jueves, 29 de noviembre de 2012

Camino de Santiago

IXOS MONS
Camino de Santiago (Arañones - Charle)
Miércoles, 28 de noviembre de 2012


           Dos días seguidos de inactividad pesan, cansan. Primer gran temporal de la temporada, pero que no llega a Jaca, parece que no existiera. Y vamos a ver cuánta verdad hay en todo ello. Para que no nos lo cuenten, nos vamos a la cabecera, bueno no tan arriba, tan sólo hasta Canfranc Estación, donde nos deja el autobús amarillo del valle sobre las 9 de la mañana. Y sí, es verdad lo que dicen, estamos en pleno marrón, una mañana invernal. Ahora sí, ahora sí que lo tenemos encima.

            Bueno, pues lo de hoy es echar la mañana en el Camino de Santiago, hasta donde lleguemos a una hora prudencial. Y de paso ver cómo ha quedado de afectado por la riada de hace un mes.

Puente bajo la presa
            Por no meter más tiempo no subimos hasta el extremo norte para meternos por el Paseo de los Melancólicos, de modo que bajamos por el pueblo. Al llegar a la central eléctrica vemos los estragos, esa nave que dejó sin suelo la fuerza del agua. Y es que, como decía un amigo, cuando se enfurece el río baja con las escrituras de propiedad debajo del brazo, y eso es algo que se puede comprobar en todo el recorrido hasta Jaca, y suponemos que más allá.

            Seguimos. Nos llegamos hasta el túnel, lo pasamos y bajamos a la base de la presa. El puente lo ha respetado, pero el camino que arranca de él se lo ha llevado unos metros. Han habilitado otro por encima. El bosque está precioso, solitario, preparándose para el invierno. El atravesar el barranco de Ip nos transporta la memoria a tantas y tantas veces que hemos estado por aquí, con unos y con otros, andando y trotando, y hasta bañándonos en sus gélidas aguas en la mañana de noche vieja. Por cierto, enseguida toca.

Nave de la comarca
            A la nave de la comarca también le movió el río el suelo, y sigue esculada. En el tramo de camino entre la salida de la senda a la pista que baja de Ip y el Puente de Arriba de Canfranc tiene un reventón debido a un pequeño barranco lateral. Están trabajando en la margen derecha del río, por debajo de unas urbanizaciones nuevas. Están tratando de encauzar el río. Y no sería más definitivo encauzar las cabecicas, y no construir donde no se debe?

            En una hora larga nos presentamos en el Puente Nuevo, mal llamado de los Peregrinos, junto al cementerio, que muestra orgulloso su porte de apariencia románica, pero que sólo lo son sus bases, ya que una riada peor que la que nos ocupa, obligó a su reconstrucción en el S XVI. Lo que sí se ha visto muy afectado ha sido un área de recreo que hay unos cientos de metros por debajo, ya que un pequeño codo del río hizo que se precipitaran con toda su furia las aguas, ejerciendo una enorme erosión sobre el terreno, y mermando en gran medida su superficie.

El río Aragón, a su paso por Canfranc
            El bajante al puente de la carretera también tiene un tramo deteriorado, al agua corrió a sus anchas. Al volver a pasarlo por debajo, nos encontramos con un deslizamiento de enormes piedras que por poco nos impiden el paso.

            Antes de llegar a Villanúa nos encontramos abierta la puerta de entrada a la cueva de las Güixas, y entendemos que están evaluando los daños, porque también se vieron afectados por grandes inundaciones los sistemas subterráneos. Bueno, Villanúa, y camino de Orbil, que, por cierto, nos metemos por el viejo, que siempre tiene más encanto. Salimos, pues, a Orbil y seguimos en dirección a Castiello. Antes de llegar a él, vemos también el puente con el pilar central bastante afectado, porque la gran carga de troncos arrastrados por las aguas lo ha dañado en su estructura.

Urbanización El Molino
            Entrando en Castiello, pasamos por la urbanización El Molino, con esas dos viviendas que ya no están, con esas dos viviendas que el río se llevó, con sus enseres, sus vivencias, sus ilusiones… También está muy perjudicada la explanada del Mesón de Castiello. Tomamos el camino, y nos encontramos un cartel de zona restringida por obras, pero en las mismas obras, no al entrar en el camino, que es donde debería, por lo que seguimos por él. Es el tramo por debajo del campin, que se lo llevó también el río. Era una zona muy bonita de soto fluvial, que a ver cómo queda.

            También en obras en la desembocadura del Ijuez. El puente de los peregrinos parece que ha aguantado. Lo que no ha aguantado es el camino, en un tramo más cercano al río, que hay que hacer verdaderas virguerías para pasar sin caer al agua. Continuamos ya por tramos más alejados y elevados, por lo que no se han visto afectados. En puente Torrijos, también se ha comido el río un buen tramo en la salida del barranco de la Selva, y también en otro tramo  que abraza al río, junto al Charle.

            Y como se nos echa el tiempo encima, es precisamente en Charle donde termina nuestro paseo de hoy. Algo más de cuatro horas y media para recorrer en torno a 18 km., en una mañana que ha comenzado envueltos en un severo temporal, y que hemos ido disfrutando de una más benevolente mañana conforme nos hemos ido alejando de semejante marrón, aunque sin dejar de soportar un fuerte viento de cola que bien nos ha venido en nuestra particular navegación.



El reportaje completo de fotos, en:



sábado, 24 de noviembre de 2012

Cuculo y San Salvador

IXOS MONS
Cuculo (1.549 m) y San Salvador (1.547 m)
Jueves, 22 de noviembre de 2012



          De nuevo al monte, esta vez por tierras más bajas y más cercanas. Nos vamos al Cuculo y a San Salvador. Segunda vez que lo visitamos. La primera, en abril del año pasado. En aquella ocasión, Paco, un viejo amigo navarro me hizo por correo la siguiente observación:

“Hola Txema, el Kukulo tiene que estar muy orgulloso de su nombre, es viejísimo, es preromano y en euskera actual significa "Otero", sitio para vigilar. En Burgui hay otro monte que se llama igual y los dos hacen honor a su nombre, se vigila muy bien los valles”.

