martes, 29 de octubre de 2013

XV Día del Senderista

ANDADAS
XV Día del Senderista
Sabiñánigo
Domingo, 27 de octubre de 2013




            La montaña es algo grande, pero más si cabe la hacen jornadas como ésta. Un nuevo Día del Senderista, y ya van quince, se ha organizado en Aragón. Impulsado por la FAM, ha sido organizado en esta ocasión por los Grupos de Montaña de Sabiñánigo (GMS), que se han esmerado por ofrecernos 5 rutas cercanas a la capital serrablesa, con la intención de dar a conocer su rico patrimonio natural salteado por esos pequeños núcleos de población, en los que verdaderos héroes de este tiempo resisten contra viento y marea siguiendo con las labores tradicionales de los pueblos de montaña. Unos pueblos, los de esta zona, con un riquísimo patrimonio arquitectónico compuesto por esas iglesias románicas de porte mozárabe.

Iglesia de San Juan Bautista, de Allué
          Varios cientos de personas, venidas de todos los confines de Aragón, son congregadas en el polideportivo de Puente Sardas, para dar comienzo a esta jornada de convivencia por excelencia entre las gentes que practican una de las muchas facetas del montañismo que es simple y llanamente la de andar. Sí, la de andar por los caminos. Unos caminos de viejo, la mayoría rescatados del olvido y de las barzas para deleite del caminante.

            Optamos por la Ruta 1, que sin pretenderlo es la más larga. Aun así y con todo, son poco más de seis kilómetros que la mayoría de ellos coincide con el itinerario de regreso de la Puyada a Oturia. Nos lleva el autobús hasta la entrada a la pista que sube a Allué, una subida que ya hacemos andando, disfrutando de una mañana extraordinaria, una de las últimas de este postrero veranillo.

El pueblo, visto con los ojos del tiempo
            Llegada al pueblo y tiempo para echar un bocado, con visita obligada a la parroquial de San Juan Bautista, del siglo XII. Como relata el maestro Antonio García Omedes, en su http://www.romanicoaragones.com/0-Jacetania/99002-Allue.htm: “El templo corresponde cronológicamente a un momento de mediados del XII. En principio fue de nave única, orientado y rematado al este por ábside de tambor. En el XVII sufrió una notable reforma, como tantos otros. Fue demolido su muro sur, sustituyéndolo por un amplio arco de medio punto que lo comunica con la nave alzada al lado sur del templo que de esta forma amplió de modo notable su capacidad. También recibió capilla lateral al norte de la nave y un atrio que abre al cementerio y bajo el que se cobija la portada fechada en 1690 en su dovela clave. En la misma luce el Agnus Dei que lo identifica como propiedad del monasterio de San Juan de la Peña”. Una reseña, como todas, magistral, y que remata como no podía ser de otra manera, con un convincente “Merece la pena visitar el lugar. Su iglesia. Callejear por su reducido caserío. Saborear la arquitectura tradicional, sus chimeneas…”.

Subiendo por las margas
            Tras disfrutar de estas piedras maravillosamente ordenadas y que tanta historia tienen, seguimos a lo nuestro, que es participar de esta actividad y de esta mañana que se nos ofrece. El sendero discurre por los cantos de campos, comido por los modernos arados, subiendo y bajando barrancos y atravesando margas, tan características por esta zona. Finalmente, es el bosque el que nos protege del calor del mediodía y que nos va entregando a una variante del camino, para paliar el destrozo hecho por la construcción de la nueva autovía, y que con acierto han resuelto.

Hogar típico, con su cadiera
            Llegada al polideportivo, y visita obligada al Museo de Artes Populares de Serrablo, en el que una hora de recorrido nos transporta uno, dos siglos, en el tiempo contemplando cantidades ingentes de objetos, artilugios, imágenes, recreaciones de la vida de aquellos años en los pueblos de Serrablo, pueblos del Sobrepuerto, que con el lacrimal seco quedaron hace décadas abandonados por la desidia y el menosprecio para con unas gentes que tuvieron que dejar allí sus raíces y marchar con lo puesto a las ciudades, a las jaulas de las ciudades. No os perdáis la visita al museo: http://www.serrablo.org/museoartespopulares.

            Cerca de seiscientas personas comiendo es el punto final de esta jornada de convivencia, culminada por unas palabras de los presidentes de GMS y de la FAM, en las que agradecen la asistencia y ponen en relieve que jornadas así son las que hacen grande la montaña. Por si no lo fuera lo suficiente. Añado. Una mañana bien empleada, en definitiva.



