martes, 17 de septiembre de 2013

II Marcha Senderista Lizara

IXOS MONS
II Marcha Senderista Lizara
Domingo, 15 de septiembre de 2013



           Qué fácil es hacer analogías entre la vida y la montaña. Es el discurrir por esos senderos, por esos vericuetos que te presenta el camino, unas veces rectos y otras veces torcidos, unas veces por suaves pastizales y otras por incómodas pedreras, unas veces cuesta arriba y otras en descenso. Sí, no es fácil encontrar tantas semejanzas entre dos cosas que en ocasiones fatigan y en ocasiones se puede uno nutrir de ellas. Pero aun dentro de las mayores semejanzas, podemos encontrar una inequívoca, y es el hecho de que detrás de un monte hay otro monte, detrás de una dificultad hay otra dificultad, y sólo salvándola airosamente nos podremos enfrentar a la siguiente, de lo contrario vienen los bloqueos, y la necesidad del rescate.

Jasa, amparada por el Bisaurín
            Bien, hoy ha sido un claro ejemplo de todo ello. Si el año pasado esta prueba se inauguró pateando un cordal y volviendo al refugio por las entrañas del valle, en esta segunda edición se ha querido trazar con más dureza el recorrido. Si el año pasado se saldó el examen con nota, este año es mayor la dificultad, ha habido que alcanzar de nuevo Lizara a través del otro cordal del valle. Estamos en el corazón del espacio protegido del Parque Natural de los Valles Occidentales, en un lugar donde las montañas comienzan a levantarse, donde las montañas comienzan a querer dejar su impronta, donde las calizas azotadas por los vientos se convierten en arte para el deleite de la sensibilidad humana.

Perfil de la prueba

Atardecer sobre Bernera
           Y a mayor dificultad y mayor recorrido, mayor tiempo para hacerlo, y en consecuencia mayor madrugón, tanto es así que optamos por venirnos el sábado al refugio. No ha habido eco en la masa social del club, no obstante,  como es una prueba abierta al público en general, ha venido Mariana para acompañarnos en esta jornada de cordales que nos ha permitido contemplar este valle desde las alturas.

            La llegada a Lizara es amable, y más al pensar que la previsión del tiempo ha dado una mejoría. Un paseo por el llano para visitar el dolmen media para ir a cenar. Nutrido grupo de Os Andarines d’Aragón. La noche se ha echado encima, una noche que mece las nubes, en cuyos intervalos se asoma una luna que a cuatro días de su plenitud se ufana en mostrarse bella, fulgurante, atractiva, buena conversadora. Sí, liamos bien.

A punto de salir
           Seis de la mañana. De la noche, habría que decir. A las puertas del Refugio de Lizara (1.540 m), sesenta o setenta frontales con patas dispuestos a dar luz, toda su luz, se enfilan por el llano hacia el collado del Bozo (1.995 m), que pasamos en silencio para no despertar a estas cimas azotadas por el viento que ya anda suficientemente despierto. De más se podría decir. Todo duerme aún a la espera de que ese horizonte, presidido por La Collarada, donde ya se quiere hacer mayor el Pirineo, vaya despertando poco a poco, vaya trayéndonos, como cada día, esos cambios cromáticos, ese anuncio de que nuestro astro rey Sol nos va a traer de nuevo toda su luz, todo su calor y toda su vida, que aunque rutinario, no deja de ser prodigioso.

Amaneciendo
           Bien, una vez a caballo del cordal, se van sucediendo las tachuelas, Puntal del Cuello del Bozo (2.088 m), Napazal, (2.117 m), Mesola (2.177 m), y casi el Cucuruzuelo (1.972 m). Entre los primeros hemos visto renacer un nuevo día, que va a replegar todos esos nubarrones que vienen de puerto y que se asoman por todos los collados que Forca, Valencia, Agüerri, Bisaurín, Fetás, Bernera, Llanas y Aspe forman entre ellos, y que sin embargo mantienen unas fugaces nieblas en el fondo de los valles. Estamos entre el de Aragüés y el de Aísa.

Mariana resiste al viento en el Mesola
            Bajada hacia Jasa, pasando por los avituallamientos de la Fuen Nueva y el collado de la Loma de Aísa, en la carretera entre esta localidad y la que nos dirigimos. Unos avituallamientos llenos de cosas ricas y refrescantes, y lo mejor, de amabilidad, sonrisas y ánimos. Tras este segundo punto nos metemos en un bosque en el que se respira serenidad, en el que se respira infinidad, en el que se respira eternidad. Pierde uno la noción del tiempo, es tanto lo que se encuentra que no querría uno salir de él.