Entrada al barranco Carbonera
             Es una perfecta atalaya, por tanto. Y el regreso, por San Salvador, que es otra atalaya. Así pues, sin más dilación, nos ponemos a ello. Para otear se necesitan tres elementos: el oteador, el punto de oteo y lo oteado. Los dos primeros los tenemos, vamos a por el tercero, y lo hacemos en una fresca mañana, y mucho más en estos pacos, en los que a lo largo de varios meses no entra el sol. Con dos grados de temperatura, arrancamos por el barranco de Carbonera, en la carretera que sube de Santa Cruz de la Serós al Monasterio Viejo de San Juan de la Peña. A poco más de 3 km., en una curva que gira bruscamente a la izquierda hay un aljibe cuadrangular de agua. Justo de ahí sale el camino con un considerable repecho ya de partida.

            A los diez minutos se alcanza un pequeño barranco de cristalinas aguas, que exige la mayor concentración para cruzarlo sin probarlo. Y se sigue subiendo. Tímidamente, el sol va entrando en algunos vericuetos del camino, y se le da la bienvenida. En tres cuartos de hora desde el comienzo se llega al collado, dando vista ya al W. Aquí, un cartel nos señala la dirección a tomar para subir a San Salvador, hacia el S, y que tomaremos a la bajada del Cuculo. Tiros de escopeta rasgan el sacro silencio del que venimos disfrutando hasta ahora, y nos recuerdan que hoy es día de caza. Eso sí que es un peligro en el monte. Contra los tiroatodoloquesemena.com no hay quien pueda. Me encuentro al cazador, y no sigue mi camino. Algo es algo.
El bosque encantado

Desde el collado, seguimos por un ancho camino hacia nuestra derecha, hacia el N. Ya fuera del bosque, nos dejamos envolver por esas caricias solares que tanto se agradecen a estas alturas ya de año. Entre tiro y más tiro, continuamos nuestra subida por entre arizones, hasta alcanzar una pequeña cima anterior a nuestro objetivo. Es la cumbre S (1.515 m). Bajando otro pequeño collado alcanzamos definitivamente la cumbre.

El Cuculo (1.549 m), es una avanzadilla en dirección N que tiene la sierra de San Juan de la Peña, y, desde luego, tiene merecido el nombre. Punto privilegiado de esta Sierra Exterior del Pirineo, desde la que se tiene a los pies la Bal Ancha, esa inmensa depresión que la separa del eje pirenaico, que se nos muestra en toda su amplitud, aunque un poco perezosillo todavía, porque aún lo tenemos con ese camisón de nubes que lo arropa por la noche para protegerlo del frío estelar.

Bal Ancha
Desde el Ezkaurre hasta el Monte Perdido. Todos están, y los que no se ven, se adivinan. Más abajo, muy cerca de nosotros, y habitando este ancho valle del Aragón en este tramo, un rosario de pueblos. Santa Cilia, Somanés, Ascara, Novés, Araguás del Solano, Caniás, Abay, Banaguás, Guasillo, Asieso, y no sé si me dejo alguno. Y en otros que al Aragón rinden, Embún y Javierregay, en el comienzo del valle de Hecho; Las Tiesas, Sinués y Esposa, en el de Aísa. Desde Berdún y más allá, hasta Jaca y más allá, antepasados de estos valles han sabido hacer vida al amor de esas iglesias casi milenarias que fueron fijando población para ese monasterio pinatense considerado como la cuna del Reino de Aragón en los oscuros años de la reconquista. Una reconquista a la que siguió el trazado de unos caminos jacobeos. Una reconquista, ya en nuestros días, pero con otros enemigos en la que siguen enfrascados los pocos paisanos que aún quedan por estos pagos, arrebatando a la tierra todo lo que se deja, y luchando contra gigantes, pero no con grandes aspas, sino con vastas láminas de agua.

Amores imposibles
Contemplación, fotos y más contemplación. De regreso ya al collado, para continuar en dirección S hacia la pista que sube a la ermita de San Salvador (1.547 m), que alcanzamos, y que seguimos hasta su final. Tan sólo menos de medio kilómetro para llegar hasta la ermita, que aunque no es el punto más lejano de la sierra, sí es el más alto. Toma el nombre del santo, pero en realidad se trata de otro “cuculo”, es decir, de otra atalaya. Si el anterior era hacia el N, ésta lo es hacia el S, y ahí lo tenemos. Todo montes bajos hasta alcanzar otra hilera de sierras del Pre-Pirineo, Guara, Monrepós, Riglos, Ruaba… La ermita, pequeña, cuca, bien cuidada. Con un pequeño altar y una réplica de un tríptico, cuyo original está en Santa Cruz de la Serós, y que representa el Santo Entierro. En el exterior, y formando parte del mismo edificio, instalaciones de antenas; y un poco más apartado, un vértice geodésico. Más fotos y más contemplación. Y para abajo.

Ermita de San Salvador
Desandamos lo andado, hasta el cruce, del que partimos por el camino, que va acariciando el lomo a la sierra, con vistas al N y al S, más al S, cuyos montes nos ofrecen un espectáculo extraordinario, pues el mundo quercus también está en plena transformación.

En unos cuatro kilómetros nos presentamos en la entrada de la pradera de San Indalecio, donde está situado el Monasterio Nuevo y todo su moderno complejo hotelero. Pero no es necesario llegar hasta todo ello. Por donde sí pasamos es por los restos de unas curiosas construcciones. Se trata de los denominados neveros, unos pozos en los que antiguamente almacenaban la nieve, compactándola para que ocupara menos y se convirtiera en hielo, que tapaban con paja y hojas para que les durara por más tiempo, para luego ir bajándola por la noche en caballerías conforme se fuera necesitando en los hogares.

Otoño en las faldas de San Juan de la Peña
Junto a la entrada del camino para el Mirador de San Voto, sale otro que primero junto a la carretera, luego se cruza con ella, y baja al Monasterio Viejo. Camino en el que nos encontramos cartelería para interpretar el medio, que es rico, muy rico. Y poco más desde aquí, carretera y más carretera hasta dar de nuevo con el coche, que hemos dejado unas revueltas más arriba de la entrada al barranco de Carbonera, desde donde podemos contemplar la panorámica del Pirineo desnudo. Ha desaparecido ese camisón que lo cubría. El calor disipa las dudas entre dos seres, del mismo modo actúa el sol con sus seres queridos.

