martes, 29 de abril de 2014

Atarés - Atarés

IXOS MONS
Atarés - Atarés
Sábado, 26 de abril de 2014


            Otra mañana en la que no nos apetece participar en las batallas meteorológicas de la cabecera del valle, y nos vamos de nuevo a estos montes de San Juan de la Peña. En esta ocasión vamos a hacer el bucle de Atarés a los monasterios. Para ello nos acercamos a esta histórica población, de donde salió Juan, ese mítico eremita primer morador y germen de la vida monacal de lo que luego fue el cenobio pinatense. Seguimos un poco más por la pista, para evitarnos estos cientos de metros algo inútiles, y más pensando que podemos volver chupidos d’aigua.

Antiguas bordas a pie de campo
            Dejamos el vehículo justo en el comienzo y final del bucle, que lo hacemos en sentido contra horario. Barranco del Horcal, que ya lo hemos conocido peor de lo que está ahora, que no está mal. Termina en una pista, que nos permite disfrutar a diestro y siniestro de unos campos de cereal de un verde fosforito, que da gusto verlos. Al fondo, el Cuculo, que ayer se nos resistió. Comienza a gotear, algo que evitamos con el viejo truco de ponerse el chubasquero… enseguida para.

Viejos oficios
            Siguiendo esta pista vamos hasta un puente, que si lo pasáramos estaríamos en la carretera que llega hasta Santa Cruz de la Serós, pero no lo hacemos y nos metemos hacia el sur, por la cabañera que nos deja en una urbanización, justo enfrente de la joyica de San Caprasio, en cuyos alrededores nos recreamos de su factura, datada en los años del románico lombardo, siglo XI, ya casi un milenio de ello. Un estilo que no abunda mucho por la Jacetania, más bien lo hace y con profusión por el Alto Gállego, por la zona denominada Serrablo, aunque antes todo unido como Biello Aragón.

Riachuelo del bco. Carbonera
            Tras el saludo y reconocimiento a esta cucada de ermita, lo hacemos a lo que queda del antiguo convento de Santa María, que albergaba a una comunidad de benedictinas, que terminaron en Jaca en 1555, donde aún se conserva. Tomamos el sendero que se empina hacia los conglomerados del monte. Vuelve a comenzar a llover. Volvemos a ponernos el chubasquero. Pero el truco ya se lo ha aprendido, y sigue, sigue lloviendo. Y es algo que aprovechamos para al llegar al cruce evitarnos subir a los monasterios y meternos por la izquierda, dirección ya de Atarés directamente.

Arranque desde Santa Cruz
             Por caminos de bosque, delicioso bosque, llegamos hasta la carretera. Se acabó lo bueno. Aprovechamos las trazas que marcamos el año pasado para evitar que el Ultra Trail de Cazadores de Galicia pasara por la carretera, por donde está actualmente marcado el GR 65.3.2, que es un ramal del Camino de Santiago que sale del principal en la Caseta del Municionero, junto al Gas, en la carretera de Jaca a Puente la Reina, visita los monasterios de San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós, y se vuelve a unir en Binacua.

           Tocamos tangencialmente en dos ocasiones la carretera y nos metemos definitivamente en el sendero que, primero por bosque y luego por descarnados tramos nos hace meternos por una inestable ladera para evitar un trozo donde el barranco Albor hace suyo al camino. En poco ya salimos a la pista, que nos deja en el final y comienzo del bucle, no sin antes contemplar cómo un puente puede estar paralelo al curso de un riachuelo. Pues sí, en lugar de perpendicular, paralelo. ¿Cuál de los dos se ha movido de su sitio? A saber. 

            Casi 14 kilómetros, en 4h 10’, de las que 3h 30’ en movimiento, con un desnivel acumulado positivo y negativo próximos a los 800 metros. Bueno, pues ya hemos echado la mañana.
  


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Monte de San Salvador

IXOS MONS
Monte de San Salvador
Viernes, 25 de abril de 2014


            Días revueltos, estorbados. Después de mayear en marzo, marcea terminando abril. Pero no nos vamos a quedar en casa, que vamos a ir hacia ese mal tiempo para hacerlo compañero de viaje, y si es peor por los puertos, nos quedamos por las sierras despegadas de la cordillera, por esas sierras que cuando vienen mal dadas también se engalanan como ella, porque la toman como espejo, como modelo a imitar. Hoy nos vamos a la pareja Cuculo – San Salvador.

Sugerentes caminos
            Barranco de Carbonera, a poco más de 3 km de Santa Cruz de la Serós, en dirección a los monasterios pinatenses, nos encontramos un gran aljibe, desde donde arranca la senda, que inmediatamente se viste de bosque, como nosotros. Un bosque que le libera a la vista de emplearse en comprobar el enorme desnivel que se va subiendo, pero que a las piernas no las engaña. Enseguida se cruza un arroyo, que en su momento de gloria, se adueña del camino.

Verdes y más verdes
            Vamos subiendo por entre grandes paredes de conglomerados, y que la profusa vegetación reviste, aunque de vez en cuando nos va dejando huecos por los que nuestra mirada se recrea en la gran variedad de tonalidades verdes que tapizan las laderas de este macizo. Se alcanza el hayedo, que parece solitario. Parece, sólo parece. La empinada cuesta se retuerce imitando algunos de los grandes ejemplares y de sus ramas, que adquieren curiosas formas en busca de las alturas, en busca de la luz. Como nosotros hoy.