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lunes, 28 de octubre de 2013

Lecherines, bailando con nieblas (fallido)

AQUERAS MONTAÑAS
Lecherines, bailando con nieblas (fallido). 
Sábado, 26 de octubre de 2013



            Unas veces tiene voz dulce y seductora, otras no tanto. De cualquier modo, nunca debes rechazar la llamada de la montaña. En esta ocasión se ha servido de la voz de un tocayo que, como dice él, anda con rehabilitaciones activas. No sé, es algo muy raro, porque ponerse a hacer cosas para probarse a ver si las puede hacer… pues eso, que es algo muy raro, pero como es una opción como otra cualquiera ahí hemos estado para acompañarle en esta terapia a cielo abierto… al menos hasta que nos metemos en nieblas.

Explosión de color
          Con Josemari, Javier y Sara formamos el comando de hoy. Un comando que sale ya de Jaca con una idea muy clara, la de ir al mundo Lecherines, para subir el pico Lecherines. Para ello nos situamos en lo más alto que nos permite la carretera del valle de Aísa. Saleras, se llama el paraje, y nos dirigimos hacia una de las dos cabeceras de este valle, la oriental. Nos dirigimos hacia Rigüelo.

            Los primeros compases gozan de la transformación cromática que nos ofrecen esas especies de árboles que se mudan de ropajes, que dejan esos elementos aéreos que ya no van a utilizar porque su vida se repliega en la parte más interna del ser, en sus catacumbas, en sus criptas, en sus tripas, en sus raíces, donde va a hacer una labor callada, cuyo esplendor veremos de nuevo cuando comience otro ciclo. Los árboles, pues, bueno, algunas especies, no todas, como algunos animales, no todos también, hibernan, prefieren el recogimiento y no exponerse al frío invierno. Eso es algo que nuestros antepasados, y no tan lejanos, también sabían. Era tiempo de encerrar el ganado y de puchero en el hogar. Esa gente sabía, porque estaba en contacto con el mundo natural, y vivía con él, vibraba con él. No así en la época actual del Plasticoceno. Que me pierdo.

Espléndido Saleras
            Subimos, decimos, dirección a Rigüelo. Alcanzamos el GR 11.1 y lo cruzamos en dirección a la Garganta de Aísa, aunque poco trozo, ya que la dejamos a nuestra izquierda, para tomar ya la fuerte pendiente que sube hacia el collado de Rigüelo, un paso entre el pico y los mallos, que da vista al mundo Gabardito y al Valle del Aragón, pero eso será más tarde, primero hay que llegar al collado.

            La mañana está muy poco hospitalaria, como que no quiere que se la moleste. Anda en sus cosas, que son ya las de invierno, aunque por el fondo de los valles esté aún dando coletazos el verano.  

Camino del collado, con la
única vista de los mallos
            En dos horas desde Saleras alcanzamos el collado que, como ya nos iba anunciando, está intratable. Las nieblas nos ocultan la progresión hacia el pico, y con resignación tomamos la decisión de bajarnos. Pero lo hacemos por la vertiente SE, a pesar de que no vemos un pimiento. Intuimos el camino, sólo eso. Así es hasta que pasamos el límite de las nieblas, que ya con total visibilidad se nos abre un tremendo patio sobre el Valle del Aragón, con el refugio López Huici ya a la vista, y al que hemos de dirigirnos.

            Lo sobrepasamos y alcanzamos el collado de la Madalena. Sobre el GR 11.1 bajamos ya por Rigüelo, haciendo productiva la mañana, con una recolección de setas para el consumo. Un verdadero deleite gastronómico.





El reportaje completo de fotos, en:

martes, 22 de octubre de 2013

En busca del Arca perdida y cordal de los 2.000... vientos

AQUERAS MONTAÑAS
En busca del Arca perdida y 
cordal de los 2.000... vientos
Lunes, 21 de octubre de 2013



            La vida es una continua búsqueda. La búsqueda del camino, de la tranquilidad, de la paz, del amor, de la felicidad, sin olvidar la del trabajo, claro… y luego están las otras cosas, las llaves, la cartera, las gafas, el belén… ¿el belén? Sí, el belén. Estos chicos de Mayencos, hoy ya bastante mocetones, no han tenido otra ocurrencia en los últimos cuarenta y cuatro años que la de subir en las vísperas de Navidad un belén a un pico del Pirineo, cada año al que se les ocurría… pero claro, otra cosa es bajarlo.