La manduca en Aragüés
            La entrada en Jasa es fría, también la salida. No encontramos esas sonrisas del año pasado. Por una bonita vereda, nos acercamos al cauce del río Osia, punto más bajo del todo el recorrido, y ya se sabe lo que eso significa, que a partir de aquí todo va a ser subir y subir. Casi 1.200 metros más de desnivel es el que tenemos enfrente, pero antes hay que reponer fuerzas, antes hay que dar cuenta de un buen plato de pasta fría que nos ofrecen en Aragüés, también entre admiraciones y risas, entre buen rollo en definitiva. Cuatro horas y media hasta aquí. Y vuelta al curro, un curro empinado, un curro descarnado, un curro pedregoso, un curro de esos que se necesitan para cultivar la paciencia, la perseverancia, la tozudez.

Haciendo amigos
            Alto de Maíto (1.877 m) y ya perdemos la noción del espacio y del tiempo. Andares desconocidos ofrecen distintas visiones de los valles que se abren a poniente, el más cercano el de Urdués, hasta cuya cabecera llegamos paso a paso, palabra a palabra. Es la Senda de los Contrabandistas. Estamos a caballo entre este valle y el de Gabás, característico por su peña. Y más subir, y más subir, hasta el Puntal Alto del Foratón, que con sus 2.154 m es lo más alto de este cordal, que para dejar pasar los vientos se agacha hasta el collado del mismo nombre, puerto entre Plan d’Aniz y Lizara, a cuyo refugio nos dirigimos, no sin antes embriagarnos visualmente de todo lo que está a nuestro alcance.

Todo un mundo
            Un relajado y coloquial descenso y llegamos al punto de partida antes de las tres de la tarde, como a ocho horas y tres cuartos de haber salido. Cencerros y aplausos nos reciben para terminar a gusto esta jornada de montaña. Otro platerón de macarrones, creo que fueron otros dos, para llenar esos depósitos que casi 33 km, 2.060 metros de desnivel positivo acumulado, y casi nueve horas, han ido vaciando poco a poco, que aunque se han llenado de otras cosas esto también cuenta.

            Ya más relajaditos, a dejar pasar el tiempo entre conversaciones con unos y con otros. Y en una de ellas, entre Jorge y Mariana sobre Argentina, la Pampa, la Patagonia… se nos ocurre mentar el Campo de Hielo Norte, uno de los lugares más inhóspitos del planeta, donde en el verano austral de 2007 una expedición de Al Filo de lo Imposible junto con miembros de la Escuela Militar de Montaña de Jaca, con la colaboración de sus homónimos chilenos, se adentraron para conquistar el cerro San Valentín, sin conseguirlo debido a la infernal meteorología, que les obligó a ser rescatados in extremis corriendo graves riesgos, y dejándose alguna falange por el camino.

Cielo y tierra
            Alberto Ayora, viejo amigo y gran experto en el mundo de los riesgos en montaña formaba parte de esa expedición, que pone como ejemplo de análisis y tratamiento de situaciones extremas en las conferencias que imparte donde lo requieren, a la que ésta en concreto ya hemos tenido oportunidad de asistir en varias ocasiones. Pues bien, hete aquí que sin más ni más aparece por la puerta del refugio con intención de impartirla de nuevo, a petición de un numeroso grupo que ha movido a pasar un día de monte la ONG Acción contra el Hambre. Parece increíble, no? Casualidad?, vamos a dejarlo en coincidencia. Quien quiera profundizar en ello, puede pinchar en http://www.rtve.es/television/20130212/expedicion-campo-hielo-norte/607956.shtml

            Y sin más, se une Alberto a la expedición de vuelta a Jaca… hablando de qué?, de monte, naturalmonte. Gracias a los que han hecho posible otro extraordinario día de montaña, y en buena compañía.



El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/IIMarchaLizara

El track de Haitz (refugiodelizara.com):
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5271335

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Canal y collado de Izas

IXOS MONS
Canal y collado de Izas (2.240 m)
Lunes, 9 de septiembre de 2013



           En nuestro deambular por ixos camins de la comarca de La Jacetania, hoy nos toca patearnos la Canal de Izas, un bellísimo corredor entre la divisoria de aguas con el Gállego, allá en el collado de Izas, y la desembocadura en el Aragón de todas las aguas recogidas en paco y solana, por las agrestes paredes de caliza del cordal de la Pala de Ip (Punta Escarra, la propia pala, la loma de Tronqueras, la Moleta e Iserías), y las más suaves de la sierra de las Arroyeras, que con su máxima expresión en el vértice del Anayet, llega hasta el mismo collado. En definitiva, estamos hablando de que vamos entre la blanca caliza y el rojo vestigio volcánico.