Retorcidas formas de
atormentadas vidas
            Se alcanza una vieja pista, y en menos de una hora desde el arranque, el collado de Eretas. Teníamos confianza de que el fuerte viento reinante, se llevara las nieblas en las que está sumergido el Cuculo, pero no es así, de modo que nos tendrá que disculpar, pero para otro rato será. Tomamos dirección sur para dirigirnos hacia San Salvador, espolón oeste del macizo de San Juan de la Peña. Sigue el bosque. El pino royo convive con las hayas, pero tiene las de perder.

           Menos de media hora media para llegar a la pista, y en cuatro pasos más, a la cima de este monte, donde se halla la ermita de San Salvador, azotada por los cuatro vientos… y alguno más. Hacemos una pequeña tregua en su interior, y regresamos sobre nuestros pasos por la pista hasta la salida del bosque, donde la abandonamos para proseguir por el sendero que acariciando la loma nos ofrece extraordinarias vistas a diestro y siniestro, a derecha e izquierda. Por el norte, la Balancha y la cordillera pirenaica; y por el sur, la Galliguera, las sierras exteriores de Guara, Riglos, Rueba…, que dan paso a la Hoya de Huesca.

Caminos por descifrar
            El sendero nos deja en la pista, ya asfaltada, pero al poco nos topamos con un tímido hito que nos hace un guiño. Le seguimos el juego, y entre erizones, zarzas y adivinanzas, vamos viendo cómo no sólo llegamos a la altura del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, sino que lo sobrepasamos. Ante la opción de volver sobre nuestros torcidos pasos, decidimos continuar con su jueguecito, a ver qué nos depara, aunque a cada momento tenemos claro que nos dirigimos hacia el mirador de Santa Teresa. Efectivamente, aquí estamos, ante las ruinas de esta vieja ermita satélite de los monasterios, cuyos dos muros paralelos se encuentran entre un vallado protector, que poco protege. Las pocas piedras que quedan en pie se asoman a los vacíos, a los espacios profundos de la solana, como cuando despedían a aquellas gentes que desde aquí continuaban con la reconquista del territorio.

Ruinas de la ermita de Sta. Teresa
            A partir de aquí, el camino se domestica bastante, llevándonos ya, en dirección contraria a la que traíamos, hasta esa enorme pradera de San Indalecio, donde se encuentra el monasterio nuevo, el centro de interpretación del Espacio Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, y un más que extenso espacio verde que hace las delicias de caminantes, ciclistas y visitantes en general.

          Por un viejo camino ganado a los conglomerados, bajamos al monasterio viejo, donde nos recreamos en hacer alguna fotografía. Y poco más, cuatro kilómetros de carretera median hasta el arranque de esta jornada en el barranco de Carbonera. Algo más de 13 han sido los kilómetros recorridos en 4h 40’, de los que 3h 30’ han sido en actividad, con más de 900 metros de desnivel acumulado positivo, y los mismos de descenso. Todo ello en una mañana con la que hemos hecho las paces en lo meteorológico, mostrándonos al final el objetivo no cumplido, pero así podemos volver otro día.





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La Collarada cuatribarrada

A TUCAS ALBARS
La Collarada (2.886 m)
Miércoles, 23 de abril de 2014



            Tras algún intento fallido, y como no nos gusta dejar las cosas pendientes mucho tiempo, cuatro fueron los mayencos que en el señalado día de San Jorge, patrono de Aragón, auparon su imaginaria cuatribarrada a lo más alto de la comarca de La Jacetania, a lo más alto de la tierra donde comenzó la reconquista, donde comenzó la conquista de las libertades, de los fueros, donde se asentó la cultura y el arte. Ástrid, Josemari, Javier y José Ramón escribieron esta página en su particular conquista con esquís sobre el territorio vertical.

Y esto es lo que nos dijeron al volver:

Peleándose la canal cimera

            El pasado 23 de abril, un pequeño pero decidido grupo de la Sección de Montaña de Mayencos han dedicado tan insigne día de la Comunidad, Festividad de San Jorge, a conquistar el pico más alto de la Jacetania, Collarada (2.886 m).

            Aunque el objetivo era realizar la ascensión con esquís de travesía, por falta de nieve se tuvo que realizar a pie el trayecto desde el Refugio de la Espata hasta el Refugio de la Trapa.


          La mañana amaneció despejada, excepto en cumbre, en donde una niebla persistente impidió disfrutar de uno de los paisajes más espectaculares del Valle del Aragón. La ascensión fue eminentemente sobre esquís, en una nieve bien compactada, pero dócil y con buen agarre para las focas, gracias a los centímetros últimos caídos en los dos días anteriores. En el corredor de acceso al pico hubo que calzar crampones, dejando los esquís listos para un descenso de auténtico disfrute hasta el paso de los Pastores, que conecta con el Refugio de la Trapa.  



Texto de Ástrid
Fotos de los componentes


lunes, 21 de abril de 2014

Tauro evolutivo

TAURO evolutivo
20.abr.14  03:56
21.may.14  02:59
(hola solar)



            Seguimos con la descripción de los rasgos fundamentales de cada signo zodiacal, según la evolución del individuo. Le toca el turno a Tauro, el segundo de la primavera, el segundo del año. Por tanto, tras definir con sendas frases sus arquetipos involutivo y evolutivo, pasamos a dar unas pinceladas de lo más destacado atendiendo al nivel de evolución.