La Peña Forca de circunstancias
            El año pasado, un grupo de Mayencos compuesto por seis personas, tres calzándose esquís de montaña y los otros tres raquetas, trasladamos el belén montañero al pico Lariste, y como hizo un tiempo infernal no se pudo depositar en la misma cumbre, siendo los esquiadores quienes lo dejaron en un lugar cercano. http://chematapia.blogspot.com.es/2012/12/el-belen-de-lariste.htmlA estas alturas todavía no habíamos tenido ocasión de ir a recogerlo, y este lunes hemos sido Fernando y yo mismo, dos de los raquetistas de entonces, los que hemos ido en su busca. Tarea harto difícil, por no saber dónde estaba exactamente, por haber sido depositado sobre posiblemente bastante más de un metro de nieve, y por haber pasado ya diez meses. Es por eso que llamamos “En busca del Arca perdida” a esta embajada.

Subiendo al Lariste
            Pues allá que vamos. En una mañana marrón en lo vegetal y en lo meteorológico, nos presentamos en la Mina, para dirigirnos por el barranco de las Foyas hacia el Lariste, tratando de rememorar los pasos perdidos hace diez meses por un paisaje blanco, que no tiene nada que ver con éste. Con la amenaza constante de las nieblas, vamos acertando en el itinerario de ascenso, colocándonos sin demasiado esfuerzo debajo mismo del pico, de notable prominencia. Nos asomamos al collado que forma con el Marmida, y nos ponemos a buscar en una amplia y alta zapata rocosa que tiene la arista. Complicado, muy complicado.

Valles de Lescun
     
            Nos encontramos con una pareja de franceses, veteranos ellos, que vienen del Puerto del Palo y se dirigen a donde nosotros. Les comentamos lo del belén por si lo hubieran visto… pero no. Subimos juntos al Lariste (2.168 m), y en la subida vemos una pequeña formación que destaca sobre el terreno en la arista por cuya base hemos pasado. Demasiado regular para ser una piedra. A la bajada miraremos.

Luchando contra los elementos
            Las nubes se sujetan, pero el viento sigue infernal. En la vertiente francesa, la vista sobre los valles de Lescun es impresionante. Un breve reconocimiento de los horizontes, dificultado por todo el frente nuboso, y para abajo. Pasamos por esa arista… et voila, el belén! Bueno, los restos, porque está roto por los cuatro costados. No nos podemos creer el haberlo encontrado. Fotos periciales del siniestro, recogida de lo que queda de él y seguimos la ronda por todo el cordal.

Restos del belén
            Al emprender la subida al segundo del día, el Marmida (2.079 m), nos encontramos con los franceses y sus viandas. Claro, es la una, ya van tarde… Echamos un bocado con ellos y subimos esta otra tachuela. Mismo paisaje. Mismo viento. Para la siguiente ya pasa Fernando, que se va directo al Puerto del Palo, donde me espera. Mientras tanto, nos asomamos a esta tercera de hoy, el Cotdoguy (2.025 m), como para acordarse… Y bajada en busca de Fernando.

-                 Pues habrá que subir al Burck, no? Tanto me has estado hablando de él…
-                             - Bueno, yo aquí te espero, al abrigo.

-                          Vale, dejo la mochila y a ver si subo en dos patadas. Total son 150 metros de desnivel nada más.

El último objetivo, el Burcq
            Pues eso, otra vez para arriba. Cómodo camino al principio, con una pared rocosa que se salva por una ancha chimenea, y unos cuantos bolos más te llevan a esta otra cima, que con sus 2.110 metros, vigila este milenario paso por el este. Pues sí, la pequeña caseta que nos habían dicho los franceses que había en la cima, aquí está. Enseguida para abajo. Media hora en subir y bajar. Me reencuentro con Fernando, y le enseño algunas fotos…


    
                  - Mira, mira, lo que había en la cima, lo que han dicho los franceses.
-                    - Pero… pero… si eso es un belén!… Si eso es el belén de Mayencos que subimos en el año 2006!
-                    - Pero qué me estás contando?
-                    - Sí. Lo habrás bajado, no?
-                    - No, no, claro que no. Cómo voy yo a saber que…
-                    - Pues nada, hay que subir a buscarlo.
-                    - ¿Cómo?
-                    - Sí, hay que subir. Quédate aquí si quieres, que yo subo.
-                    - Bueno, bueno, cómo me voy a quedar aquí, ya te acompaño.