Arranque del GR 11, desde el GR 65.3
            También entre el blanco y rojo de las señales internacionales de GR, ya que estamos en uno de los ramales que unen el valle del Aragón con el del Gállego. El otro ramal discurre por el vecino valle de la Canalroya, que andan los dos con los pelos de punta por las ambiciones expansionistas de las estaciones de esquí próximas. Hay muchos intereses encontrados, y cuanto más cortoplacistas peor. Más sensato será no sacrificar unos valores medioambientales y paisajísticos de primer orden, respetando dos de los valles vírgenes del Pirineo, e incluirlos junto con los macizos de Anayet y Partacua en un espacio protegido. Agitada mesa, que en un cajón tiene un proyecto y en otro, el otro.

Camino hacia la luz
            Pero nosotros a disfrutar, que es lo nuestro. Y lo hacemos en una mañana de resaca de un par de días tormentosos. Amanece con las brumas propias de ello, pero enseguida se espabila y se queda un día 10. Partimos del antiguo horno Buisán, para coger el Camino de Santiago (GR 65.3) en dirección Somport, hasta que nos topamos con el desvío al GR 11, por el que nos metemos. Tras veinte minutos de andar por prados y arbustos, aparecemos en el barranco, que ya se puede cruzar sin hacer comedias por entre los bolos, un puente lo ha solucionado. Se sube a emparentarse con la pedrera, que en una hora incluido el tiempo de entretenerse restableciendo hitos, nos lleva ya a zona más amable, a camino por tasca, acompañado de una excelente vista ya sobre el valle.

Punta Escarra y Pala de Ip
            El agua baja por el barranco alegre, juguetona, abundante, poco le preocupa saber que estamos terminando el verano. Cascada de las Negras. Desvío a la derecha para subir al mundo Iserías, con su refugio, su ibón… pudiendo prolongar el recorrido hasta la Moleta, extremo occidental del cordal de la Pala de Ip, que cierra el circo homónimo por el norte. Llegamos al refugio de Izas, y seguimos por buen camino. Al cabo de tres cuartos de hora más, el evidente camino te aboca a cruzar el barranco, donde hay que llevar cuidado para no perder de vista las señales. Poco menos de media hora más y llegamos a otra cabaña de pastores. Estamos ya en el fondo del circo, y justo debajo del collado, al que si queremos tratar de tú, tendremos que superar como unos 200 metros más de desnivel.

Campanal de Izas
          Sin señales aparentes, acometemos la subida ligeramente escorados para el sur, por no decir todo tieso. Unos metros antes de llegar al collado ya vemos algún hito y un sendero franco, que nos sube hasta la cima de hoy, ocupada por la terminal de un telearrastre de Formigal, que habría que no perder de vista de seguir el descenso. Pero no, lo haremos por el mismo valle que hemos subido. Una vez aquí tratamos de seguir las señales de pintura, hasta donde podemos. Cabaña de pastores y continuamos por ese margen del barranco hasta debajo mismo del refugio de Izas, por un viejo puente.

            Y poco más, acompañados por la raya que separa el sol de la sombra, el día de la noche, nos vamos acercando trotín trotando hasta la pedrera, que ya exige más atención. Salimos del valle, y lo hacemos por el Col de Ladrones. Próximo a él, un sendero en diagonal nos vuelve a dejar en el Camino de Santiago, y ya en nada de nuevo en el punto de arranque.

          A lo largo de 24 km hemos salvado un desnivel positivo acumulado de unos 1.400 metros, que luego ha habido que bajarlos, claro. Siete horas y media, que se hubieran podido reducir en más de una, disfrutando de este valle, una de las joyicas del Pirineo.
           



El reportaje completo de fotos, en:

sábado, 7 de septiembre de 2013

Pico Peiró

IXOS MONS
Pico Peiró (1.579 m)
Sábado, 7 de septiembre de 2013


            Resignados a quedarnos en casa el fin de semana, debido al mal tiempo anunciado, un alma caritativa nos ofrece media jornada de monte. Pues como para hacer ascos estamos… Un fin de semana, decimos, en el que las peores previsiones del tiempo se han quedado en eso, en las peores previsiones, nada parecido a la realidad. ¿Que ha hecho mal tiempo?, sí,  pero cuánto de mal tiempo, pues el suficiente poco como para pasar una mañana entre pinos, bojes, avellanos y hayas al norte de la sierra de Gratal.