            El Arquetipo Involutivo es: “que se luche sin desmayo”, lema que tiene para aferrarse al camino de lo deseado, que si es de tipo material corre el riesgo de obcecarse y ser víctima de los espejismos materiales, desarrollando su voluntad y su practicidad, llegando incluso hasta hacerse posesivo para no perder lo ya adquirido, iniciando el camino hacia la decepción por los deseos satisfechos y tornando sus anhelos hacia horizontes más vitales. El Arquetipo Evolutivo es: “veo, y cuando el ojo está abierto, todo es luz”. Cuando el individuo llega a este punto, despierta a la aspiración espiritual, subyuga y reorienta las energías de la personalidad para seguir el camino de su propia liberación, utilizando su voluntad ya desarrollada y su metódica organización para auto disciplinarse y trabajar por los demás.


            El Tipo Inferior de Tauro es consumista, tiene la necesidad acuciante de satisfacer deseos materiales. Busca llenar su existencia viviendo sensorialmente la vida, se inclina hacia los placeres, las comodidades, las voluptuosidades. Lleno de deseos digestivos, inclinado a tragar, a engordar. Es posesivo y apegado a las cosas que adquiere, lo mismo que con las personas, por tanto, muy celoso. Conservador e inmovilista, se vuelca en el trabajo que le aporta dinero. Le horroriza la inestabilidad, necesita seguridad para moverse en la sociedad de consumo. No corre riesgos, no es impulsivo, es cauteloso y desconfiado. Es rutinario. Obstinación, perseverancia, dogmatismo, incluso fanatismo, para conseguir lo que desea, y cuando no lo obtiene, se abate en la auto conmiseración, la melancolía, y la frustración. Raramente irascible, pero cuando el ambiente logra su desarrollo se enfurece y se torna peligroso.


            El Tipo Medio de Tauro que ha satisfecho ya sus deseos materiales en anteriores etapas evolutivas, ha trabajado la voluntad y el dominio sobre sí mismo, adquiriendo una gran capacidad de trabajo y solidez personal, que le aporta placidez y tranquilidad, siendo difícil alterar su equilibrio interior. Su tenacidad ya va dirigida a objetivos más elevados. Se muestra fiel y estable entre sus amigos y familiares. Digno de confianza, es honrado y cumplidor con su palabra. Capaz de poner en marcha todo lo que se le encomiende, aunque sea a paso de hormiga, pero con absoluta seguridad. Es muy precavido, no le gusta verse sorprendido por el futuro, lleva mal la improvisación. Necesita construir, crear, edificar, basándose en la planificación, el método y el orden como principales herramientas. Trabajador incansable, con gran sentido del deber y de la responsabilidad, no soportando la pereza ni la ociosidad en los demás. No es amigo del derroche, sin embargo es generoso con sus amigos. La estabilidad y la seguridad las encuentra en el seno familiar. Es dionisiaco, inclinado al disfrute sensorial y sensitivo de las cosas.

            El Tipo Superior de Tauro comienza con una crisis de valores al darse cuenta de que lo material ni le llena ni le satisface, y ese vacío es el que le provoca una aspiración hacia lo espiritual y trascendente. Ya no busca lo mejor para sí mismo, sino que al haber adquirido un sentido grupal, lo hace para la colectividad. Tiene un fuerte deseo de reorientar sus energías subyugando su personalidad en favor de su individualidad, como su propio camino de liberación. Ya es consciente de la vida y de su infinidad de manifestaciones en todos los planos, y de que hay una evolución, regida por un Plan, basando todo su anhelo en la convergencia con él. Esa testarudez del Tauro Inferior se ha tornado en una visión más generosa hacia todo lo creado, especialmente hacia la humanidad, a la que se entrega con un alto sentido de responsabilidad. Una vez que el individuo ha logrado trascender a los deseos de la personalidad, la satisfacción del deseo deja paso a la visión y al correcto enfoque hacia otras perspectivas. Tiene una gran admiración por la armonía y la belleza como manifestaciones de creatividad inspirada por la divinidad.



                Bien amig@s. Así son ell@s y así hay que quererl@s. Muchas felicidades a l@s Taurian@s y que este tránsito os sea propicio a tod@s vosotr@s.

                 
                El orto del sol al comienzo y final de Tauro, es (hora solar):
20 de abril          amanecer 05:29
21 de mayo        atardecer 19:30

                Las lunas de este mes de Tauro, son (hora solar):
·         Menguante, en Acuario                  Martes, 22 de abril, a las 07:53
·         Nueva, en Tauro                             Martes, 29 de abril, a las 06:15
·         Creciente, en Leo                           Miércoles, 7 de mayo, a las 03:16
·         Llena, en Escorpio                          Miércoles, 14 de mayo, a las 19:17


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Fuente del texto: Apuntes de Antroponomía y Vitacultura
Imágenes: Extraídas de diversas web


Monte Oliván 4 x 4

ENTRENOS
Monte Oliván 4 x 4
Sábado, 19 de abril de 2014



            Mientras el tiempo acompañe hay que salir a disfrutar del monte. Y hay que hacerlo de cualquier forma. Hoy toca de nuevo trotar. Pues ahí vamos, al monte Oliván. Y comenzamos saliendo de Jaca por la cuesta de la Esparraguera, para volver a subir hacia el banco de la Salud, porque hemos dicho que hoy hay que hacer cuestas, no?