Cuatro horas y media para alcanzar estas dos cimas de la Sierra de San Juan de la Peña. Una el Cuculo, que mira al norte; y otra, San Salvador, que mira al sur. Todos contentos.


El reportaje completo de fotos, en:



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sagitario

Sagitario
21.nov.12 21:50
21.dic.12 11:12
(hora solar)




                Sagitario. Tercer y último signo del otoño. Vamos camino del solsticio de invierno, ese momento del año astrológico en el que más corto es el día, y en consecuencia más larga es la noche. A pesar de ser mes de fuego, es cuando más bruscamente baja la temperatura, lo que obliga a un mayor esfuerzo de adaptación para la supervivencia en el mundo vegetal. A la contracción, o movimiento centrípeto de la savia durante el mes anterior, por la Ley del Ritmo, sucede una reserva de comburente (el oxígeno que no escapa porque ya no quedan hojas), y de combustible (los hidratos de carbono y sus reacciones exotérmicas que impiden la congelación de la savia).

En el mundo animal, los pecilotermos (cuya temperatura interior es igual a la del medio ambiente), encuentran en el sueño o letargo invernal la solución térmica al llegar este mes. Sin embargo, los animales homeotermos (de temperatura interior constante), en cuyo grupo estamos los humanos, encuentran en este mes, merced al frío exterior, el máximo estímulo de las glándulas suprarrenales (del temor y de la ira), con una intensificación de la circulación y la posibilidad de una actividad muscular menos fatigosa. Esto conlleva un incremento del metabolismo en la médula ósea, particularmente en los fémures (regidos por Sagitario), con lo que se produce una mayor abundancia de glóbulos rojos, que al ser portadores del oxígeno del aire, se mejoran las combustiones orgánicas, y en consecuencia la conservación de la temperatura, a pesar de la pérdida que se produce por la irradiación en la superficie del cuerpo, en lo más periférico de nuestro sistema circulatorio.

Este es, por tanto, un mes de lucha, de competencia, de superación, para que con la pérdida de temperatura no descienda la vitalidad. Es el mes del coraje, de la exaltación sanguínea, de la saeta, del sagitario, que cuanto más alejado de una vida natural se esté, más se corre el riesgo de verse convertido todo ello en cólera, mal humor, hipocondría, exaltación biliosa en definitiva. Entre los animales, la violencia, la agresividad, la competencia y las facultades destructoras desarrollan al máximo los poderes físicos (somáticos y fisiológicos) de auto conservación a costa de los demás seres contra el medio ambiente en general.

Anatómicamente, Sagitario rige los muslos, en consecuencia, durante este mes son convenientes las salidas a la montaña, cuya actividad de ascender y descender los pone a prueba, jugando un papel preponderante en la hiperventilación pulmonar (regida por Géminis, su opuesto en la rueda zodiacal). Es en el medio natural donde comenzamos a encontrarnos las escarchas, de aquí el nombre de Frimario en el calendario de la Revolución Francesa.


Uno de los mayores peligros que corren los nacidos en este signo son los que emanan de un exceso de actividad física y mental. El reposo del cuerpo y de la mente son las mejores medicinas que ayudarán a los nativos de este signo a conservar o recuperar la salud. Conservar la sangre con abundancia de hierro, evitar las drogas estimulantes, llevar una vida higiénica y compensar las fatigas con suficiente descanso, son las normas a seguir para conservar el cuerpo y la mente en perfectas condiciones. Los montañeros, corredores y saltadores son los que más se libran del aspecto degenerativo sometido por el sedentarismo.

Sagitario es gobernado por Júpiter, el mayor planeta del Sistema Solar, tradicionalmente asociado a la expansión, por lo que infringe en los sagitarianos unos deseos de libertad, quizá mayores que a los de cualquier otro signo. Ligado con el conocimiento, con los estudios superiores, enfoque filosófico y pensamientos especulativos, que conducen precisamente a esa ambición por alcanzar más cotas de libertad. Corresponde con el jueves. Su color del arco iris es el azul. Y su nota musical el Re, en clave de Sol.

Como el resto de signos, Sagitario no es bueno ni malo, sólo hay personas nativas en este mes que están más o menos evolucionadas. Está representado pictóricamente por un Centauro, por eso, en éste, más que en otros, hay claramente una diferenciación entre los que están más dominados por esa parte animal, inferior, de menor catadura moral, dados al juego, a la falta de respeto y hasta a la criminalidad. Sin embargo, los más influenciados por la parte superior, por la parte humana dirigen sus aspiraciones a terrenos más altos, más altruistas, son idealistas, guardadores de la ley y del orden, características con las que consiguen el respeto de la sociedad.

Le gusta explorar temas desconocidos, haciendo acopio de conocimientos, de los que hará buen uso en adelante. Un buen ejemplo de ello son los idiomas. Se pone objetivos en apariencia lejanos, y antes de alcanzarlos los habrá hecho avanzar. Necesita siempre tener algún desafío. Cuando se cansa, el buen sagitario, no descansa, cambia de ocupación. Sus trabajos preferidos son los relacionados con la enseñanza, la abogacía, intérprete de idiomas, agente de viajes, explorador, escritor, bibliotecario, deportista, en definitiva a cualquier actividad que le reporte esa expansión que necesita, y cuya necesidad le viene dada por su carácter jupiteriano.

                Así son ell@s, y así hay que quererlos. Bien amig@s, muchas felicidades a l@s Sagitarios, y que este tránsito os sea propicio a todos vosotr@s.