Arranque de la senda
            Partimos de Zaragoza con Javier y Ricardo, con destino a Arguis, para meternos por una estrecha carretera que va a Bentué de Rasal. En un próximo desvío a la izquierda sale una pista sin asfaltar, donde al poco dejamos un coche. Aquí nos encontramos con señales del Camino Natural de la Hoya de Huesca, que con excesivo fausto han aderezado de carteles, postes, barandillas de madera, metálicas…

            Nueve y veinte de una mañana que se sujeta pero no dice cuánto, creo que va a ser poco. Tomamos la pista, y a los diez minutos un sendero recto, vertical, de esos que te quitan el resuello, sale a nuestra derecha. El bosque está que plora por los cuatro costados, está alegre, radiante, sólo, en su salsa, como con prisa para vestirse de otoño. Y los cielos también ploran, pero bien. Al cabo de una hora desde el arranque, y tras ir encajonados en un barranco durante los últimos compases, llegamos a un collado, desde el que seguimos sin ver nada, sólo niebla, sólo viento, que nos hiela las camisetas y lo de dentro.

 
En el camino
            A mano derecha sigue la senda, que ya en un cuarto de hora más nos lleva a la cresta cimera, que al no haber visibilidad te parece que ya has llegado a la cumbre en el primer hito que te encuentras, pero no, hay que seguir un poco más, hasta el siguiente. Foto de circunstancias, y ‘pa’bajo, que’l tiempo no’stá pa chuflas’. Collado, barranco, bosque y cruce, y aquí nos apartamos del camino de subida, para no seguir bajando por él, sino encaramarnos a una senda que sale a nuestra derecha, y que nos lleva al collado de Sarramiana, donde seguimos sin ver apenas nada, pero lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos a pie de pista, y que siguiéndola por la izquierda vamos bajando, hasta que al cabo de media hora sale a nuestra izquierda, de forma muy discreta, ¡atención!, una senda.

Seres encantados
            Esta senda es el complemento a nuestra exposición al agua de hoy. Hay tramos tan congostos de vegetación que nos sentimos como los coches en un tren de lavado. Las zarzas y arbustos bajos se ocupan de los pantalones, que por capilaridad va subiendo la humedad ya hasta más arriba de la cintura. Los arbustos altos y los árboles lo hacen de esa cintura para arriba. En fin, no hay mejor cosa que compartir.

            Casi media hora de spa nos conduce a un cortafuegos que esconde en sus senos un oleoducto, que seguimos hacia abajo, hasta dar con un par de seres humanos, los únicos de la mañana, que están entretenidos en el ordeño de un arañón, que hay quien llama endrino. Pues, ¿cómo vamos a dejarles ahí, solos, en el empeño?, ¿y si están malas?, en fin, lo dicho de compartir. Y ya sin más miramientos, por esta ancha calzada supra oleoducto llegamos hasta otra pista, en la que Javier y Ricardo se van a la izquierda en busca del coche de éste último, y el mendas, con la gran responsabilidad de que los tracks terminen correctamente, se va a la derecha, a salir a la presa. En este punto, la cartelería nos informa de que existen unos pozos de nieve próximos, los de las Calmas les llaman, que no vemos, pero al parecer son similares a los existentes en la Peña Oroel.

            Conforme vamos saliendo del bosque se va abriendo a la vista el valle que conforma esta sierra con el monte de Monrepós, en cuya solana se asienta la población de Arguis, y cuyo seno dormita bajo las aguas de este embalse, que según reza en los carteles, fue construida en 1704, siendo la más antigua en uso de Aragón. Y poco más, llegada a lo que queda del albergue, cambiarnos de ropa y cada mochuelo a su olivo.  

          Poco más de 12 km, que nos han sabido a poco, pero que nos han permitido una incursión a esta sierra… que ya le teníamos ganas. Los desniveles, en torno a los 600 de subida y los 800 de bajada.
           


El reportaje completo de fotos, en:

lunes, 2 de septiembre de 2013

Peña Telera

AQUERAS MONTAÑAS
Peña Telera (2.762 m)
Domingo, 1 de septiembre de 2013


            El tiempo no corre de igual manera para todos los seres. Para los más longevos no hay prisa, tienen paciencia; para los más mortales la inmediatez tiene más importancia. Esta es la historia entre dos seres de distinta época, de distinta cuna, de distinta clase, pero con algo en común, su amor por el entorno, su amor por la lucha vital, su pasión por seguir viviendo y por seguir soportando la erosión del medio.