En la cima del Burcq, con la otra Arca perdida


             Y esta es la historia de una búsqueda que fueron dos hallazgos y de una ascensión que fueron dos, la primera solo y la segunda con un compañero súper motivado. Así es que tras el encuentro en la tercera fase, y con cuatro picos, que con el repetido fueron cinco, definitivamente nos bajamos ya por el Camino de Santiago, marcado ya como GR 65.3.3, cada uno con un belén, con los mástiles como pararrayos en la confianza de que no sean utilizados como tales.

Selva de Oza
            Bueno, pues con un Fernando más ufano que chiquillo con zapatos nuevos, con la doble e inesperada recuperación vamos acercándonos a dar vista ya a la Selva de Oza, casi, casi conteniendo la respiración ante tanta belleza. Se ha vestido de gala en esta tarde otoñal. Y con estas reflexiones perdemos la cuenta de tanta vuelta y revuelta que nos conduce hasta el barranco de las Foyas, que nos deposita de nuevo en la Mina, tras más de ocho horas desde la salida. Una jornada productiva. Una jornada especial. Una nueva jornada de monte, que siempre es igual, que siempre es distinto.



El reportaje completo de fotos, en

lunes, 21 de octubre de 2013

Alma de otoño en los Valles Occidentales

AQUERAS MONTAÑAS
Alma de otoño en los Valles Occidentales
Sábado, 19 de octubre de 2013
Domingo, 20 de octubre de 2013


            La Vida es una rueda que gira sin cesar. Inexorablemente, sin cesar. Las estaciones, incorporadas en los ciclos astrológicos, se suceden con absoluta precisión, pero no así la meteorología que las cubre. El actual estado de la atmósfera, cada vez más alterada por la actuación del ser humano, hace que paulatinamente se radicalicen más los mal llamados “fenómenos naturales”, esas manifestaciones que golpean con fuerza. La meteorología es soberana. La meteorología es quizá la inventora de la globalidad. La meteorología rige nuestras vidas. La primavera representa la explosión de la vida, esa vida que ha estado oculta, trabajando en la oscuridad. Diametralmente opuesto, el otoño nos trae el anuncio de que esa expansión, con las dádivas en forma de frutos, llega a su fin. El calor expansiona, y el frío contrae, y es esa contracción la que hace que la vida se vaya replegando hacia el interior.

Vestidos de bosque
           Los matices cromáticos nos manifiestan una paulatina pérdida de vitalidad en los más distales elementos aéreos de los grandes seres vegetales, de esos árboles de hoja caduca que va muriendo lentamente, por inanición al replegarse hacia las raíces la savia que les da la vida. Mientras tanto, mientras eso ocurre, un mágico proceso, no coincidente en el tiempo entre las distintas especies, hace que un espectáculo visual se abra ante nuestra mirada en estas fechas.

            Ese y no otro ha sido el impulso que nos ha movido a ser testigos de todo ello, a gozar de ese festival de colores, en una zona de nuestro Pirineo muy propicia para ello. Estamos hablando de los Valles Occidentales. Acompañados, y bien acompañados, de Ástrid y Sara, salimos de la Selva de Oza bajo una fina lluvia que busca su protagonismo también en el paisaje. Nos adentramos en el bosque. Nos vestimos de bosque, para no desentonar. Y preferimos seguir haciéndolo así, de modo que en Lo Secadero no nos cruzamos a la otra vertiente del valle para seguir el GR por la calzada romana.

Sin perder detalle
            Al cabo de algo más de tres horas nos presentamos en el puente de Santa Ana, punto de partida para esa espectacular subida hasta el refugio de Gabardito. Una, dos, tres, cuatro, cinco, y no sé cuántas más veces se cruza la carretera. Finalmente llegamos al refugio, donde nos damos un respiro departiendo con Carmen de lo mal que están las cosas en general, y en estos valles en particular. Como nos sentimos incapaces de arreglar nada, seguimos nuestro camino. Y lo hacemos bajo el bosque que nos ampara, y que en ocasiones nos permite ver lo que pasa al otro lado del barranco, que no es otra cosa distinta a lo que ocurre en éste. Una explosión de colores que se agolpan para destacar, para llamar nuestra atención.

Mil formas
           Llano de Dios te Salve, y nuestra mirada se fija ya en el horizonte a alcanzar, en ese collado del Foratón, que deja asomar el marrón meteorológico. Llano de Plandániz, más marrón. Cuatro horas más, y ya van siete, para alcanzar ese cuello que nos recibe airoso, ventoso, con garbo, que nos lo insufla para dejarlo atrás cuanto antes. Ya damos vista al refugio de Lizara, que en menos de otra hora alcanzamos, al cabo de ocho desde la partida en Oza.