Los lirios revientan
            Nos metemos en el Camino de Santiago hasta el puente Oliván, para subir por la pista de Serés hasta el desvío de Marcuello, que nos lo encontramos como siempre, aunque cada vez con una piedra menos en pie. Salimos a la pista de Serés y la bajamos, hasta el desvío de la que sube al tubo de la central. Estamos en una buena atalaya sobre el Campo de Jaca, siempre dominado por la Peña Oroel. Los campos, bien nutridos por las nieves invernales lucen sus mejores galas. Reciben blanco y ofrecen verde. Todo está en los genes. Es formidable.

El río Aragón baja mayenco
            Rompepiernas hasta alcanzar los depósitos de la Solana, desde donde descendemos hasta Asieso, ese pequeño núcleo de población del que ya se tenían noticias hace casi mil años, en el Cartulario de San Juan de la Peña, según nos indica el profesor Agustín Ubieto Arteta, que publicó su hermano Antonio, y que tuvimos el gusto de conocer en vida, y que de algún modo revolucionó el modo de ver la historia… la historia de Aragón. Su iglesia de San Andrés, del siglo XII, fue construida para ver pasar a los peregrinos que, saliendo de Jaca, cruzaban el puente de San Miguel.

            Por la que damos en llamar senda de los indios, salimos a la carretera, justo enfrente del cerro de San Miguel, al que subimos también, para bajarlo de tiro ya hasta el puente, y llegar a Jaca a través de la diagonal. Finalmente, en las antiguas piscinas de la cantera, bajo al monumento a la Jacetania, obra del escultor Ángel Orensanz, de la tierra, buena sesión de estiramientos, sobre la hierba, bajo el sol… el emparedado perfecto, tras casi 14 km, con unos 700 de desnivel acumulado de subida y los mismos de bajada.





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Santuario de Hielo en el Valle del Aragón

MONS CON NIEU
Gruta Helada de Lecherines
Viernes, 18 de abril de 2014


           Se dice que el agua es la luz del sol condensada. Pero si a eso le añadimos bajas temperaturas constantes, todavía se condensa más, se hiela, se petrifica, pero a diferencia de la roca que le ha permitido filtrarse, se muestra más clara, más limpia, más transparente. Hay un lugar donde el tiempo se afila en cortinajes de curiosas formas, donde el tiempo se detiene, donde el tiempo se destila lentamente, donde la oscuridad y el silencio son cómplices de un atractivo que no podemos dejar de venir a contemplar. Como si de una peregrinación a los orígenes se tratara, acudimos simbólicamente al útero de estas calizas montañas, acudimos al santuario de hielo del valle del Aragón, acudimos… a la Gruta Helada de Lecherines.

Barranco de los Meses
            Hay que madrugar para no encontrarnos mala nieve, sobre todo a la vuelta. Algo pasadas las siete y media, partiendo de Canfranc, emprendemos la subida por el barranco de los Meses. La mañana está fresca, buena. Nos adentramos por un bosque que despereza y que contagia buen rollito. Llegamos a la pista que de Villanúa sube a Gabardito, y la seguimos. Fuente de los Abetazos, a la que le presentamos nuestros respetos. Bien puesto el nombre. En una hora nos presentamos en este paraje de Gabardito, aunque hay quien lo llama el de las praderas de Heidi, que desde que no están sus rebaños están desapareciendo pasto de los erizones, los cardos y las roseras silvestres. Lástima.

Por el bosque
            Cruzamos el barranco de Aguaré y nos metemos de nuevo en el bosque, pasando ya por los primeros neveros. El monte está generoso, muy generoso, y lo demuestra lo crecido de los barrancos, que no hacen fácil el paso por algunos sitios. Al salir de nuevo a cielo abierto, el panorama que se nos abre a la vista es espectacular. Lecherines, Tortiellas y su cordal ante nosotros, dándolo todo. La presencia ya constante de nieve a la altura de la majada nos recomienda el uso de crampones. Pronta está ya la llegada al tubo que nos conducirá al gran sumidero donde se aloja la entrada de la gruta.

            Casi hora y media de un lento, pero disfrutón ascenso median hasta él, a través de una empinada cuesta que nos ofrece algún rellano intermedio para darnos resuello. En el último tenemos el desvío para subir por la derecha al llamado paso del Sarrio, que tiene la llave para cruzar por Estiviellas a Canfranc Estación. Pero eso será en otro momento, eso será cuando se vayan las nieves que hacen peligrosa la aérea travesía. Tomamos ya la última rampa, que por la izquierda nos deposita en ese gran plató, en ese gran sumidero que alberga la entrada de la cueva.



Desde el interior de la cueva
            Sólo con haber llegado hasta aquí, sólo con asomarnos al interior, ya daríamos cumplida cuenta a nuestros deseos. Pero no nos conformamos con ello, con cuidado vamos bajando por las huellas dejadas en la nieve por anteriores visitantes. El desnivel es importante. Una vez abajo, el silencio y el tiempo detenido te engullen. Nos encontramos unas columnas de hielo que destilan la nostalgia del invierno en una adelantada primavera, y que el capricho de las filtraciones y de las corrientes de aire ha diseñado unas formaciones únicas e irrepetibles. Con el mismo origen, el agua, las circunstancias externas cambian el resultado. Son leyes inmutables, y que afectan a todas las manifestaciones de la vida. Sí, a todas. Las formas cambian, la esencia no. Las formas desaparecen, se transforman, la esencia no. Es formidable la lección que nos da siempre el Gran Libro de la Naturaleza Viviente.