Imágenes extraídas de diversas WEB

martes, 20 de noviembre de 2012

Pico del Águila


IXOS MONS
Pico del Águila (1.972 m)
Martes, 19 de noviembre de 2012


            Otra espléndida mañana pasada en el monte. Que no nos eche en falta. Sobre todo. No salimos del valle. En su cabecera, de Canfranc Estación parte esta ascensión al pico del Águila (1.972 m), en la que somos testigos de cómo se va yendo el otoño, lentamente, sin prisa, como si el invierno no quisiera empujarle, y cuando eso ocurre, generalmente suele venir de repente, sin avisar. Veremos.

Cabaña de piedra con bóveda circular
            Ya habíamos estado en octubre del 95 y en agosto de 2002, así es que tocaba de nuevo. De las piscinas partimos en solitario, como el termómetro, con un grado. Nos adentramos en el bosque sobre las nueve y veinte de una mañana fresca, pero que promete, porque está serena, con una paleta de azules apenas sin ocupar por esas nubes altas que irán viniendo y que anunciarán cambios para dentro de 24/48 horas. Estamos, pues, en una tregua entre borrascas. Vamos a aprovecharla.

            Recientemente, el Ayuntamiento de Canfranc ha puesto en valor los caminos que entretejen el municipio, los dos núcleos del municipio, y sus montes. Unos más viejos que otros, aunque no lo parezca, porque todos los que guardan relación con la Estación Internacional mucho más del centenario no tienen. Fue a principio del siglo pasado cuando comenzaron las obras de acondicionamiento de un fondo de valle que, tras canalizar el joven río Aragón, fueron rellenando con los escombros del túnel ferroviario, ampliando de ese modo la superficie útil para la construcción del edificio de la estación y su entorno, que languidece como las vías, como el otoño que cada año los arropa.

Estación Internacional de Canfranc
            Cabecera de un valle profundo, de verticales paredes que tuvieron que ir domesticando para evitar en lo posible las grandes avalanchas de nieve que pusieran en peligro cualquier obra en su seno. Grandes defensas, barreras de protección, que llamaban la atención al considerarse enormes obras de la ingeniería civil de la época. Todo ello conllevó el diseño de caminos, cuyo zigzagueo va llenando de accesibilidad las laderas a ambos lados del valle, de un valle cuyo revestimiento forestal, a pesar de lo que pueda parecer, también es joven, relativamente joven, ya que su origen también formó parte de ese sistema de defensas al fijar con sus raíces la tierra al suelo.

            Más antiguo que todo ello son unas rústicas construcciones de piedra, integradas en esos paisajes de antaño anteriores a la reforestación. Estamos hablando de unas pequeñas casetas de piedra con bóveda circular, características de esta zona, y que también nos podemos encontrar con algún ejemplar restaurado, como es el caso nada más arrancar el camino.

Alfombrados caminos
            Monte arriba, pues, por camino alfombrado de viejas hojas que ya han cumplido su misión en las alturas y que ahora lo hacen en el suelo. Estamos subiendo por la margen izquierda del barranco de Estiviellas, que en tres puntos distintos hay miradores para contemplarlo, siendo el primero y el tercero, además, travesías para alcanzar la margen derecha, concretamente el camino que baja de los viveros de Secrás. Fuente del Burro, con sus generosas aguas. Y en menos de una hora llegamos a las ruinas de las casetas que servían de refugio a los obreros empleados en tan magnas obras.

            Se sale del frondoso bosque, y en consecuencia, del acolchado piso. Con más amplitud ya podemos ver ese sol que sin impedimento alguno nos da luz, calor y vida en esta extraordinaria mañana robada a estos días finales de Escorpio, que no hace honor al Brumario de la Revolución Francesa. Al otro lado del valle, enfrente, vemos la Moleta y su collado con el tupé nevado. Por encima de nosotros, los murallones de Estiviellas, orgullosos pero callados.

Paso del Sarrio
            En poco más de una hora llegamos a la base de la Cola de Caballo, que cuando hay abundancia de agua nos ofrece sus escorrentías con gran amplitud. El zigzag del camino nos sobrepone a su salto, y nos eleva a la Olla de Estiviellas (1.710 m), cruce de caminos, desde donde se puede realizar la circular bajando por los anteriormente mencionados viveros de Secrás, o seguir ascendiendo en dirección al Paso del Sarrio, o por el camino que seguimos, en dirección al collado, y que algo antes de llegar dejamos para tomar ya dirección a nuestro objetivo de hoy.

Roca cimera
            Estamos en torno a dos mil metros de altitud, y tenemos que hacer una travesía horizontal, en ligero descenso, por un terreno sin apenas camino trazado. El tener el collado del Águila a la vista te ayuda a ir directamente, pero sin camino evidente, y con el peligro añadido de la escarcha depositada en un suelo todavía a la sombra y con una pendiente considerable. Aunque nada de todo ello representa problema alguno a una cabaña de huidizos sarrios que merodean por el entorno.

            Llegamos al collado, que da vista a la cara norte, a Rioseta, de la que nos separa una más que empinada canal. Suelo con piedra muy descompuesta, pero con la anchura suficiente como para que lo andemos sin más complicaciones hasta alcanzar la base de la roca cimera, que nos va subiendo hasta que una agrupación de piedras te indican que estamos en la misma cumbre del pico del Águila (1.972 m), que por más que se aúpe no alcanza los dos mil metros, pero sabemos que no le importa porque no añadiría nada a la extraordinaria atalaya de la que hace gala.

Cima del Pico del Águila
            Estamos en el extremo NE de esta sierra que viene desde el Borreguil de la Cuca (2.097 m), y que hace de divisoria entre Estiviellas y Tortiellas, encima de Rioseta. La continuación de esta sierra nos lleva visualmente hacia los picos de Lecherín, el Sombrero, el Aspe… Al N, el paso del Pastor, encima del Monte Tobazo. En último horizonte, el Anie; más cerca el cordal de Arnousse, Benou, Belonseiche, Escalar y Moines, que cierran al norte el valle de Astún; y el de la Raca, Malacara y Canalroya, que lo hacen al sur. La propia Canalroya, sobre la que sobresale el Midi d’Ossau. El pico de Anayet y el vértice tampoco quieren faltar a la cita, y se asoman para disfrutar también de esta extraordinaria mañana. 