El equipo
            Cada vez que él pasaba cerca, el duro corazón de ella parecía conmoverse. Mientras, él no lo hacía muy a menudo, y cuando lo hacía, era a hurtadillas, como avergonzado por esa vieja promesa que no había sido capaz de cumplir. Ella tenía paciencia, y él siempre la excusa perfecta, pero excusa al fin y al cabo. La juventud madura, la madurez envejece, y los modos y los tiempos cambian. ¿Cómo habíamos podido subir, en nuestra juventud, con Carlos, a este lugar, con una docena de chic@s preadolescentes, y repartir un limón para catorce en su cima? Desde aquel lejano verano del 74 en el que dos corazones se unieron para siempre, ambos vivían con la esperanza, con la ansiedad de un nuevo encuentro. Que sepas, Peña Telera, que durante estos años yo también te he mirado de reojo al pasar, yo también he vivido con la esperanza de que llegaría el día en el que nos daríamos un abrazo en la cumbre. No más juegos de escondite. No más mentiras. No más reproches. No sé si volveremos a estar tan cerca. Aprovechemos el momento.

Reflejos
            Esta noche he soñado. Sí, he soñado que soñaba, y que por fin iba a despertar de ese sueño para hacerlo realidad. Por fin, esa roba-almas de montaña, no tan distinta a las demás, como custodia de sueños, iba a desembarazarse de uno de ellos. Y por fin, también iba a sellarse esa reconciliación, larvada durante tantos años. Una reconciliación que tuvo testigos, testigos de circunstancias, que no todos se conocían entre sí con anterioridad, pero que eso no ofrece absolutamente ningún problema en el ámbito en el que nos movemos. Todos aglutinados en torno a Juan Bazán, guía de Alta Montaña y Barrancos, de Aragón Aventura.

Avanzando
          Siete de la mañana. Aparcamiento de La Cuniacha, bueno, su exterior, porque una cadena impide el paso. Pero lo que no impide es la noche para comenzar nuestra ruta de hoy, cargada, muy cargada de pasado, de un pasado que pesa en la mochila, y que habremos descargado para bajar. Un sendero va burlando la pista, mientras que el sol va despertando visitando antes a quien más lo merece, porque ha sabido estar más alto. Son los montes, los montes que vamos a visitar. En poco más de media hora nos presentamos en la Plana Alta de Boj, ese lugar que aún remueve las runas de la memoria, en el que más de un centenar de personas compartimos territorio, conocimientos, pasión, momentos en definitiva en unas condiciones que hoy veríamos como precarias, pero que entonces satisfacían todas nuestras pretensiones. Algunos que esto lean sabrán de qué hablamos. Otros, se lo imaginarán, porque entonces andaban dando vueltas por la atmósfera de esta nuestra Tierra, antes de entrar en ella.

Corredor
            Esta campa está enfrente del barranco que hace de desagüe natural del ibón de Piedrafita, en el que nos presentamos al cabo de un cuarto de hora, y lo hacemos con gran respeto, porque aún anda en sus ensoñaciones, pero descubrimos en él una faceta que sospechábamos, siente envidia por las cumbres que lo rodean, las emula, se disfraza de ellas para mostrarlas al caminante y sembrarnos la duda de con cuál nos quedamos. Pues como el día va a ser largo, habrá tiempo para las dos. Aquí saboreamos, admiramos los reflejos de la altiva Peña Telera, pero como es un espejismo, vamos a por la verdadera, a por la real, que la tenemos como a 1.150 metros por encima.

En plena faena
            Y lo hacemos metiéndonos en una interminable glera tras haber recorrido unas herbosas lazadas. La pedriza es ruda, áspera, inquieta, mostrándose no siempre conforme con nuestro pisar. En el fondo nos gusta añadir dificultades a la ruta. En el fondo nos gustan estas protecciones de la montaña contra ligeros pensamientos en su abordaje. Se quitan las tonterías y se extrema el respeto y la atención. Casi hora y media de dura ascensión para superar los más de 700 metros desde el ibón, pero ha merecido la pena, y no sólo por las extraordinarias vistas que se abren al sur. El barranco del Puerto a nuestros pies, y por encima de él innumerables cordales con la tierra baja como telón de fondo.