            Noche tormentosa de energías contenidas; festival de luz y sonido. Los partes dan mejor para mañana. Veremos.

            Y lo vemos. Y lo que vemos es que no, que amanece peor de lo que se fue. Habíamos planeado ir a Candanchú por el valle de los Sarrios, pero el marrón lo tenemos más por ahí, de modo que seguiremos el GR 11.1 hasta Canfranc. La emprendemos para subir al collado del Bozo, y atravesar la bicefalia del valle de Aísa. Bajar por Napazal y subir por Rigüelo nos sitúa en otro collado, en el de la Madalena, donde nos engulle literalmente la niebla, lo que nos hace bajar al tentón hasta el refugio López Huici, en casi cuatro horas desde la salida.

Avanzando entre la niebla
            Tras abrirnos paso como podemos entre la niebla, nuestros pasos nos llevan a la majada de Lecherines, donde se abren los cielos y ya sin disimulos descarga una buena justo al entrar en el refugio que no sucumbió al incendio. Ha sido providencial. Cuando parece que se calma, pero sin recoger los paraguas, seguimos nuestro camino. Nos adentramos en el bosque, en un bosque sin alma, en un bosque que transmite tristeza. Gabardito, pista y desvío que se hace senda, para bajar por el barranco de los Meses. Viejos viveros. Canfranc.

          Teníamos previsto llegar sobre las tres de la tarde. Cinco minutos faltan. Buenas sensaciones. Buen disfrute de un par de jornadas puramente otoñales, que con casi 39 kilómetros, hemos subido 3.050 metros, y bajado otros 3.119, según los tracks de nuestra súper Saratracks.com, en las 15 horas de actividad total. Gracias por ese fin de semana.


El reportaje completo de fotos, en:

Los tracks:

jueves, 17 de octubre de 2013

Mirada de nácar sobre Oroel

IXOS MONS
Mirada de nácar sobre Oroel
Miércoles, 16 de octubre de 2013


            Cuando el reflejo irisado empuja a la peña sureña a vestirse de nácar, es el momento adecuado para partir hacia ella, para partir hacia ellos. Radiante, casi plena, así está Selene en esta agonizante tarde que le da el turno a una serena noche que acabamos de estrenar, con la que nos hemos citado en lo más alto del Campo de Jaca, la Peña Oroel, que desde sus 1.769 metros se aúpa para que nada escape a su cobijo en esta población y su redolada. Pero aun con todo y con ello, estas tierras andan inquietas esperando un otoño que no termina de llegar. Ya ha anunciado su venida, sí, pero uno de esos tantos veranillos que con media docena de apodos se le conoce al buen tiempo a estas alturas de calendario, se lo está impidiendo.

Guiños desde el Parador
            Luna llena de octubre, que silenciosa asomas por levante, y que vienes a decirnos que en dos días comenzará tu declive. Luna llena de octubre, que alborotas los humores de todo bicho viviente. Luna llena de octubre, cuán alejada y cercana a la vez, que vienes para decirnos al mundo que otro ciclo ha concluido, que otro trajín de idas y venidas ha llegado a su fin, pero que otro traes para hacer de esta vida un ciclo que otros alberga, y que a su vez forma parte de otro inabarcable.

Dispuestos para la faena
           Luna llena de octubre, que llevas a maltraer a fluidos y amoríos, llénanos de tu plenitud. Luna llena de octubre, que como todos los meses llegas fiel a tu cita para que nuestros húmedos ojos se reflejen en los tuyos de cristal. Luna llena de octubre, que extiendes tu nacarino manto sobre los montes y valles. Hoy, ante tu presencia, una vez más, y no sé cuántas van ya, nos animas para verte más cerca, para tenerte más cerca, para sentirte más cerca, haciéndonos un cuerdo hueco en este loco mundo en el que vivimos.

Ellas y Jaca compiten para deslumbrar
            Ocho andarines del Club Atletismo Jaca, convocados por el amigo Toñín, y acompañados por las últimas bocanadas de esta serena tarde, nos dirigimos al Parador, para dar comienzo a esta ascensión nocturna, especial, en la que aliados con la noche hay quien va a explorar sus límites en estas andadas y a estas horas. Como ocho son también las horas que pasan del mediodía, cuando dispuestos emprendemos el ascenso ayudados por ese tercer ojo de cristal, ese tercer ojo de luz para abrirnos camino visual entre los guiños que nos hace nuestra amada por entre el ramaje de viejos y lánguidos abetos.

