotos, en:
El track, en:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7822900

lunes, 15 de septiembre de 2014

Peña Oroel, y sus tres puntas

IXOS MONS
Peña Oroel
Punta Bacials (1.698 m)
Punta de Sora (1.707 m)
Cruz de Oroel (1.769 m)
Domingo, 14 de septiembre de 2014


            Como un barco varado en el seco mar del Campo de Jaca, a merced de todos los vientos. Esa es la Peña Oroel. Tanta veces vista, tantas veces contemplada, tantas veces subida y bajada, tantas veces tomada como referencia para el tiempo local. Hoy, de nuevo, abordamos esta gran nave, y lo hacemos por estribor, para ir superando en decidida diagonal esa línea de flotación y auparnos a cubierta muy cerca ya de popa recorriendo los cuatro kilómetros de eslora hasta la mismísima proa, una proa que altiva se erige desafiante frente a los vientos dominantes, en una mañana en la que la amenaza de galerna era patente. El buque insignia de Jaca, con suaves pendientes a babor y grandes paredes escarpadas a estribor.

En plena progresión
      En estos términos tan poco montañeros nos manifestamos hoy para contar esta historia tan doméstica para nosotros. Con Sara y Javier nos disponemos a recorrer todo lo largo de la parte superior de esta gran atalaya sobre el Pirineo, que es Peña Oroel. Y lo hacemos tomando el sendero normal que parte del Parador y se adentra en el bosque, comenzando a tomar altura desde el mismo momento de su inicio.

La magia del bosque
             Treinta y tres son las curvas en las que se pliega el sendero. Bien, es en la trece de donde sale uno más estrecho pero bien delimitado y que te sube por lugares más discretos y solitarios hasta la inmensa planicie cimera, pasando por unas zonas en las que se sienten los sollozos de los abetos, que debido a las altas temperaturas y a la baja humedad se encuentran desplazados de su verdadero hábitat, separados de los bosques que se encuentran en latitudes más septentrionales. Los últimos compases del sendero son unas cortas y empinadas zetas que te aúpan a esa gran extensión que es la antecima, habitualmente ocupada por una gran cabaña equina. Estamos en una gran llanura inclinada y en vaguada, orientada al sur. Sin duda, una gran sorpresa y alivio para nuestra vista acostumbrada a trabajar en corto entre el camino del bosque.

Vista nordeste desde Punta Bacials
            Un sur abducido por unos oscuros nubarrones, que no le tiene envidia al norte, que ya los está descargando. A ver cómo nos va. Desde aquí, hay que ir adivinando, porque no hay una traza clara de sendero. Hay que dirigirse hacia el este, hacia unas grandes agrupaciones de boj, para entre ellas ir buscando esta cima este del macizo, llamada Punta Bacials (1.698 m). Si esta nave estuviera en movimiento, estaríamos viendo el rebufo que va dejando, y que no es otro que toda la solana este de esta sierra, debajo mismo de nosotros, y más hacia el norte, la Balancha y la Estrecha, separadas por esos Capitiellos con sus formaciones características de sinuosos dientes de sierra. Para alcanzar visualmente el siguiente macizo, nos tenemos que esforzar para hallarlo entre las brumas. Santa Orosia, Oturia, Sobrepuerto por los cuatro costados.

            Volvemos sobre nuestros pasos hasta el desvío, lo superamos y continuamos, ahora sí, por reducido camino entre erizones, salpicado de hitos, hasta la Punta de Sora (1.707 m), situada aproximadamente a mitad del recorrido, justo antes de unos antiguos neveros, puestos en valor, que se abren a nuestra vista a unos metros más abajo de donde estamos. Se trata de unos viejos depósitos en los que se almacenaba la nieve, que era bajada con caballerías para uso doméstico.



Neveros de Oroel
            Al poco, llegamos ya a encima del collado, al que nos baja un serpenteante y descendente tramo de sendero. Es justo la salida del bosque de la subida normal. Desde aquí tomamos el sendero más cercano a la cresta, para no perdernos nada de lo que pasa por ahí, y que se une al señalizado más abajo en un punto próximo ya a alcanzar la Cruz, donde la suma de piedras por cada caminante han hecho un hito de grandes dimensiones. Llegamos pues ya a esa centenaria cruz que domina todo el Campo de Jaca, y que acompañada por un vértice geodésico, con sus 1.769 metros, es la cima más alta de la Peña Oroel.

Vista oeste
            Aún se puede alargar más la travesía cimera y acercarnos hasta la mismísima proa de esta enorme nave, la punta oeste, desde la que se domina hasta el Moncayo y los Picos de Urbión, si la climatología lo permite. Hoy, no. Lo que sí vemos es desmayarse la Balancha en brazos de la Canal de Berdún, que a su vez lo hace ya sobre las aguas del pantano de Yesa, que tampoco hoy se nos hace visible.

Vista norte
            El norte, el gran norte, lo tenemos ocupado por grandes borrascas que con enormes estruendos anuncian las cortinas de agua que van corriendo de oeste a este. De hecho, uno de esos nubarrones se está situando bien encima de nosotros, pero disimulamos y nos hacemos el despistado, mientras nos retiramos por si acaso. Nuevamente la Cruz y por el camino del fondo de este pequeño valle cimero, nos llegamos de nuevo al collado, para tomar el camino normal de descenso. Y una tras otra, las treinta y tres curvas nos dejan en el Parador.

Cruz y mirador norte
            Hemos recorrido uno de los dos macizos que componen el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, que con sus 9.514 ha, alberga un singular conjunto geológico en estas llamadas Sierras Exteriores del Pirineo, constituyendo uno de los mejores ecosistemas de media montaña. Un agradable paseo, en una amenazante mañana que finalmente nos ha respetado. Poco más de 12 km, en 4h 10’, de las que 3h 25’ han sido en movimiento, para hacer como 600 metros de desnivel, saliendo sobre 800 acumulados positivo, y los mismos de descenso.  




Las fotos, en:

El track, en:
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7800975