En la expuesta travesía horizontal
            No nos entretenemos mucho, hay que echar un bocado, y hay que llegar hasta la raya de sol, que está próxima. La alcanzamos, la aprovechamos y seguimos. Estamos ante un impresionante muro calizo, con una prominente cabeza que desafía la gravedad. Nos dirigimos hacia ese casi imposible sendero colgado sobre el abismo de Tena. Aunque lo hiciera en la Faja de las Flores, Mariana no para de maravillarse, es algo que desborda sus sentidos y necesita asirse a un cabo para mantenerlos a raya. Agotaríamos todos los calificativos para esta travesía horizontal. Tres cuartos de hora de pura adrenalina.

Disfrutando
            Llegamos a la entrada del circo custodiado por Peña Telera (2.762 m) y Peña Parda (2.661 m), con una cubeta que bien pudiera albergar a uno de esos ibones, pero cuyas inquietas aguas, incapaces de sujetar este terreno calizo, irán a dar lección a otra parte. Casi otra hora más de ascenso para pisar la cumbre. ¡Qué momento! Las imágenes que tan alegremente emergen de no sé dónde, se entremezclan con las actuales, como queriendo finalmente maridar esos momentos, maridar esas sensaciones, maridar esos recuerdos, y sellar definitivamente esa grieta que tanto ha estado supurando. No queremos extendernos más, ya lo hemos hecho bastante al comienzo.

Con el amigo Jesús
            Cincuenta minutos para cruzar espacio y tiempo no son suficientes. No obstante hacemos lo que podemos por impregnarnos de tantísimo espacio, de tantísimo Pirineo, de tantísimas cumbres que la luz pone en contacto con nuestras miradas. No queremos hacer más promesas. Veremos.

            Volvemos a la realidad. Como el ascenso por la glera ha sido duro, pensamos que el descenso lo va a ser todavía más, por lo que se contempla la posibilidad de bajar por el barranco del Puerto. Así es que manos a la obra. Bajamos al collado entre estas dos cercanas cumbres, y luego nos ceñimos al monte para alcanzar el lecho de un pequeño valle colgado, sorteando como podemos los bolos que lo calzan. Casi hora y media hasta que encontramos una domesticada fuente, de la que damos buena cuenta. Unos enormes lapiaces junto a la entrada de una gran cueva nos acercan a un abrevadero en una campa, donde pasta ganado vacuno, que en lugar de ver personas, nos ven como enormes piedras de sal. No nos dejamos chupar, aunque lo harían bien a gusto.

El Valle de Tena a nuestros pies
            Nos hallamos ya debajo del Pilón de Acumuer. Seguimos nuestro impenitente descenso entre afiladas rocas calizas, un blando material que es perfilado, moldeado, por otro más blando aún, el agua. Sólo la constancia, la perseverancia es capaz de entenderlo. En el fondo de este circo encontramos el refugio de Usabas, en el que nos guarecemos un poco de ese sol que nos afoga desde lo más alto. Unos cientos más de pasos entre inestables bolos y alcanzamos la pista, que nos lleva al refugio del Puerto, o Furcunfiecho, en el que nos encontramos a Betés, nombre por el que se conoce a un habitual pastor del lugar, y que nos muestra dónde podemos encontrar algo de señal para ver si alguien nos puede echar una mano para subirnos a nuestros vehículos al llegar a la fuente de Santa Elena.

Circo del barranco del Puerto
            No lo conseguimos, los hados tecnológicos no están de nuestra parte. Lo que sí conseguimos, y no sin esfuerzo, es burlar las largas lazadas de pista a través de un sendero cuyos primeros compases son bastante incómodos, pero que en menos de hora y media nos saca a la rendición de este barranco en el río Gállego, no sin antes hacer ímprobos esfuerzos por conectar con nuestro transfer, sin resultado alguno. Gracias a la decisión y confianza en el ser humano, consigue Eva que un francés una a Juan con la furgo, con lo que damos por solucionado el tema. A partir de ahí, cada mochuelo a su olivo.

            A pesar de lo largo y tedioso de la bajada, el crono no miente cuando nos dice que aún hemos invertido muy poco menos de tiempo que en la subida. En total, 21,3 km, con casi 1.400 metros de desnivel positivo acumulado, y más de 1.800 negativo, en lo que hemos invertido once horas, de las que más de nueve y media de actividad. Todo ello, con un tiempo extraordinario, y una compañía para repetir. Gracias a todos y a todo. Definitivamente, ha sido una jornada muy especial.
           


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