            Mediodía de reloj. Bocado, trago y a desandar lo andado. La nieve está totalmente transformada, lo que hace más cómodo el descenso. Parada a quitarlos los crampones donde los habíamos puesto, y a continuar el regreso. Tras pasar por el gran plató de la majada, nos metemos de nuevo en el bosque, que nos da un respiro de nuevo en Gabardito, para volver a dejarnos engullir por él hasta dar con nuestros pasos en Canfranc.

            Casi siete horas, de las que algo más de cuatro y media han sido en movimiento, para recorrer los casi 17 km, con 1.550 m+ y lo mismo de descenso, en una mañana que nos ha permitido tratar de tú a los hielos cavernarios del alto valle del Aragón, en el dominio de Lecherines, y que recomendamos visitar antes de que desaparezcan un año más.




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http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6635317

Rapitán, Ipas, Bergosa

ENTRENOS
Rapitán, Ipas, Bergosa
Jueves, 17 de abril de 2014



            Para que no se nos olvide el oficio de trotar, hoy toca quedarnos por la redolada. Viejos amigos, viejos montes, buena compañía. Ya lo tenemos todo. Adelante.

            Salimos de Membrilleras por el sitio más cercano por el que nuestros pies no pisan asfalto. Subimos a la corona de los Cuervos. Cruzamos unas vías de tren que añoran tiempos pasados, y que claman mejor futuro. Variante, rotondas de la fuente de la Mora, urbanización del hospital, y ya nos encontramos al pie de la carretera que sube a Rapitán, a
Campo de Jaca
285 metros de desnivel por debajo de él. Un desnivel que nos disponemos a solucionar subiendo por el sendero que va haciéndole guiños a las lazadas de esa carretera, y que en menos de veinte minutos vestidos de bosque nos deja en la caseta que alberga nuevas imágenes de viejos momentos, unas imágenes que rememoran diversos pasajes de la construcción de este fuerte de Rapitán, hace poco más de un siglo con vocación de refuerzo a la Ciudadela.

            Respiramos el aire fresco. La luz pone en contacto el Campo de Jaca con nuestras ávidas miradas que escudriñan el espacio buscando referencias que identifiquen el territorio, un territorio que tejemos de arriba abajo y de derecha a izquierda. Por donde el sol se va damos la vuelta al fuerte, para dar vista a ese valle del Aragón, que los hielos cuaternarios han hecho bello y profundo.

Viejas casas en Bergosa
            Un siempre delicioso trote por el quejigar, acariciando la loma del monte, nos asoma al barranco de Ipas, a cuyo seno bajamos, para volver a subir inmisericordemente, por entre duras y durísimas rampas, hasta el collado, donde acariciamos la tentadora idea de tomar la loma de Claraco como vía de escape, pero nos hacemos los fuertes y seguimos por la pista que faldea el Albarún hasta dar con el sendero que abandonando la vocación trepadora de aquella, continúa hasta Bergosa ya sin apenas desnivel.

            Bergosa. Qué decir que no hayamos dicho ya. Qué decir de uno de los cientos despoblados con los que estas montañas cargan a sus espaldas. Pesada carga. Visita obligada es a la fuente, y a lo que queda de la iglesia, que en sus tiempos rezaba a San Saturnino, y que lo sigue haciendo, pero tan sólo una vez al año, cuando los hijos del pueblo vienen a decirle al santo que aún se acuerdan de él.

Altar mayor de la iglesia
            Tomamos el sendero que nos baja hasta el canal, las vías del tren y el Camino de Santiago, al que llegamos a la altura de Bergosilla. Puente Torrijos y seguimos por esa cabañera ruta jacobea, que nos lleva ya hasta Jaca, pasando por la ermita de San Cristóbal, y su precioso puente de piedra. Cuestarrón hasta llegar al banco de la Salud, en un extremo de la Cantera, ese emblemático paseo de la casi milenaria ciudad de Jaca, balcón del valle, de un valle dominado por la Collarada, que aún luce las blancas galas que el invierno le ha regalado.

            Casi cuatro horas de unos estimados entre 16 y 18 kilómetros, entre los que hemos subido y bajado montes, y hemos contemplado la luz entre unos y otros. Unos montes deseosos de habernos acogido, y nosotros también de serlo por ellos. Volveremos. Sin duda.




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Arco Norte de Sobrepuerto

IXOS MONS
Arco Norte de Sobrepuerto
Martes,15 de abril de 2014


          Se dice que una persona, una tierra, aunque muertas, siguen vivas si viven en ti. Una vez más rescatamos del olvido a estas tierras del Arco Norte de Sobrepuerto, porque aunque muertas no queremos que mueran, aunque vivas queremos que vivan. Volvemos a visitar esta isla desierta en un océano de erizones, este barco varado en una tierra que muere en su agonía, estos parajes maltratados por la historia reciente, estos pueblos con el alma destrozada, con el corazón constreñido, con el cuerpo arruinado, que hacen que todos los días sean jornadas de puertas abiertas. Puertas abiertas para todos aquellos que quieran escudriñar sus calles desdibujadas, sus casas espaldadas, su dignidad pisoteada.