              Seguimos con el recuento. Las Negras, Canal de Izas, con su collado, y su campanal. Iserías, Moleta, Collarada. A nuestros pies, y aun a ochocientos metros por debajo, siguen siendo impresionantes las instalaciones de esa Estación Internacional, que lleva tantos años no siéndolo que los que lo fue, ya que fue inaugurada en 1928, y cerrado el tráfico al país vecino en 1970. Al sur, el valle del Aragón, por donde se va abriendo paso este río que como cualquier ser humano, de niño amamanta de dos pechos, en este caso dos ibones, el de Truchas y el de Ranas, o el de Astún y el del Escalar, para los más puristas. Se va abriendo paso, decimos, hasta el Campo de Jaca, dominado por la Peña Oroel, donde un brusco giro hacia el ocaso del día le lleva a amansarse en el pantano de Yesa, junto a tierras navarras.
Valle del Aragón y Canalroya

            Melenas verdes con penachos ocres. Azul del cielo con algún contrapunto ya nuboso. Rojizas las magmáticas tierras en redor de Anayet. Blancos flequillos que cuelgan de las cabezas rocosas. Y el sol, el sol por encima de todo ello. Estos son los ingredientes para este suculento plato que degustamos desde aquí, abstraídos de las estrecheces y de las miserias humanas, dando el verdadero culto en el verdadero templo.

            Pero tenemos que marchar, no hay más remedio. Volvemos sobre nuestros pasos. Bajamos al collado y emprendemos esa travesía, ahora en ligero ascenso, que nos llevará a tomar el camino que hemos abandonado para desviarnos hacia este magnífico pico. Aprovechamos el regreso para colocar algunos hitos de piedra y afianzar otros. Y sin más, a participar de esta borrachera de vueltas y revueltas, único modo de salvar los tremendos desniveles de estas laderas.

Muralla de Borau y Aspe
            Una vez llegados a la Olla de Estiviellas (1.710 m), en lugar de seguir por el camino de subida, optamos por descender por la margen contraria, por los antiguos viveros forestales de Secrás (1.580 m), por donde pasamos para continuar ya por el interior del bosque, hasta que cruzamos el barranco por la primera travesía, para volver al camino inicial y llegar de nuevo a las piscinas al cabo de algo más de cinco horas desde la partida, salvando unos 1.700 metros de desnivel acumulado.

            Bueno, pues qué decir que no se haya dicho ya. Para repetir.


El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/PicoDelAguila


domingo, 18 de noviembre de 2012

Ordesa al trote

ENTRENOS
Ordesa al trote. Soaso (1.750 m)
Sábado, 17 de noviembre de 2012



            No hace falta una motivación especial para visitar el Valle de Ordesa. No, no hace falta. Aunque la mañana esté gris, ante la duda hay que echarse al monte. Luego ya se irá viendo, pero de momento hay que vencer esa pereza que te da ver el monte a través de los cristales de tu casa, cuando ves muchas nubes y pocos claros, muy pocos claros. Y ninguno por donde piensas ir.

            Pues para allá que nos vamos, con el amigo Julio, al que hemos hecho cómplice para pasar esta mañana trotando por esos montes, para pasar esta mañana distinta.

Entrada en Ordesa
            Ordesa nos recibe, Ordesa nos acoge, con unos colores ya un tanto vahídos, con un otoño que va diciendo adiós, que muy a gusto se quedaría más tiempo entre nosotros, pero el invierno le empuja, por estas alturas viene de repente, casi sin avisar, y todo lo enlentece, todo lo acalla, todo lo repliega hacia el interior de los seres, y el ser humano no debe ser ajeno a todo ello, es tiempo de mirar más para adentro que para afuera, de reponer todas las energías gastadas en la expansión producida en el buen tiempo.

            Pero bueno, vamos a lo nuestro. Nueve y media de la mañana, nublado y con brumas, seis grados de temperatura, y con un alto nivel de humedad en el ambiente, son las coordenadas para comenzar esta mañana. Y lo hacemos trotando, como queriendo abrir nuestros pulmones a tanta y tanta energía que hay en el ambiente y con la que queremos renovar la nuestra, de los pies a la cabeza. Arrancamos cruzando el puente para asirnos a la margen izquierda del Arazas, por entre charcos todavía helados.

Ambiente otoñal
            El Tozal del Mallo nos ve salir y adentrarnos en el bosque, que poco a poco se va despojando de su vestimenta de la temporada verano otoño. Vamos por el camino habilitado para minusválidos, hasta que se termina, en un mirador justo enfrente del barranco de Cotatuero, que entre Gallinero y Fraucata nos ofrece sus profundidades. Seguimos por la pista, hasta que alcanzamos el puente Arripas, que nos cambia de margen, y visitamos las cascadas de la Cueva y Estrecho, para salir de nuevo a la pista, que nos sigue meciendo hasta que nos saca del bosque y nos deja al pie de las Gradas de Soaso, que tenemos que superar para situarnos ya en la misma entrada del circo, con una apariencia más desértica, pero que recoge el caudal de la Cola de Caballo, que baja del circo de Góriz.

Torre de Góriz, terminando de subir
las Gradas de Soaso
            Nada más terminar de subir las gradas, se tendrían que abrir ya a nuestra vista las Tres Sorores, pero están en las nubes, han colgado el cartel de “… lo siento, en estos momentos no podemos atenderle, vuelva Vd. mañana…”. Pero el que sí nos recibe, visualmente, es su embajador, el portero de la finca, esa Torre de Góriz o Morrón de Arrablo, que de los dos dominios participa. Recuerdos para sus próceres le dejamos.

En la Cola de Caballo
            Finalmente llegamos al fondo del circo, a los mismísimos pies de la Cola de Caballo. De la foto se encargan una pareja de madrileños, que van camino de Góriz, con idea de hacer mañana el Perdido. Me parece que va a ser que no, les decimos desde el cariño. Bueno, no hay mucho tiempo que perder, empieza a llover, y queremos entrar en el bosque antes de que esto vaya a mayores… que finalmente va y no hemos llegado al bosque…

            Pues nada, poco más, desandar lo andado hasta el cruce con Arripas, porque bajamos por la pista sin abandonar el margen derecho, hasta llegar de nuevo a la pradera. Tres horas y media de trote suave, al menos para subir, parando a hacer fotos, para salvar los novecientos metros de desnivel acumulado y los en torno a quince kilómetros de recorrido. Bueno, pues bien, no? Para repetir.