Todas deslumbran
            Presentimos viento por las alturas. Así es. En una hora nos presentamos en el collado, esa antecima que junto a los viejos neveros, nos permite ya un barrido ocular por el Campo de Jaca. Sí, Jaca la iluminada, y sus muchos y pequeños satélites al este y al oeste que vamos reconociendo uno tras otro. Al norte, agazapado, un frente nuboso dispuesto a saltar a escena en cualquier momento; le gustan los fines de semana. Al sur, otro espectáculo, la oscura depresión entre las sierras exteriores y dos resplandores, que intuimos de Huesca y Zaragoza.

Todos vamos pasando por el
estudio fotográfico
            Ligera bajada para recorrer el fondo de esta loma cimera a dos vertientes. Se deja acariciar. De nuevo al abrigo del viento, entre bojes y espinos llegamos al tramo final de la subida, concluyendo a los pies de la Cruz, donde podemos admirar la vista a poniente, con otro resplandor al fondo, el de Pamplona. Las fotos de rigor y para abajo, a buscar un mejor sitio para echar un bocado. Lo encontramos y apreciamos.


            De nuevo al collado, para iniciar el descenso por sus más de treinta curvas, llegando al Parador al filo de las once. Casi tres horas de actividad, de distinta actividad, de nocturna actividad, en buena compañía. Gracias a tod@s.


El reportaje fotográfico, con alguna fotico más, en:

martes, 1 de octubre de 2013

Arnedillo y los cuatro elementos

IXOS MONS
Arnedillo y los cuatro elementos
Septiembre de 2013



            Todos recordamos eso de los tres elementos de la materia, el sólido, el líquido y el gaseoso, a los que luego se añadió el ígneo. El buen antropónomo y vitacultor debe buscarlos siempre allá donde vaya. Son los elementos en los que se basa la vida: la tierra, el agua, el aire y el sol, la luz. En Arnedillo los hemos encontrado, y no sólo en las caldas aguas, representados en el barro, la propia agua, los vapores y el calor sobre lo que todo ello gira, sino también en la naturaleza que lo circunda. En ella tenemos la tierra que alberga nuestro pisar, el agua de los barrancos y algún día el de la lluvia, el aire que transporta infinidad de matices olorosos, y esa luz que pone en contacto todo ello con nuestras miradas.

Puente de piedra y torre del castillo
            Para sentirse vivo lo mejor es estar entre la vida. Y evidentemente, cuanto más cerca mejor. Es lo que sucede en muy pocos sitios, siendo el monte uno de ellos. Arnedillo está enclavado a 671 metros snm, entre riscos, a orillas del río Cidacos que naciendo en el Puerto de Oncala, recorre 77 km para desembocar en el Ebro en las cercanías de Calahorra.

           Paralelamente al río Cidacos estuvo en funcionamiento un tren de vía estrecha para sacar todo el mineral de las minas de Préjano, población cercana. El recorrido llegó a ser desde Calahorra hasta Arnedillo, entrando en funcionamiento por fases, comenzando en 1922 y completándose en 1947, y que por motivos económicos tan sólo duró hasta 1966. Posteriormente se desmantelaron sus vías y se acondicionó el trazado como Vía Verde, denominada del Cidacos, que une Calahorra con Arnedillo en unos 34 km.

Entre la Encineta y la sierra de Hez
            Arnedillo es un municipio situado entre las sierras de Hez y Peñalmonte, y goza de un fenómeno de la naturaleza, espectacular, al propio tiempo que humilde y discreto, como lo son las raíces de los árboles, realizando un trabajo oculto, callado, pero imprescindible para la vivencia del ser. Estamos hablando de las aguas termales, que adquieren su contenido en sales minerales en el interior de la tierra. A medida que ganan profundidad, van disolviendo los componentes de las rocas que encuentra a su paso, especialmente de las areniscas. Conforme va ganando esa profundidad, también lo hace su temperatura (unos 3º C cada 100 m), llegando a alcanzar los 120º C a 4.000 metros, donde encuentra las calizas impermeabilizantes que le impiden seguir descendiendo, por lo que crean un acuífero, desde donde busca el agua su salida natural, como es el caso de las Pozas de Arnedillo, donde a lo largo de unos 150 metros por la margen izquierda del río Cidacos, surgen estas aguas a una temperatura constante de 49º C, en cantidad de 20 l/s.