Cordal del Manchoya, con el
más cercano Manchoa
            Otal es uno de los despoblados de estos tristes montes de Sobrepuerto, quizá el más norteño, quizá el más alto, quizá el más importante, y el que vuelve a sentir ese cosquilleo en el estómago, esa sensación de primavera, esa sensación del querer, del sentir. Su agónica iglesia, casi milenaria, de San Miguel está en el punto de mira de una próxima restauración, que va a intentar restablecer su glorioso pasado, su orgullo, su dignidad, su porte, que el abandono y el olvido, como las barzas, han ido fagocitando con el paso del tiempo, pero que nunca sus nuevas piedras podrán aportar lo que han dejado de dar las viejas.

Pastos de puerto
            Partimos de la boca E del túnel de Cotefablo en una mañana que a estas alturas del año todavía no nos merecemos, pero que acogemos con gratitud y con muchas ganas de disfrutar de ella, por algo se nos brinda. Tomamos el PR-HU 117, una de esas cremalleras que cose y descose este viejo tejido que se alza entre esas dos grandes venas como son un Ara y un Gállego, que serán fieles a su tierra hasta la muerte, que la del primero será en un Cinca que ya de mayor traicionará esa fidelidad, y la del segundo se mantendrá hasta el mismísimo padre Ebro.

            Alcanzamos el puerto, que hace de divisoria entre las dos cuencas mencionadas, muga entre las comarcas de Alto Gállego y Sobrarbe, para dar un giro hacia el sur y encaramarnos al cuello del Pelopín, subiendo a este monte a rendir cuentas, y a demostrarle nuestra fidelidad al territorio. Una blanca cordillera se abre ante nosotros, con unas blancas también puntillas que se entretejen con el verde color del pasto, y que las altas temperaturas de estos días repliegan con celeridad hacia sus cuarteles de verano.

Gran hito en la cumbre del Manchoa
             Bajamos al collado de Yosa, donde nos encontramos con esa nueva señalización que emana del Decreto de Senderos Turísticos de Aragón. Estamos en el GR 15, en una senda que sabe a ribera del Ara, y que busca unos nuevos puertos que la refresquen. Pero antes de seguirla no paramos de mirar con el rabillo del ojo a ese Manchoya, próximo ya a cerrar por el este, que junto al Erata, también próximo a hacerlo por el oeste, tensan el que damos en llamar Arco Norte de Sobrepuerto, y que hoy estamos recorriendo para darle una nueva oportunidad de supervivencia en la memoria.

            Pero no, no llegamos hasta el Manchoya, se nos antoja un tanto lejano para la faena de hoy, el que sí abordamos es el Manchoa, su hermano pequeño, algo más próximo, y coronado por un enorme hito de lajas muy bien construido. De nuevo al sendero, que nos lleva hasta Otal, atravesando el barranco de Artosa, una de las grandes venas por las que se desangran estos montes que hace unas décadas iniciaron un nuevo ciclo de su vida que aún no han terminado de asimilar.

Entramos a Otal
            Otal es uno de esos despoblados, como otros tantos cientos y cientos repartidos por toda la geografía pirenaica oscense, con distinto origen, pero con un final muy parecido, que no es otro que el de montones de piedras, montones de amasijos, montones de accidentadas tumbas que entierran, que encierran historias, vidas y muertes de gentes que nacieron, vivieron y murieron entre sus muros. ¿Quién fue el último que nació aquí? ¿Cuándo su bautizo? ¿Y la última boda? ¿Y el último entierro? ¿Y quién te cerró los ojos antes de marchar entre las brumas del último otoño? Nos llegamos a la iglesia, a lo que queda de ella, donde están guardadas todas las respuestas. Una pausada visita por su interior y exterior no es suficiente para arrancarle sus secretos. Ahí se quedan unos y otros, junto a esas piedras que esperan la paleta restauradora, junto a esas tumbas amorradas, junto a sus recuerdos de niñez, de juventud, de madurez, de senectud, y de una muerte que nos resistimos a certificar.

           
Viejas casas, viejos horizontes
Cada paso que damos, cada piedra de sus calles tiene algo que decirnos, pero que no somos capaces de entender. Aun así, insistimos en la visita. Hay unas casas más en pie que otras, con sus interiores que el tiempo desnuda sin rubor, sus corrales, sus pozos, que evidencian una actividad que decisiones lejanas han ahogado despiadadamente. Casa O Royo, la que más se resiste a dejar esos oscuros tiempos, que se aúpa para vivir en el presente, y que lo hace gracias a la caridad de algún transitorio morador que se curra su mantenimiento.

Viejos oficios
            Un bocao y trago median entre nuestra llegada, nuestra salida y nuestro rumiar entre los entresijos del tiempo. Continuamos nuestro deambular por estos parajes que se alegran de nuestra visita, poniendo la vista de nuevo en el cordal que sólo hemos abandonado para hacer acto de presencia entre estos montones de piedras que no paran de crecer, en los que se convierten los despoblados de Sobrepuerto.