El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/OrdesaAlTroteCircoDeSoaso




lunes, 12 de noviembre de 2012

Soum de la Hourquette de Larry

IXOS MONS
Soum de la Hourquette de Larry (2.208 m)
Sábado, 10 de noviembre de 2012



            Hoy salimos con una ocurrencia de Juan, ocurrencia que hay que atender, porque seguro que merecerá la pena. Nos habla del mundo Larry, en los montes de Urdos, una pequeña población de la región francesa de Aquitania, Dpto. de los Pirineos Atlánticos. Para entendernos, el primer pueblo galo que nos encontramos pasando la frontera, bien por el Somport, bien por su túnel.

Arranque de la jornada
            Vamos también con Julio, a recoger a Marie Pascal en Urdos, y nos ponemos en marcha. Como entre uno y dos kilómetros en dirección a España, se toma a la izquierda una pista asfaltada, en cuyo arranque nos encontramos un cartel con la indicación a Gouetsoule. En dos o tres lazadas, en las que salvamos unos 460 metros de desnivel, dejamos el coche. Son las nueve de la mañana, y partimos pues de 1.220 metros de altitud, junto al barranco de Larry, por cuya margen izquierda comenzamos la subida, vestidos ya de bosque, de un bosque que poco a poco se desnuda ante nosotros. Justo es que hagamos lo mismo con él, que nos despojemos de todas nuestras viejas indumentarias, de todas nuestras costradas capas para sensibilizarnos ante tanta y tanta belleza que nos ofrece. La mañana, típicamente otoñal, con brumas saliendo de los montes como calmadas fumarolas que van pintando grises destellos en la paleta del espacio. Estamos en Escorpio, y no olvidemos que el Calendario de la Revolución Francesa este mes lo denomina Brumario.

El valle de Aspe luce sus mejores
galas otoñales
            Bien, seguimos al tajito. Al cuarto de hora, una pequeña palanca nos traspasa a la otra margen, y entre claros vamos ascendiendo sin perder de vista esas aguas que se precipitan con prisas barranco abajo. Un poco más y el cruce de un camino que viene directamente desde Urdos. Seguimos. A la hora y cuarto, aunque la cartelería marca dos horas, estamos ya muy próximos al refugio. Otra palanca nos vuelve a cruzar de margen. Es un plató en el que primero te encuentras con unas cabañas de pastores, y encima de ellas está el refugio de Larry (1.760 m), una cabaña que, como las buenas personas, lo mejor está en su interior. Un verdadero lujo para un refugio de montaña libre. Echamos un bocado y repasamos el mapa.

Refugio de Larry
            Justo enfrente del refugio un cartel del PNP (Parc National des Pyrénées) nos indica el camino para el Col d’Ayous (1h 30’) a la izquierda, y el de Peyrenère (2 h 15’) a la derecha.  Ante nosotros, al N, el monte que queremos abordar, el Soum de la Hourquette de Larry (2.208 m), al que daremos alcance a través del Col de la Hourquette (2.055 m). Casi trescientos metros de desnivel desde el refugio, que los hacemos en poco más de media hora, y habiendo pasado antes por la antecima E, que nos deja en otro pequeño collado y nos permite subir ya a nuestro objetivo de hoy. Las fuertes rachas de viento no impiden que disfrutemos de las vistas que se nos abren. A nuestros pies, al N, el barranco de St. Cours, que surge de un bello circo y baja hacia el NW, pero que cuando se hace mayor da un brusco giro claramente hacia el W y se hace llamar el Chemin de la Mature, que eso ya nos suena más.

El Midi d'Ossau se asoma entre las nubes
            Hacia el E, tenemos el cordal del Pic de Larry (2.337 m), en cuya vertiente contraria a la que divisamos se forma el Circo d’Ayous, con sus hermosos ojos formados por los lagos del mismo nombre. Este macizo impide que veamos todo el esplendor del Midi d’Ossau, pero como nos ha visto llegar por aquí, se aúpa para enseñarnos sus coronas nevadas, para vernos con esa luz lánguida de otoño, pero que es suficiente para poner en contacto nuestras miradas con estos bellos paisajes. Al N, en lontananza, la Cuenca de Aquitania, al S la cordillera pirenaica, ese istmo que la península compartida con los hermanos lusitanos une al resto del continente.

            Otoño, mucho otoño que su efímero manto trae arrastras a ese invierno que parece tener prisa por llegar. Todas estas, y otras reflexiones, se mecen en nuestra cabeza cuando iniciamos ya el descenso, que hacemos sin cuartel bajando de tiro hacia el refugio, en donde volvemos a hacer otro alto, esta vez para echar un bocado y contemplar, soleados todavía, un marrón que se avecina por el valle del Aspe, y que a buen seguro nos va a hacer partícipes bajando.

Espléndido otoño en Larry
            Efectivamente, esa especial luz que pone el sol no nos engañaba, entre nosotros que bajamos, y los nubarrones que suben, pronto nos encontramos, y lo hacemos ya habiendo entrado en el bosque, de modo que mientras no se empapen las hojas nos van protegiendo, aunque el último tramo ya es espectacular cómo cae el agua llegando al coche.

            Nos despedimos de Marie Pascal y de vuelta a nuestro valle. Casi cuatro horas y media en el monte, para salvar los casi dos mil metros de desnivel acumulado, en una mañana puramente otoñal, escorando a invernal, que hemos llenado con buena compañía, en buen entorno y con bellos paisajes.


El reportaje completo de fotos, en:
https://picasaweb.google.com/chematapia/SoumDeLaHourquetteDeLarry





jueves, 8 de noviembre de 2012

José Ramón Morandeira

José Ramón Morandeira
Médico y Montañero
Domingo, 4 de noviembre de 2012

          Desde la oportunidad que me da este medio de comunicación, me quiero unir a esa enorme oleada de expresiones de hondo pesar por el fallecimiento del Dr. D. José Ramón Morandeira. 