Establecimiento termal
            Al margen de estos, podríamos decir, baños públicos, está el establecimiento termal, que explota las aguas desde 1847, y que según reza en su web, “… debemos pensar en la existencia de una falla que hace descender las calizas del jurásico a gran profundidad…, el agua de lluvia de Cameros desciende hasta 4.000 metros, y tras aumentar su temperatura asciende por dicha falla, brotando a una temperatura de 52,5º C a los pies del balneario. Las aguas del manantial de Arnedillo son de carácter minero medicinal e hipertermales, clasificadas como clorurado sódicas, sulfatado cálcicas, bromuradas con iones de magnesio, hierro, silicio, litio y rubidio”.

            Aparte de la riqueza, tanto económica como ecológica, que pueda suponer tener este verdadero tesoro, estamos en una de las zonas más deprimidas de La Rioja, con inviernos duros y estíos secos, y eso es algo que se ve nada más echar un vistazo a los montes. Unos montes que han albergado estos días nuestras zapatillas, verdaderamente con ganas de subir y bajar, con ganas de monte en definitiva, y varios son los recorridos que hemos hecho, algunos de ida y vuelta.



            Arnedillo a través de sus miradores. Quizá la ruta más cercana y más accesible. A distintas alturas, tenemos los dos miradores del Gurugú. Al más bajo se puede llegar desde el balneario o desde el puente de la Inmaculada. Se halla sobre el cauce del Cidacos, desde donde se divisan las peñas que cierran el valle por poniente, el casco urbano del pueblo, y la zona de huertos junto a las fuentes públicas, así como las instalaciones balnearias. Desde el segundo todo toma una nueva perspectiva. Ambos con un moderno tejadillo. Se puede hacer una circular atravesando un barranco sin perder altura, para subir al del Corazón de Jesús, desde donde divisamos además el barranco de las ermitas. Apartado de esta ruta, junto a la Vía Verde, se halla el Mirador del Buitre, centro de interpretación ambiental, desde donde se puede seguir el comportamiento de la colonia de buitre leonado, y que obtuvo el Primer Premio 2002 “Turismo Sostenible en Espacios Naturales Protegidos”, concedido por Europarc-España. Un verdadero placer trotar por todos ellos, de la cara y del revés.



            Las ermitas protectoras. Camino que podemos hacer circular. Para ello, salimos del Puente de Piedra, a los pies de lo que queda del viejo castillo, probablemente del siglo X, con funciones de vigilancia y defensivas entre la cuenca alta del Cidacos y la tierra de Arnedo. Fue residencia del obispo de Calahorra y se dice que cárcel de clérigos rebeldes. Comenzamos por la de San Andrés, del siglo XVIII con vestigios barrocos, para seguir por buen camino, ascendente, pero poco exigente, hasta meternos en el barranco, donde ya se empieza a empinar aquello. Últimos restos de la vida pastoril nos acercan a la de San Miguel, reconstruida sobre una anterior del siglo XVI. Antes de alcanzar la siguiente ermita, pasamos junto al nevero, uno de esos pozos en los que antiguamente conservaban las nieves para ir administrándolas para uso doméstico. Nuestros pasos dejan ya atrás la Peña del Castillo, para situarnos debajo de Peñalba, junto a su ermita, que data del siglo X, y que a pesar de tener incoado un expediente como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, desde 1979, languidece haciendo funciones de corral. Merece la pena llegar hasta aquí para contemplar la vista panorámica que nos ofrece, y que lo hacemos en las dos direcciones. La vuelta, por la nortada de la Peñalba hasta alcanzar la Vía Verde.



            Zopín, el vigía eterno. El congosto de Arnedillo está vigilado por esta punta menor, pero destacada en el paisaje, y la Peña del Castillo. Se puede acceder a él por las bodegas, pero también desde la explanada de las auto-caravanas. Tras un intento infructuoso debido a la mala conservación de los senderos, lo intentamos de nuevo. Para conseguirlo, los últimos pasos han de ayudarse con las manos. Finalmente, abrazamos la cruz de su cumbre, haciendo la vuelta por los montes a poniente de Peñas Altas, para salir a un collado pasada la cantera, por cuya carretera nos volvemos plácidamente hasta casa.