Nos asomamos al pasado
Como saliendo del reseco útero de estos montes, alcanzamos un nuevo y nevado collado, desde el que volvemos a dar vista a la cordillera pirenaica, que con algo de envidia anda atenta a nuestras andanzas por estas sierras menores, pero que tiene que entender que amándolas a éstas es también una forma de amarla a ella. Casi media hora de cresteo hasta llegar a otro collado. Llegarnos hasta el Erata no es obligado, pero nos lo tomamos como si lo fuera. Hay que tensar bien el arco, y es lo que hacemos visualmente antes de regresar al cuello anterior para retomar el sendero. Unos collados estos, por donde entran los fríos y desgarradores vientos que han helado el alma de estos pueblos.

Subiendo al puerto 
            Nos vamos encaminando ya hacia nuestro destino de hoy, Yésero. A nuestros pies, el barranco que alberga los todavía vivos Espierre y Barbenuta, que milagrosamente resisten el paso del tiempo. Cruzando todavía algún nevero que se conserva en los paquizos, y que añora el invierno que parece que ya se ha despedido hace algunas semanas, vamos bajando por entre tasca por el lomo que divide estos dos barrancos, siendo el del norte, el de nuestra derecha bajando, por el que debemos de optar. Y lo hacemos metiéndonos ya de lleno en un bosque que tanto tráfico lícito e ilícito habrá visto pasar por sus espesos intestinos, y que tardamos en atravesar como casi otra hora más de marcha. La última de ocho, de las que cinco en movimiento, con sus 17 km, ascendiendo 1.250 metros acumulados, y descendiendo 1.460, en una jornada amarga por haber participado de la amargura, pero luminosa por haber participado de la luz, hundido en sus piedras, en sus barrancos, pero aupado en sus crestas y cuellos, habiendo disfrutado por haber puesto una nueva chincheta en nuestro particular mapa desplegado sobre el territorio, y que nos unirá a él mientras perdure en la memoria.





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lunes, 7 de abril de 2014

Ruta de las Ermitas de Sta Orosia

IXOS MONS
Ruta de las Ermitas de Sta Orosia
Yebra de Basa
Sábado, 5 de abril de 2014


            En esto del discurrir por las montañas hay algo que nos da vértigo, verdadero vértigo, y no son precisamente los abismos, no. No lo son. Lo que más tememos es al andar sin pasar, al mirar sin ver, al oír sin escuchar, al tocar sin sentir, al querer sin amar, en definitiva.

Fuente de la santa
            La esencia de la vida son los intercambios. Sí, la vida es un puro intercambio, y eso no es otra cosa que un tomar y dar. Hoy hemos elegido esta ruta por eso porque tiene especial relevancia ese dar, ese renunciar a algo. Hoy vamos a lomos de la historia, a lomos de la tradición, a lomos de la leyenda, porque abordamos una ruta atractiva y pintoresca donde las haya. En una tierra forjada a espada, en una tierra forjada con sangre y lágrimas, en una tierra de abismos históricos y geográficos, hay un monte de tres caras. Una se mira hacia los interiores de las castigadas tierras del Sobrepuerto, y las otras dos están regadas por las aguas del Basa y del Gállego, al que rinde. Estamos hablando de los puertos a los pies del monte Oturia. Estamos hablando del monte de Santa Orosia.

Capilla de Arrodillas
            Aunque no lo parezca, los tiempos no han cambiado tanto. Cuando no se puede vivir de lo natural, hay que hacerlo de lo sobrenatural, y para eso, la tradición ha estado siempre muy atenta, muy ocupada. Se dice que Orosia era una princesa de lejanas tierras, que en el siglo VIII vino a España a casar con un príncipe visigodo. A su paso por los Pirineos con su gran séquito, fue descubierta por las tropas islámicas, que a la sazón comenzaban a conquistar la península, algo que ignoraban. Aben Lupo, cabecilla de las tropas que la interceptaron, se enamoró de su juventud y belleza, queriéndose desposar con ella. Orosia, por no renegar de su fe cristiana, se negó, siendo entonces sometida al terror de ver cómo decapitaban a su hermano y tío que con ella viajaban. Se reforzó su negativa, y es algo que colmó la paciencia del sarraceno, que terminó por martirizarla y decapitarla.

Endemoniados (rondadors.com)
            Ahora, las noticias se difunden casi antes de que se produzcan. Antes, no. Este caso tardó trescientos años en darse a conocer al pueblo. Y lo hizo a través de un pastor en las cercanías de Yebra de Basa, quien encontró su cuerpo incorrupto en una cueva, unas reliquias que el recién creado cabildo de la catedral de Jaca reclamó para sí, reclamó para su gloria, encontrándose con la oposición de los habitantes de este pueblo. La solución de semejante conflicto de intereses encontrados fue la de que el cuerpo fue a parar a la que comenzaba a ser la capital del reino, y la cabeza se quedaría en Yebra.

            Desde entonces, su fama se vio acrecentada por la creencia popular que le atribuía especiales poderes para el tratamiento de los endemoniados. Se venera su culto el 25 de junio, y es fiesta grande en las dos localidades, pero es en Yebra, es en torno a Yebra, donde más huella ha dejado en el territorio, con un rosario de ermitas y capillas que marcan el itinerario hasta o puerto, donde el 25 de junio de cada año se reúnen cientos de romeros y cruces de decenas de pueblos de la redolada, para dar culto a la santa.