              Su apellido no esconde sus orígenes gallegos, pero acogido en nuestra tierra desde la más tierna infancia, pronto se dedicó a sus dos grandes pasiones, la medicina y la montaña. Ha sido persona de recio carácter y controvertidas declaraciones, pero de indudable valor humano y excepcional capacidad de trabajo, teniendo cargos de responsabilidad en numerosas instituciones. 

             Considerado el padre de la medicina de montaña aragonesa, y una de las máximas figuras a nivel nacional e internacional, especialmente en cuidados relacionados con las congelaciones, para lo que creó una unidad para su tratamiento en el Hospital Clínico de Zaragoza.

          Otro de sus mayores logros fue la creación de un sistema de rescate en montaña medicalizado en Aragón, que recayó en la Guardia Civil, y que tan buena labor hacen diariamente en nuestras montañas. Asociado a ello, vio imprescindible la preparación, tanto teórica como sobre el terreno, necesaria del personal que fuera a realizar los rescates, creando a tal fin el Máster Universitario de Especialización en Medicina de Urgencia en Montaña.

         Su gran experiencia en montaña y su pasión por compartirla, le han hecho gran divulgador de este mundo insustituible, en el que todos nos enfrentamos con nuestros propios límites, en el que no valen las hipocresías y las falsedades, los paños calientes ni las conductas egoístas, sólo la entrega, el esfuerzo y el máximo sacrificio son palabras que entiende ésta nuestra amiga, ésta nuestra madre, ésta nuestra esposa, que es la montaña. Y así lo entendió José Ramón, gran amigo, gran amante de la montaña y gran preclaro de sus riesgos.

              Precisamente, en el ejercicio de una de las actividades que más gustaba realizar, tras una conferencia en el European Mountaineering Meeting, celebrado en Viella el pasado fin de semana, se sintió mal y falleció a las pocas horas. Tenía 67 años, y desde los 23 estuvo dedicado a la medicina, y mucho antes a la montaña, uniendo esos dos sagrados y vastos campos de acción. Ha dejado truncados varios proyectos en marcha y otros tantos en mente, y para los que tiene su compañera en los últimos años, la Dra. Dª María Antonia Nerín, como valedora e impulsora. 

              Tremendamente defensor de los valores de la montaña y de los montañeses, también se introdujo en el ámbito solidario, creando la ONG Pasang Lhamu Fundación de Montañismo, para la ayuda sanitaria al pueblo montañés de Nepal.

           Desde aquí, nuestro más sincero pésame a sus allegados y los máximos y mejores deseos para la continuidad de su obra.

De todo lo que hemos leído de él, nos quedamos con esto:

“Como médicos nuestra obligación es salvar vidas. Como socorristas ayudar a hacerlo. Como individuos proteger la Naturaleza y solidarizarnos con nuestros conciudadanos. Como montañeros defender la montaña y acudir en auxilio de nuestros compañeros de afición o de cordada”




A continuación, unas notas de prensa en las que se da fe de lo que de modo tosco y resumido ha sido objeto de nuestra entrada en el blog.

Curriculum de la Universidad de Zaragoza

Declaraciones de JR Morandeira en el Foro Ibercaja en noviembre 2011

Luis Masgrau, Presidente de la Federación Aragonesa de Montaña

Editorial en Noticias FEDME

Darío Rodríguez, en Desnivel

María Antonia Nerín, en Desnivel

Alberto Ayora, en Desnivel

Fernando Rivero, en Desnivel

Manuel Español, en Desnivel

Despedida en Heraldo de Aragón
http://www.heraldo.es/noticias/deportes/mas_deportes/2012/11/06/emotiva_despedida_doctor_jose_ramon_morandeira_210778_1101034.html

Vídeo del EMMeet
http://desnivel.com/cultura/video-del-emmeet-celebrado-en-el-valle-de-aran-20012


Fotografías extraídas de diversas Web.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Maz... y más

IXOS MONS
Maz (1.945 m)... y más
Sábado, 3 de noviembre de 2012



            Otro día que amanece que si sí, que si no en lo meteorológico. Me gusta este “oficio”, porque siempre hay que estar mirando al cielo, y en todos los sentidos. Nos agarramos al sí, y aunque un poco tarde ya, salimos de casa en dirección a una de las mayores extensiones de hayedos de nuestro territorio, nos dirigimos a la cabecera del Valle de Ansó. Lo que en principio era ir a saludar a los amigos del refugio de Linza, y de paso ver, saborear, sentir, vivir el otoño de estos bosques, ha sido también todo eso pero desde las alturas, porque claro, venir hasta aquí y no subir algo, mientras el tiempo no lo impida, es cosa que no debemos permitirnos.

Ansó (foto de la web casaturismorural)
            La imponente vista de la enorme iglesia de San Pedro, de incierto origen entre religioso y defensivo, nos dice que hemos llegado a esta milenaria villa de Ansó, situada en el cauce medio del río Veral, y que con sus 223 Km2 de extensión es el municipio más amplio, con un solo núcleo de población, no sólo de la Jacetania, sino de todo el Pirineo aragonés, y que ha sido el resultado de diversos privilegios otorgados por algunos reyes de Aragón en la antigüedad.

Bosque de Zuriza
A lo largo de los más de 14 Km de estrecha carretera hasta Zuriza, se nos van echando encima esa multiplicidad de tonalidades ocres, marrones, rojizos, colores de ocaso, de decadencia, pero bellos. Es el grito de un moribundo como queriendo llamar la atención antes de partir hacia su invierno. Y eso es lo que consigue, llamar toda nuestra atención. Zuriza, Taxeras, Gamueta, Linza. Apabullante, realmente apabullante.

Zuriza, que alberga un complejo de camping, y que otrora, al ser zona fronteriza, fue sede de un edificio de carabineros, y que ya en desuso sirvió de albergue en campamentos juveniles en los bajos setenta, con hordas de adolescentes echando por aquí alguna semana de estío. Recuerdos de brutales tormentas con feroces vientos, de retorcidos mástiles de tiendas de campaña, de noches enteras con ellos al calor de la chimenea para enderezarlos. Recuerdos.