            La ruta del aroma. En la salida de Arnedillo dirección Soria, se encuentra una carretera que, en 6 kilómetros de una subida sin piedad nos sitúa en una cantera, hoy en desuso. De Antoñanzas, se llama, ya que está próximo el pueblo abandonado del mismo nombre, y que vamos viendo conforme vamos ganando altura por entre corrales en uso y viejas parideras en ruinas, comiéndose las curvas de nivel de una forma desaforada. En llegando a esta mina a cielo abierto, tenemos otros alicientes que compensan su visión. Por ejemplo las vistas panorámicas, por ejemplo la soledad, por ejemplo el tener a nuestros pies una sucesión de barrancos aterrazados que guardan en sus entrañas tantos y tantos años, tantos y tantos esfuerzos por sobrevivir, y que ahora fagocita la propia naturaleza del terreno. Y por ejemplo, lo mejor de todo, un inmenso mar de jaras que hace las delicias de nuestros sentidos, especialmente el del olfato. La mayor y mejor catedral incensada con el mayor y mejor incienso palidecen ante el aroma de esta humilde planta que nos hace estar en el verdadero templo, rindiendo el verdadero culto. Y no sólo jaras, también romeros, tomillos y espliegos nos dan un auténtico recital para nuestro olfato, que excitado por el cansino trote, capta a manos llenas. Seguimos, ya por pista forestal hasta un collado, donde una señal que nos indica a Arnedillo nos hace cambiar de idea para volver. Pero no por mucho tiempo, ya que llega hasta unas viejas ruinas pastoriles y se pierde, o no encontramos su continuidad, que para el caso es lo mismo. Lo que sí hallamos es una estrecha senda junto a la valla de la cantera, que por empinado desmonte nos deja de nuevo en la carretera, y ya con larga sombra como compañía, que en seguida se funde con la de los montes, volvemos de nuevo al balneario. Hay que volver, sin duda.



            Que no son gigantes, mi señor. Los dos tenían razón, porque en realidad sí lo son. Estamos hablando de una infinita hilera de aerogeneradores que sólo la idea de alcanzarlos cansa nuestras piernas, y que se van viendo al poco ya de iniciar esa carretera de la cantera. Pero otro día lo conseguimos. El truco está en partir desde la misma cantera. La soledad se viste de monte, de monte de jaras. Sí, las mismas que algún día antes se quedaron con nuestra pituitaria. Hoy venimos a por ella, pero nos puede, la seguimos dejando aquí. Por entre inmensas laderas de jaras y otras peladas para pasto, nos llegamos hasta esos molinos que rompen el aire y que asusta estar entre ellos. Solo entre ellos. El zumbido que originan es verdaderamente inquietante. Atalaya desde la que avistamos el dominio de Logroño, antes de meternos entre frondosos bosques de pino en la solana y hayas y robles en el paco.




            Cruz Encineta (1.104 m) y Peñalmonte (1.276 m). En esta ocasión, acompañamos al amigo Cayo a patear estos montes en sus prospecciones de fósiles. Nos viene bien tras ocho días ininterrumpidos de salir a trotar. Margen izquierda del barranco de las ermitas para ir subiendo cabezos sin piedad, hasta dar a la zona objeto de sus búsquedas, que está equidistante entre las antenas y Peñalmonte. A cuál ir?, bueno vamos a las primeras. Al poco de dejarlo salimos a la pista, que en dirección poniente nos lleva hasta la cima de la Cruz Encineta (1.104 m), coronada por un vértice geodésico. Repleto de antenas está el lugar, que se asoma al tramo de cauce del Cidacos donde se asienta Arnedillo. Volvemos sobre nuestros pasos hasta el collado, y como se nos antoja pronto, nos dirigimos hacia Peñalmonte, con la única intención de dirigirnos hacia Peñalmonte. La soledad del monte se
viste de aliagas, de tomillos, de romeros, de espliegos, mientras los fuertes vientos con capa de espesos nubarrones maridan en el espacio, buscando cobijo en las pocas carrascas que quedan en este monte. Al llegar a la base del pinar, mientras que la cabeza está diciendo que hay que volver, los pies se arrancan a tomar el camino, que señalado como PR ribetea el bosque por fuerte pendiente de piedras hasta llegar a las llanuras cimeras que se cortan en vertiginoso roquedo que se aúpa sobre la vega del Cidacos a 1.276 metros de altitud, 600 por encima del pueblo. Y poco más, dejamos que lo que le queda a la tarde lo pase por estos solitarios lares, con la única compañía de una camada de buitres merodeando, y vamos en busca de Cayo, para bajar por la ermita de Peñalba y de nuevo por el barranco de las ermitas hasta Arnedillo. Una tarde. Un placer.


          Y así se han ido pasando los días, entre aguas, barros y cuidados. Entre la compañía de viejos conocidos y otros recientes, por estos montes de La Rioja baja. Montes de olvido y soledad. Montes dejados por el hombre y tomados por la naturaleza. Montes de los que nos vamos muy gozados, y con ganas ya de volver.