Evocadores caminos
            Sumidos en esos caprichosos pliegues de la historia, comenzamos una ruta por estos montes envueltos en ese halo de tradición, misterio y santidad, en una mañana de pura transición en lo meteorológico, pasando de fuertes lluvias en los días precedentes, a otros de forzado ambiente veraniego. De la mano de Santa Orosia arrancamos justo donde la carretera vieja entra al casco urbano, arrancamos, decimos, en la ermita de Langusto. Cruzamos el barranco y nos metemos por entre las margas, que también como pliegues del terreno, nos acompañan hasta bien entrados en el monte, donde nos encontramos la capilla de Escaroniellas, abierta al barranco de Santa Orosia, formado por el milenario discurrir de las aguas que del puerto bajan.

Interior de la ermita de la Cueva
            Seguimos por el bien marcado camino, y nos encontramos otra capilla, que en realidad es una pequeña construcción en torno a una gran piedra con unas concavidades, en las que se dice que la santa posó sus rodillas, llamada por ello de Arrodillas. Obligado es cruzar el barranco, que lo hacemos por un rudimentario, pero suficiente paso de tablas cruzadas en dos troncos.  El sendero, ya por la margen izquierda, está salpicado de paneles informativos de su fauna terrestre y avícola, de su flora también.

Cascada de la cueva
            Tras un tramo de más duro desnivel, poco a poco vamos tomando contacto visual con ese gran salto de agua, más calmado en tiempos de estiaje, pero que ahora se torna más vivo que nunca, al expulsar al vacío esas aguas que los puertos ya no pueden retener. A cada paso que damos, se va acrecentando su grandeza, y las joyas rupestres que hay tras su velo. Llegamos ya al núcleo central de este itinerario de ermitas y capillas en torno a este sagrado territorio. Llegamos ya a las paredes de conglomerados que albergan a las ermitas de la Cueva y la de San Cornelio. Llegamos, decimos, a la mayor estación de esta ruta orosina, y no es tanto el culto a la santa como el reconocimiento a los cientos, a los miles de personas que a lo largo de los siglos ha atraído hasta aquí. El respeto a esas personas, a sus creencias, a su devoción, es algo de lo que estas piedras están impregnadas.



            De todo ello queremos participar, pero antes, mucho antes, que esos romeros, que esos acompañantes, que esas cruces de todo el territorio comenzaran a pasar por aquí, llenando de contenido esta ruta, la tierra, el agua, el aire y la luz, que hoy contemplamos ya se conjugaban armoniosamente en torno a estas cuevas que los conglomerados propician, y que por una de las fajas que forman nos dejan paso para continuar nuestro ascenso, en el que nos encontramos otras dos ermitas, la de San Blas primero, y la de Santa Bárbara después.



              Alcanzamos ya la cornisa donde la piedra deja paso a la hierba, a la tasca del puerto, donde tenemos otra capilla, la llamada O Zoque, junto a una cruz cuya mirada busca a su hermana mayor de Oroel, al final del monte de suave pendiente oriental. Esta cruz, de Santa Orosia, como no podía ser de otra manera, goza de la extraordinaria visión de la Balancha y de la Val Estrecha, ambas separadas por los Capitiellos. Una visión que el sol bien conoce en su diario caminar de este a oeste.

Caminos de cielo
           Estos montes, estos puertos, hoy en día tienen la vocación de integrarse en un por declarar espacio natural protegido, aunque dicho proceso esté pendiente del impulso correspondiente para poner de acuerdo a todas las partes implicadas, y que bien podría ser la prolongación oriental del ya existente como Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel, de cuya formación geológica participa.

            Aquí tenemos la joya de la corona. Aquí tenemos el santuario de la santa, donde según la tradición fue martirizada, justo en el lugar donde una fuente de tres caños nos lo recuerda. De tres caños y de tres caras, de las que surgen unas aguas que prisa tienen por volver, pero que antes han de sacrificarse despeñándose frente a las cuevas, su historia y sus creencias.

Ermita de Santa Bárbara
            Puertos de entrada a las malditas, a las mal decidas durante unas décadas, tierras del Sobrepuerto, a caballo entre las grandes cuencas del Ara y del Gállego, entre el Sobrarbe y el Viello Aragón, aquí donde las gentes marcharon con lo puesto, llevando y dejando partes iguales de soledad y amargura, de incomprensión y de abandono, de rabia y de impotencia, que es algo que todavía se masca cuando penetras en sus valles, en sus pueblos sin alma, en sus casas de corazón arruinado. El monte Oturia sabe mucho de eso, ha visto mucho de eso, conoce mucho de eso. El monte Oturia domina estos puertos. El monte Oturia también venera a la santa, que poco pudo hacer por evitarlo.

La Balancha, entre el cielo y la tierra
Nos quitamos el virtual traje de romeros para volver sobre nuestros pasos desandando lo andado, para descender y pasar de nuevo por ese rosario de ermitas rupestres y capillas que recuerdan otros tiempos, pero que los actuales habitantes de estos lugares no están dispuestos a dejar en el olvido. Ha sido una mañana rica en sentimientos y evocaciones, rica en el disfrute de unos montes como tantos otros, pero distintos por su significado, por su simbolismo, porque en ellos están puestas las miradas y el corazón de cientos de personas que vibran con ellos.

            Cinco horas y cuarto, de las que tres y media han sido en movimiento, para hacer los más de 13 kilómetros que estos montes y sus recovecos nos han obligado a hacer, superando en torno a 850 metros de desnivel positivo acumulado, en una mañana diez. Totalmente recomendable.





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