Refugio de Linza
            Llegamos a Linza. Abrazos con Beni, el guarda del refugio, que emocionado me dice que hace unos días le han rendido homenaje a Miguel, ese miguelón que tras debatirse entre una y otra vida durante varios meses, finalmente nos ha dejado en este lado para ir en busca de nuevos horizontes. Luego volveremos sobre ello.

Mientras tanto, algo habrá que hacer hasta la hora de comer. Si subes por Aragón, llegas al Maz (1.945 m), y si lo haces por Navarra llegas al Txamantxoia, pero no hay que volverse esquizofrénico, que los montes no lo son, y desde su cima no hay límites entre los valles, no hay límites entre los montes, no hay límites entre el cielo, no hay límites entre las nubes. Sólo los hay en las cabecicas del ser humano, única especie en el mundo y en la historia capaz de poner esos límites, capaz de poner esos nombres, y en ocasiones hasta distintos para llamar a lo mismo.

Subiendo al Maz
El camino que vemos en cualquier guía parte de la carretera, antes de llegar al refugio, por un lugar llamado Rincón de Maz, pero desde aquí, desde el mismo refugio, también hay ruta, y más corta, que se toma bajando unas decenas de metros hasta dar con un barranco a mano derecha, generalmente seco, por cuya margen izquierda comenzamos la subida, por entre alguna vaca todavía, para entrar en pocos metros en el bosque. Una entrada sobrecogedora. Se nos antoja el verdadero culto en el verdadero templo. Si no fuera porque necesitamos la respiración, y mucho, en esta primera empinada cuesta, se nos cortaría al sentirnos engullidos por tanto ser vivo, centenario, cuyas hojas han dejado de serles útiles en las alturas y ahora lo hacen de otro modo, alfombrando el suelo y protegiéndolo de los rigores del invierno, descomponiéndose y formando parte del humus necesario para que no cese la rueda de la vida. ¡Cuánto que admirar! ¡Cuánto que aprender!

Camino por el bosque
Esta cumbre, desde Belagoa, tiene la apariencia de una alargada loma, sin embargo, desde Linza muestra su lado menos amable, es una pirámide rocosa que quiere ya competir con tantos y tantos montes ansotanos, agrestes, duros, enhiestos, que marcan la llegada al Pirineo Central desde que sale del Cantábrico casi de rodillas. Por aquí se empieza a poner de pie. Sí, de pie.

Tres cuartos de hora de éxtasis total. Solo por el bosque, no se ve un alma, pero se presienten, se intuyen. La cima ya nos ha captado visualmente, y lo sigue haciendo cada vez que un claro se lo permite. No hay un collado muy delimitado, pero tiene su nombre, Artaparreta (1.552 m). Cuando dejas de estar acompañado de arbolado comienza una loma rocosa, algo incómoda, y que ya va dando vista al Rincón de Belagoa, Piedra de San Martín. Otro cuarto de hora más y el camino gira bruscamente hacia el N, para acometer el asalto cimero por esa vertiente. Un camino nada cómodo, muy empinado y con piedra muy suelta, pero que nos ofrece toda su recompensa al llegar a la cumbre, de aspecto inesperado, al menos subiendo por este lado. Se trata de una loma herbosa, suave y dulce hacia Belagoa, pero arisca y bruta hacia Linza. ¿Quizá por envidia? ¿Quizá porque por más que se aúpe no llega a los dos mil metros? Quizá.

Bosque de hayas
El bosque está compuesto por seres vivos, por muchos seres vivos individuales, pero en sí mismo también es un ente, un colectivo que resguarda, que protege, y lo ha hecho del viento, porque al dejarlo atrás nos ha soplado con fiereza. No le basta con agarrar fuertemente esas nubes bajas a los Alanos, no, también llega hasta aquí, anunciándonos, además, que la tarde no va a ser mejor, así es que, a no entretenerse demasiado.

Alanos y Ezkaurre
La cumbre del Maz (1.945 m), que alberga la muga con Navarra, un vértice geodésico, y un par de símbolos cimeros, nos ofrece unas vistas excepcionales en cada uno de los 360º de horizonte. Al menos en corto, porque los bajos nublados también quieren salir en la foto. Linza, con su barranco de Petrechema que arranca en el collado del mismo nombre y que da paso al mundo Ansabère. Gamueta; Zuriza, sus guardianes Ezkaurre y Alanos; Belagoa, en toda su extensión; y todo el resto de montes fronterizos, unos con Navarra, otros con Francia, Mesa de los Tres Reyes, Petrechema, Sobarcal, Acherito y tantos y tantos más que reconocemos y que no, la mayoría con hayedos en sus faldas, y que nos ofrecen un espectáculo único en el calendario anual.

Hayedo en el barranco de Petrechema
Lo que también reconocemos es la atmósfera, cargada de amenazantes nubarrones y que tenemos que ir dejando atrás sin más dilación. De modo que aquí se queda esta cumbre con su privilegiada atalaya, que hay que ir tomando el camino de descenso, que si el de subida desde la loma ha sido delicado, el de bajada no lo es menos. Pues sin más, en un momento nos metemos de nuevo en el bosque, a disfrutar de él mientras dura, que es media hora, para salir al mismo sitio de la entrada. Y al refugio, que aún aprovechamos un rato para adentrarnos por el barranco de Petrechema y su hayedo, para completar esas ganicas de comer, que son y abundantes.

Con Miguel
Comida y sobremesa con Beni, Ana y Alberto. Fotos en el lugar del homenaje a Miguel, junto a un árbol que han plantado, para que su semilla siga fructificando en un Linza que, muchos años con él, ahora lo echa en falta. Finalmente abandonamos este bello rincón del Pirineo, integrado en el recientemente declarado Parque Natural de los Valles Occidentales, en un intento de preservar toda su belleza natural.

Como resumen de la actividad, podemos decir que poco más de dos horas para cubrir los mil doscientos metros de desnivel acumulado, en una mañana de lujo, plagada de emociones y de recuerdos.


El reportaje completo de fotos, en: